
Epstein y el rencor
Como emoción, el rencor necesita un rebranding. Venderlo como “memoria larga” o “afán de justicia restaurativa”. Si musculásemos más y mejor la práctica rencorosa, estaríamos, por ejemplo, acordándonos ahora de todos los artículos, novelas, estudios y cartas públicas que tacharon el #MeToo de “caza de brujas”, atentado a la presunción de inocencia y afronta a la convivencia.

El rencor bien ejercitado sirve, por ejemplo, para volver a leer la Carta sobre la justicia y el debate abierto, que decenas de intelectuales firmaron en la revista Harper’s en julio del 2020. Allí se mostraban muy preocupados por el avance de la cultura de la cancelación, que percibían como una masa censora. “Despiden a los editores por publicar artículos controvertidos; retiran libros por supuesta no autenticidad, prohíben a los periodistas escribir sobre ciertos temas, investigan a los profesores por citar piezas literarias, un investigador ha sido despedido por hacer circular un estudio académico”. Era, para ellos, el acabose.
Los archivos de Jeffrey Epstein, ahora en manos de la comunidad estadounidense, revelan cómo él y otros protegieron a figuras poderosas, incluyendo a quien hoy ocupa el cargo más alto del país.
Noam Chomsky y Steven Pinker, a quienes vemos ahora con otra luz tras haber leído los mails que se intercambiaban con Jeffrey Epstein, estaban entre los firmantes. A Chomsky, de hecho, le gustaba hablar de estos mismos temas con el billonario pedófilo y violador en serie. Cuando el Miami Herald empezó a publicar informaciones sobre la sórdida isla de Espstein (¡caza de brujas!), este pidió consejo a su amigo Noam, como lo llama en los e-mails, y el emérito lingüista le contestó maldiciendo la “histeria en torno al abuso de mujeres”.
El propio Epstein, siempre atento a su estatus dentro de la comunidad, se dio cuenta de que el #MeToo le estaba beneficiando indirectamente, porque de pronto todos sus poderosos corresponsales temían porque les saliese algo. Él mismo se lo comentó a un empresario japonés: “Con todos estos tipos a los que están pillando por acoso, he ascendido en la escala de reputación, cada día me piden consejo”. Es cierto, los archivos de Esptein se leen también como una red de solidaridad de violadores en apuros y sus allegados. En uno de ellos, Soon Yi Previn, la esposa de Woody Allen, comenta con el empresario lo que le ha pasado al pobre Bill Cosby (más de sesenta mujeres le acusaron de violaciones inducidas por droga).
Conviene volver a leer todos esos artículos afligidísimos por los excesos del “feminismo vengativo” y verlos como lo que eran: gritos de auxilio de gente asustada.
