Opinión

Trump preside su Junta de Paz

Ayer tuvo lugar en Washington la primera reunión de la Junta de Paz creada por el presidente Donald Trump. Se trata de un organismo concebido en principio para pilotar y consolidar la pacificación y reconstrucción de Gaza en la posguerra, pero no solo se va a dedicar a eso, ya que pretende ir mucho más allá.

Cuarenta y ocho países –entre miembros y observadores– forman parte de este organismo presidido de manera vitalicia por Trump, quien tendrá la última palabra en todas las decisiones. Se trata de una entidad creada a la carta por la propia Casa Blanca. Las reglas son muy claras: Donald Trump tiene el derecho de veto, de fijar la agenda y de destituir a los miembros. Los estados participantes tienen un mandato de tres años, a menos que aporten mil millones de dólares cada uno para financiar las actividades y poder ser miembro permanente.

Destaca la gran presencia de los grandes aliados de Washington en Oriente Medio y Asia, países muchos de ellos dirigidos por dictadores o líderes autoritarios. En cambio, solo dos países de la Unión Europea, Hungría y Bulgaria, se han adherido. De hecho, los mayores aliados occidentales de EE.UU., así como las principales potencias del Sur Global, como India, Sudáfrica, Brasil y México, no han aceptado la oferta de unirse. Es una coalición de socios estratégicos de Washington, economías emergentes y algunos actores regionales clave, acompañados por un círculo limitado de observadores europeos, entre ellos Italia.

Las peculiares características de esta Junta han hecho que reciba críticas de los países que defienden el multilateralismo y que ven en ella un desafío y un torpedo en la línea de flotación de las Naciones Unidas, ya que pretende abordar conflictos del mundo que hasta ahora han sido debatidos en el seno de la ONU, organización que podría quedar aún más debilitada.

El nuevo ente del presidente para Gaza planea expand

Unas Naciones Unidas cuyo Consejo de Seguridad aprobó en noviembre una resolución redactada por EE.UU. Que reconoce a la Junta como una administración transitoria y temporal “que establecerá el marco y coordinará la financiación para la reurbanización de Gaza” y la autorizaba a desplegar una Fuerza Internacional de Estabilización temporal, limitando su alcance solo a Gaza y hasta el 2027. Es decir, en la práctica, la Junta de Paz es una estructura híbrida: legitimidad multilateral formal, pero con una arquitectura política diseñada y dirigida desde Washington.

Irónicamente, con la vista puesta en Irán –a quien Trump dio ayer diez días para evitar un ataque–, apenas se habla del plan de paz para Gaza y de su implementación. La segunda fase debía haber comenzado, pero aún no se ha producido ningún paso previsto en ella, como el desarme de la milicia de Hamas –que exige antes un alto el fuego total– y la retirada del ejército israelí. En cambio, se mantiene el trágico goteo diario de víctimas civiles palestinas en la franja.

Más allá de Gaza, donde sí tiene el paraguas de la ONU, queda por ver qué autoridad legal o herramientas de ejecución, si las hay, tendrá la Junta, y cómo trabajará con la ONU. Ayer, Trump afirmó que la ONU tiene un gran potencial, pero no lo ha ejercido. Se mostró dispuesto a colaborar con la organización, pero afirmó que esta será más fuerte si está la Junta de Paz. “La ONU necesita ayuda para ser viable”, dijo. “La Junta de Paz –insistió– prácticamente supervisará a la ONU en el futuro para asegurarse de que funcione correctamente”. Trump busca un liderazgo en la toma de decisiones en escenarios de conflicto, sean los que sean y estén donde estén.

Anunció que EE.UU. Contribuirá a su Junta con 10.000 millones de dólares, sin especificar a qué irán destinados, y el compromiso de los países participantes de otros 7.000 millones en ayuda humanitaria y reconstrucción. Se debatió también el fondo estructurado para la reconstrucción y cómo se harán los desembolsos. Para todo ello será necesaria una gran coordinación con Israel, que controla los accesos y el espacio aéreo. Cinco estados, entre ellos Indonesia, el país con mayor población musulmana del mundo, se han comprometido a enviar tropas para la fuerza de pacificación. Son, todos ellos, factores determinantes para que los compromisos no queden en meras declaraciones. También se oficializó la directiva de la Junta, miembros de toda confianza de Trump.

Draft 2:* Según el republicano,

A partir de ahora la legitimidad de esta Junta dependerá de tres factores clave: el respeto efectivo del alto el fuego en Gaza, la inclusión política real de los palestinos y la sintonía con el marco jurídico internacional. La reunión de ayer muestra también la divergencia de visiones sobre cómo debe gestionarse la paz en Gaza y qué instituciones deben liderar ese proceso. La Junta de Trump es un claro desafío a la ONU.

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