
Celebremos también el 9-M
Hoy, 9 de marzo, es un día sin hashtag . La celebración del Día Internacional de las Mujeres ha dado ya paso a eso que solemos denominar “el resto del año”. Las reivindicaciones feministas o las crónicas de las manifestaciones solo perviven en la prensa de papel. Los postulados del 8-M compiten hoy mal en la agenda informativa. ¿El feminismo? Habrá que emplearse a fondo para dar con su rastro en el fragor de la batalla de Oriente Medio, a no ser que alguien se crea que los ataques a Irán tienen como objetivo llevar la democracia a la República Islámica y, por ende, la libertad a las mujeres de Teherán para que puedan ejercer el derecho a regresar a casa solas y borrachas, en palabras de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso.
¿Tiene sentido celebrar días internacionales como el 8-M? Hay detractores que opinan que, al concentrarse en una sola jornada la expresión de buenas intenciones, se concede, de facto, una suerte de coartada para que los más reacios puedan prescindir de esos propósitos de enmienda los 364 días restantes. Y quienes creen que la figura del día internacional se ha devaluado por culpa de la proliferación de efemérides disparatadas, como el día internacional de los calcetines perdidos, el día del sexo oral o el de hablar como un pirata.

En cualquier caso, frivolidades al margen, lo cierto es que días como el 8-M fuerzan a la sociedad a hacer un necesario ejercicio de autoevaluación. Hombres relevantes de la política o de la economía se sienten obligados a comprometerse con el objetivo de igualdad; afloran encuestas reveladoras sobre la violencia machista o sobre la persistente discriminación de género que en otras circunstancias no se realizarían y el feminismo dispone, por un día, de un potente altavoz.
El feminismo, en tanto que revolución, es combatido estos días por corrientes contrarrevolucionarias. Falta aún perspectiva para saber cuál es la fuerza real de estos opositores: si frenarán el avance de la causa o si en el futuro serán vistos como un mero anticuerpo que fue neutralizado por el propio proceso histórico (apostaríamos por lo segundo). Así que celebrar el 9-M como una extensión del Día de las Mujeres tiene mucho de acto revolucionario. Aunque se tenga que competir para ello con los legítimos titulares de este lunes: el día de los DJ y el día de la tortilla de patatas.
