Opinión

Europa ante la guerra de Irán

Desde que, hoy hace una semana, comenzaran los ataques de Israel y de Estados Unidos contra Irán, con la posterior respuesta persa y la ampliación del conflicto a numerosos países de la región, una de las cuestiones más importantes geopolíticamente era cuál sería la reacción de Europa ante esta agresión bélica que viola el derecho internacional.

Y la respuesta de la Unión Europea ha sido de perfil bajo, gris y desigual. No existe entre los Veintisiete una posición política común, más allá de los llamamientos a la contención y a la vuelta a la diplomacia. Un posicionamiento para mantener un equilibrio que satisfaga a todos y no comprometa en nada. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se limitó a abogar por un cambio de régimen en Irán y condenó su respuesta sin mencionar los ataques de EE.UU. E Israel. Bruselas ha optado por la prudencia verbal, pero cuando esta no se traduce en estrategia se convierte en irrelevancia. Y mientras la UE emitía mensajes genéricos de preocupación, los gobiernos nacionales adoptaban posiciones distintas e incluso contradictorias.

La gama de matices es variada. El Reino Unido –que no pertenece a la Unión Europea–, Francia y Alemania han dicho que no participarán en la guerra, pero pondrán sus efectivos militares a disposición de cualquier estrategia defensiva. Luego, cada país tiene sus particularidades. El canciller Merz ha sido duramente criticado por su respaldo incondicional a Trump; Macron afirma que no se involucrará en una guerra que no es de Francia, pero envía a la zona un portaaviones nuclear, y el premier Starmer se ha distanciado de Trump, de quien ha recibido duras críticas. Georgia Meloni ha afirmado que “Italia no está en guerra ni quiere entrar en ella”. Todos están dispuestos a proporcionar medios para la defensa de los aliados, pero no a atacar a Irán.

Las repúblicas bálticas y Polonia se muestran más cercanas a EE.UU., pero sin romper la cautela; Irlanda y Austria son más críticas, dentro de la misma línea; y el resto, el bloque mayoritario, apenas se ha pronunciado. España es el país europeo que más rotundamente se ha posicionado. El presidente Sánchez ha dejado claro el no a la guerra del Gobierno y ayer insistió en que este conflicto “es un extraordinario error y ya se están pagando las consecuencias”.

La Unión afronta este conflicto bélico sin una posición común y cohesionada

Su argumento de que esta guerra viola el derecho internacional tiene el respaldo de países como Irlanda, Bélgica, Austria y Malta, que comparten esta apreciación. La posición española ha ido ganando puntos en cancillerías europeas pese a las descalificaciones de Trump sobre España, e incluso Mark Rutte, secretario general de la OTAN, ha elogiado el papel español en misiones de la Alianza en el este de Europa y en Turquía.

Este es el contexto en el que Europa ha estrenado una defensa común para blindar a Chipre del conflicto. La isla, miembro de la UE pero no de la OTAN, estará protegida ante posibles nuevos misiles iraníes por defensas aeronavales facilitadas por Francia, Grecia, Italia y España. Es un primer paso –limitado a operaciones defensivas– para implementar una auténtica defensa común europea, en aplicación del artículo de asistencia mutua de la UE. Sánchez aseguró ayer que el no a la guerra es compatible con enviar una fragata a Chipre para defender a un socio europeo.

La posición de la UE respecto de la guerra de Irán es compleja porque la política exterior comunitaria está en manos de los estados y, entre ellos, hay puntos de vista distintos. Pero en un escenario de escalada imprevisible, la falta de una posición europea cohesionada puede agravar aún más la vulnerabilidad del continente. Ha quedado claro, una vez más, que la UE es incapaz de actuar como bloque y que cada capital adopta su propia estrategia nacional.

La Unión Europea nació como una comunidad de derecho, como respuesta política a la devastación bélica derivada de la Segunda Guerra Mundial. Nació como un club de iguales bajo la premisa de que la fuerza debía quedar subordinada al derecho y a la ley. Hoy ese principio, claramente violado por EE.UU. E Israel al emprender una guerra ilegal, no está siendo defendido con la firmeza necesaria por la mayoría de estados europeos, que parecen resignados a aceptar las imposiciones que vienen de Washington.

Se da un paso hacia una defensa europea común al blindar a Chipre contra un ataque iraní

Ante esta situación, Macron ha planteado por primera vez de modo explícito la posibilidad de una disuasión nuclear ampliada a otros socios europeos. Todo ello anticipa una Europa que poco a poco va haciendo suyo el lenguaje del poder, la fuerza y la disuasión como eje central de su política exterior. Parece ser el signo de los tiempos y del nuevo orden mundial que toma cuerpo, en el que el derecho internacional y la diplomacia ya no son la prioridad.