Opinión

Un ataque para derribar el régimen de Irán

El presidente Trump no ha esperado a que finalizara el ultimátum de diez días –expiraba hoy domingo– que él mismo había dado a Irán para ordenar un ataque naval y aéreo, no por esperado menos trascendental, contra el país de los ayatolás. Junto con Israel, Estados Unidos lanzó ayer una ofensiva preparada desde hace semanas contra objetivos e instalaciones en diversas ciudades iraníes, un ataque que no es limitado y que todo indica que durará varios días y que podría desembocar en una guerra regional de consecuencias imprevisibles, más allá de la operación quirúrgica que supuso la llamada guerra de los Doce Días de junio del año pasado.

La falta de progresos –según EE.UU.– en las negociaciones de Ginebra y que muchos países cerraran sus legaciones en Teherán ya hacían prever una acción militar inminente. El ataque se ha producido horas después de que la Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) acusara a Irán de enriquecer uranio en secreto en instalaciones que Estados Unidos e Israel ya atacaron en el 2025, en especial en Isfahán.

En una primera declaración, Trump, que ha actuado sin amparo legal argumentando una acción militar preventiva, habló ayer de “amenazas inminentes” contra EE.UU., que es la base, como decíamos, para legitimar un ataque preventivo para protegerse, ya que no ha solicitado autorización al Congreso para esta guerra. El presidente pidió a la población iraní que esté lista para “tomar el control de su destino”, aunque hacer caer un régimen solo con ataques aéreos, sin poner tropas sobre el terreno, es muy difícil. El premier israelí, Beniamin Netanyahu, se sumó a Trump llamando también al “valiente pueblo iraní a eliminar la amenaza existencial” que representa el régimen de los ayatolás. Por su parte, Reza Pahlevi, el heredero del sha iraní depuesto en 1979 por la revolución islámica, aplaudió la que calificó de “intervención humanitaria” de Estados Unidos.

Trump y Netanyahu animan a los iraníes a levantarse y poner fin al Gobierno de los ayatolás

La previsible respuesta iraní tomó cuerpo en forma de lanzamiento de varias oleadas de drones y misiles balísticos contra territorio de Israel, obligando a activar las defensas antiaéreas. El país ha movilizado a 70.000 reservistas y se halla en estado de emergencia. Irán también ha lanzado misiles contra bases de EE.UU. En Kuwait, Arabia Saudí, Qatar, Emiratos y Bahréin, donde se halla el cuartel general de la Quinta Flota estadounidense. Si estos países se consideraran directamente agredidos y optaran por responder, la escalada bélica en la región podría ser máxima.

Israel y Estados Unidos dieron por muerto al líder supremo iraní, Ali Jamenei, tras ser destruida su residencia al ser un objetivo directo del ataque, mientras que el presidente del país Masud Pezeshkian se halla en paradero desconocido. El ministro de Defensa también habría fallecido, y la Media Luna Roja informó ayer de más de 200 muertos y 700 heridos debido a los bombardeos, entre ellos el de una escuela en el sur de Irán. Es difícil saber la capacidad de respuesta real de Irán y cuánto tiempo podrá mantenerla, pero sin duda Teherán dispone de capacidades para poder golpear objetivos en la región.

El poder iraní se halla en una situación interna de debilidad tras las últimas protestas duramente reprimidas con miles de muertos. El país está fracturado y el régimen, acorralado, pero una vez más la gran víctima es la población civil, doblemente castigada: por sus propios gobernantes represores y por una agresión militar exterior. También habrá que ver la respuesta de los aliados regionales de Irán. Tanto el Hizbulah libanés como los hutíes de Yemen anunciaron que responderían en apoyo a Teherán si era atacado, y es posible que así acabe ocurriendo pese a estar en una posición mucho más débil.

Teherán responde lanzando misiles contra Israel y bases de EE.UU. En países del Golfo

La gran pregunta ante este ataque es si su objetivo final es conseguir la caída del régimen de los ayatolás, más allá de acabar con su programa nuclear y con el desarrollo de sus misiles balísticos, y debilitar a los proxis regionales de Irán. Todo indica que sí, ya que tanto Trump como Netanyahu han dejado claro que otro de sus objetivos es decapitar la cúpula teocrática persa, aunque de hecho a ambos no les mueve tanto lograr que la democracia vuelva a Irán como controlar un país debilitado.

El ataque israelo-estadounidense y la represalia iraní agravan la incertidumbre y la desestabilización sobre toda la región, a la espera de si se produce una respuesta de los países del Golfo aliados de EE.UU. Y de las consecuencias que esta nueva crisis pueda tener en el precio del petróleo si Irán cierra el estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del crudo que el mundo consume, cosa que estaría sopesando. Está en juego redibujar el mapa de Oriente Medio y la seguridad en la zona según los intereses de Washington con el apoyo de un Israel fortalecido tras la guerra de Gaza, lo que le permitiría tener el control de la región.