
Guerra y paz
CONFUSIÓN VITAL
Dice que va George Bush hijo a la biblioteca (risas) y le dice al bibliotecario: ¿Tiene algo de Tolstoi? A lo que el bibliotecario responde, sí, tenemos Guerra y paz. Y Bush contesta pues deme Guerra. El chiste lo contábamos allá por el 2003, cuando Barcelona era referencia mundial por la inmensa manifestación contra la guerra de Irak. El conflicto contó con el apoyo del gobierno español, presidido por Aznar, que ganó las elecciones del 2000 por mayoría absoluta. Cuenta la leyenda que Bush hijo llegó a afirmar que la política de seguridad de EE.UU. No podía depender de cuánta gente saliera a la calle en Barcelona. O sea, que no es la primera vez que un presidente americano se fija en nosotros como especie rebelde en el zoo de la política mundial.
El chiste evidenciaba que a Bush hijo le tomábamos todos por alguien poco leído, con pocas luces. Vamos, que Bush hijo era tonto. Pero no le veíamos como un peligro para la humanidad. Eso es lo que ha cambiado de Bush hijo a Trump padre. George Bush alteró lo que entonces llamábamos “el orden mundial”, invadiendo un país sin mandato de Naciones Unidas, cuando la ONU tenía un prestigio del que hoy carece.

Hoy vivimos en “el desorden mundial”, ejecutado sin ningún tipo de vergüenza por personajes nefastos para la historia de la humanidad que han coincidido en espacio y tiempo. Trump y Putin son sus máximos exponentes. La estampa de ayer en la Casa Blanca del presidente de los USA rodeado de líderes religiosos, imponiéndole las manos y rezando por él, es otro ejemplo de por dónde van los tiros. Fanatismo político acompañado de fanatismo religioso. El presidente de la democracia más admirada del mundo con tics de ayatolá.
Sánchez cree que los ataques de Trump impulsan su
El antiimperialismo o antiamericanismo han acompañado a España en toda su etapa democrática. De entrada, porque una democracia como la de EE.UU. No combatió la dictadura franquista como muchos llegaron a imaginar. Felipe González y el PSOE de 1982 utilizaron el eslogan “OTAN, de entrada, no”. González no quería renunciar a ningún voto de la izquierda. Y así fue: 202 diputados. En poco tiempo, el ya presidente González cambió de opinión. Se puso del lado de los USA de Ronald Reagan y convocó un referéndum en el que los españoles votaron sí a la OTAN. El PSOE sufrió un duro desgaste por su lado izquierdo, y fue la primera gran decepción para muchos de sus votantes que se creyeron el no a la OTAN de González. Algunos de esos votantes, el PSOE no los ha vuelto a recuperar.
Zapatero, desde la oposición, se opuso a la guerra de Irak, acompañando a una ola masiva de españoles que compartían la misma opinión. Por primera vez en nuestra historia democrática un partido que había ganado por mayoría absoluta las elecciones generales, el Partido Popular, las perdía en la siguiente cita electoral. Fue en marzo de 2004, tras los atentados yihadistas en los trenes de Madrid.
Ahora Sánchez recupera el “no a la guerra”. Por primera vez la oposición a las decisiones de los USA llega con el PSOE gobernando. Ni González ni Zapatero eran presidentes cuando le plantaron cara al Imperio. No sé si eso le da más o menos fuerza al mensaje. Todas las encuestas dicen que Pedro Sánchez perderá las próximas elecciones, excepto el CIS que, a pesar de las críticas, fue quien más se aproximó al resultado final en julio de 2023.
Lo que tiene claro Sánchez es que cada vez que Trump se mete con él, su popularidad aumenta. España como llanera solitaria en la crítica a Trump. España como bastión de resistencia a los gobiernos de ultraderecha que empiezan a poblar el mundo. Trump puede ser su mejor aliado. Por si quiere ir dándole la vuelta al marcador.
