
Tirar de la lengua
FUTUROS IMPERFECTOS
Felipe González es tal vez el líder político de España con mayor peso de los pasados cincuenta años, puesto que transformó la nación íntegramente, la puso al día y la incorporó a Europa. Tres decenios después, rehúsa convertirse en un simple pasaje de la crónica de España y nota la urgencia de continuar siendo un referente. Por ello, aunque su momento ya transcurrió, no se contenta con ser una nota suelta, sino que anhela ser una obra integral. Y mantiene su brillantez, aunque a veces se comporte de manera arbitraria.

Anteayer, en el Ateneo de Madrid, frente a tres periodistas destacados, elevó un nivel sus críticas hacia Pedro Sánchez. Sostuvo que el presidente es “el puto amo” (según la definición de Óscar Puente) como Donald Trump, pues privilegian siervos sobre ciudadanos libres, que no existen alternativas de liderazgo a Sánchez porque su estilo impide su surgimiento, que España no funciona con la coalición actual, que no podría votar por Feijóo porque su propuesta se reduce a desalojar a Sánchez y que en las próximas elecciones emitirá su voto en blanco.
González equipara a Sánchez con Trump, a la vez que comunica su decisión de votar en blanco.
González no siente simpatía por Sánchez, quien probablemente debió prestarle mayor atención, aunque ciertos reproches lanzados en el Ateneo resultan aplicables a su propia trayectoria pasada. Se conmemoran actualmente tres décadas de aquella contienda electoral donde resultó derrotado, una carrera que inició con escaso entusiasmo y una desventaja de 14 puntos, pero que según Rubalcaba, estuvo a punto de remontar por un margen mínimo. Durante esa época acompañé al aspirante socialista: se mostraba afectado por las ofensivas del PP vinculadas a la corrupción, la judicialización de la política, los cuestionamientos a su legitimidad y la tensión generada por los sectores conservadores. Una situación bastante similar a la que Sánchez debe enfrentar hoy en día. La pieza audiovisual que abría los actos del PSOE empleaba la imagen de un dóberman para simbolizar a la derecha española. Asimismo, la forma de actuar de González dificultó la renovación de los cuadros directivos dentro de la formación.
Gabriel García Márquez decía que no se deben escribir memorias, pues sus autores, al hacerlo, ya no recuerdan nada. El expresidente parece haber olvidado su último período en el cargo. Titulé mi artículo sobre el resultado del 3-M de 1996 con una frase del estoico Zenón: “Un óptimo naufragio”. Con los votos en blanco habría alcanzado el destino.
