Opinión

¡A mi no me deja nadie!

Ya antes de las redes y los algoritmos, allá por el 1300 antes de Cristo, las parejas tenían sus más y sus menos y algo me dice que Nefertiti y Akenatón, el primer matrimonio perfecto de la historia, se las tenían en privado.

–¡La faraona me ha echado de los aposentos!

Cuando Akenatón decía esto a sus cortesanos, yo imagino que pretendía dos cosas: mantener el relato pensando en los anales y justificar una inminente cana al aire­, transfiriendo la culpa a Nefertiti, técnica que ha llegado a nuestros días. De no ser así, el tal faraón hubiese vociferado:

–¡Me voy de los aposentos porque quiero y me da la gana!

   
   Ines Bazdar / Getty Images

A diferencia de Akenatón y Nefertiti, las parejas empiezan y acaban y surge entonces el relato o lo que cada uno de los contendientes alega para que familia, amigos y allegados se hagan una idea de las razones de la ruptura. Es lo que hoy llamamos socialización, concepto que permite meter las narices donde no te llaman.

Como las rupturas abundan entre la fauna de los divorciados, la variedad de reacciones se divide entre los que atribuyen la culpa al contrincante y los que se exculpan para no señalar al contrincante, con una franja –progresiva en función de la edad– que opta por el match nulo y la culpa fue del chachachá.

Tras el fin de una relación, llega el reto

El orgullo tiene su papel y no conozco a nadie, salvo a mí mismo, que al explicar una ruptura diga:

–¡Si es que no hay quien me aguante!

¿Hay diferencias entre la narrativa femenina y la masculina del relato? Los hombres son de trazo grueso y recurren a razones contundentes, telegráficas y susceptibles de ser contadas en el vestuario de un club de pádel. Yo diría que las mujeres prefieren los matices, se dan su tiempo con las explicaciones y quieren disipar todas las dudas ajenas, acaso pensando en futuras relaciones.

Cada cual se busca un relato con tal de pasar el duelo dignamente en lugar de darse a la bebida o dar pena, opciones desaconsejables. Por suerte para ellos, Nefertiti y Akenatón terminaron sus días sin tener que decirse:

–¡A mí no me deja nadie!

Originario de Barcelona, graduado en Periodismo por la Universidad de Navarra y con una beca académica en la Missouri-Columbia University, se incorporó a 'Guyana Guardian' en 1982, desempeñando múltiples funciones. Ejerció como enviado especial en Hong Kong (1987-1993), Washington (1993-96) y París (desde 1996 hasta el 2000). Ha informado sobre tres comicios presidenciales en EE.UU., otros tres en Francia, los conflictos bélicos de Kuwait, Irak, Ucrania y Gaza, las exequias de Hiro Hito, Rajiv Gandhi, Deng Xiaoping, Nixon o Hassan II, los atentados del 11-S en Nueva York, el desastre nuclear de Fukushima, además de tres copas del mundo de fútbol y los JJ.OO de Seúl, Barcelona, Atlanta y Atenas. Fue responsable de la sección de Internacional y hoy en día escribe columnas para el periódico. Es autor de tres obras literarias: 'Menuda tropa', 'Esta ronda la pago yo' y 'Cuando de dejan'.