
González votará en blanco
Felipe González se ha desmarcado de esa corriente de socialistas históricos que votaría al mismísimo Franco si ello fuera necesario para cargarse a Sánchez: el expresidente va a votar en blanco.
González fue un presidente modernizador en lo económico. Y además ha adquirido poso con el tiempo, como los buenos vinos. Excepto cuando pierde el temple, tiene una visión global –quizás no 100% actual, pues tiende a infravalorar el efecto de las nuevas tecnologías en la geopolítica– que ya quisieran para sí los ministros y hasta el presidente del Gobierno. Eso, por no mencionar que él solito podría brindar al país más contactos en América Latina que todo el Ministerio de Exteriores junto (si el cerril ministro del ramo tuviera a bien pedírselo).

Pero lo que nunca le hemos visto hacer a Felipe González es sincerarse constructivamente sobre su papel coprotagonista en la creación de un sistema político consentidor de los abusos de poder. Un sistema que ha llevado al país a la parálisis y que está empujando a muchos españoles a cuestionar la propia democracia. González dio el pistoletazo de salida a la colonización política de las instituciones: su Ley Orgánica del Poder Judicial del 85 hizo que el PSOE y el PP empezaran a repartirse los vocales del Consejo General del Poder Judicial como si fuesen cromos para controlar indirectamente a la justicia y abrió la puerta a un tsunami de aforamientos. Todavía hoy estamos pagando el precio.
En su gobierno se instauró la cultura del “ahora nos toca a nosotros”, que sigue siendo la esencia del bipartidismo y bibloquismo. Tuvimos el primer caso de un hermanísimo con Juan Guerra. El primer caso de financiación ilegal del PSOE con Filesa, Malesa y Time-Export. El primer gran caso de malversación con Luis Roldán, el director de la Guardia Civil que se fugó a Laos. Roldán era maestro y llegó a ese puesto sin ningún merito, porque sí, también fue cuando se empezó a nombrar, promover y cesar a diestro y siniestro solo por afinidades políticas. El primer caso de abuso de derechos fundamentales por escuchas ilegales en el Cesid. Hubo corrupción en el uso del papel y la impresión del BOE. Y también el primer caso de uso ilegal y contra los derechos humanos con el GAL, que hizo que uno de sus ministros y un secretario de Estado acabaran en la cárcel. No estuvo personalmente implicado.
Pero ni en ese momento, ni después, ni ahora, le hemos escuchado a Felipe González proponer medidas serias para corregir – y más importante, evitar– este tipo de casos que (excepto en lo del GAL), cuarenta años más tarde, siguen siendo el día a día de nuestra democracia. De esos barros, estos lodos.
Urge dejar de lado las ideologías, arremangarse y ayudar a modernizar el sistema político
Muchos políticos y expolíticos dan la impresión de querer que las cosas simplemente vuelvan a “lo de antes”. A ese mundo preredes sociales en el que el español de a pie no tenía ni idea de cuanto le ninguneaban, engañaban y robaban, porque los que tienen el poder político, mediático y económico tapaban casi todas las faltas. Pero la única salida para la democracia es hacia delante, con más controles, y no haciendo otra vez más como si no pasara nada. O el sistema se reforma o se rompe: en pleno siglo XXI es imposible seguir con un sistema en el que la posibilidad de éxito de cada español depende más de su cercanía a los partidos políticos que de su mérito y esfuerzo.
Lo digo “sin acritud” porque, realmente, en muchas cosas le admiro. Pero el que Felipe González se limite ahora a votar en blanco es como si uno de los constructores que contribuyó a poner los cimientos podridos en un rascacielos se pone en huelga de manos caídas cuando se está desmoronando el edificio con toda la gente dentro. Aunque al menos no hace como otros expresidentes, que siguen echando fuelle a la putrefacción del sistema.
Este no es momento de votos en blanco ni manos caídas. Lo que está en juego, tanto a nivel nacional como internacional, es la propia democracia. Urge dejar de lado las ideologías, arremangarse y ayudar a modernizar un sistema político que ya no da más de sí. El único coprotagonista del sistema que puede ser parte de la solución es Felipe González. Los otros, o son parte del problema, o están muertos.
