Opinión

Un riesgo económico evidente

El riesgo energético es uno de los principales efectos colaterales de la guerra que Israel y Estados Unidos han iniciado contra Irán y la respuesta de este. Los precios del gas natural para Europa se han disparado ya un 50% y el petróleo lo ha hecho más de un 10%. Este brusco encarecimiento muy pronto repercutirá en los recibos de la luz de las empresas, industrias y hogares, con la consiguiente incidencia en la mayoría de productos y servicios y, por tanto, en los niveles de inflación.

La gravedad de este impacto será proporcional al tiempo que dure el conflicto y a los daños que se produzcan en las infra­estructuras energéticas de Oriente Medio. De momento, hay mucha preocupación e incertidumbre, pero sin que se registre pánico ni alarma en los mercados financieros. Las bolsas caían ayer muy moderadamente, en contra de lo que se esperaba.
En la primera bolsa del mundo, Wall Street, parecía que los inversores estaban aún más inquietos por las dudas sobre la rentabilidad de la inteligencia artificial que por los efectos de la guerra. Pero tan solo estamos en los primeros días de los combates, que, según el presidente de EE.UU., pueden prolongarse unas cuatro semanas.

Las alzas de los precios de la energía se explican, fundamentalmente, por la práctica paralización del tráfico marítimo a través de los 50 kilómetros del estrecho de Ormuz, que como se sabe es la arteria marítima estratégica que discurre junto a las costas de Irán y por la que circula el 20% del petróleo que consume el mundo, así como el 19% de gas natural licuado (GNL) y el 14% de los productos refinados del crudo del planeta.

La Guardia Revolucionaria iraní anunció anoche que atacarán los buques que naveguen por el estrecho de Ormuz para que no circule ni una gota de petróleo. En la práctica, los grandes buques petroleros y de carga ya habían dejado de navegar por esa zona desde que empezó el conflicto por miedo a ser atacados. Al menos tres grandes buques han recibido ya el impacto de proyectiles procedentes de Irán y de sus aliados hutíes del Yemen. Las primas de las compañías de seguros se habían elevado tanto que tampoco resultaba rentable ese transporte para las navieras. El resultado es que ya se han bloqueado las exportaciones de crudo y de gas natural de los grandes productores de Oriente Medio, como son Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar.

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán dispara los precios del crudo y del gas natural

La estrategia de defensa de Irán frente al ataque militar de Israel y de EE.UU. No se ha centrado solo en agredir a Israel sino que, además, se orienta también a bombardear las infraestructuras energéticas, desde refinerías a oleoductos y puertos, de diferentes países de Oriente Medio. Arabia Saudí y Qatar han reportado serios daños en sus instalaciones petroleras y de gas natural, respectivamente. La estrategia de los actuales líderes iraníes, en este sentido, parece querer provocar una crisis energética mundial que se gire en contra de los intereses económicos de Occidente y obligue al presidente Trump y a Israel a frenar su actual ofensiva y sentarse a negociar.

La Agencia Internacional de la Energía estimó que, sin embargo, serían los países asiáticos, como China, India, Japón o Corea del Sur, los más perjudicados por la estrategia iraní, ya que reciben cerca del 80% del petróleo y del gas natural que transita por Ormuz. Pero la Unión Europea ya sufre el impacto en los precios del gas natural, ya que Qatar ha frenado en seco su suministro.

En cualquier caso, si el conflicto se prolonga, difícilmente se evitará una mayor presión sobre los precios del petróleo y el gas natural. Hay expertos que apuntan que podría llegarse hasta los cien dólares por barril de crudo. Ayer estaba ya en casi ochenta dólares, frente a los sesenta de principios de año.

La gravedad económica del conflicto bélico dependerá de su duración y de su extensión

El precio de cien dólares por barril de crudo fue la barrera que se sobrepasó en el inicio de la guerra de Ucrania. Ello, junto con el despegue de los precios del gas natural, provocó un largo ciclo inflacionista de graves consecuencias para la economía de los países y de las familias de todo el mundo, incluidas las europeas. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que EE.UU., como primer productor de petróleo y de gas natural, sería uno de los grandes beneficiados de la situación.

En cualquier caso, el mundo se encuentra inmerso en una guerra en uno de los lugares más sensibles del planeta y con mayor potencial de tener repercusiones globales, tanto políticas como militares y económicas. El riesgo de una nueva crisis del petróleo es evidente, ya que el desarrollo de las energías alternativas es aún insuficiente. El mundo todavía no puede vivir de las energías renovables. Necesita de las energías fósiles aún en gran medida.