Opinión

La guerra ya se nota en los bolsillos

El impacto económico de la guerra en Irán ya se nota en los bolsillos. Tras la primera semana del conflicto, la gasolina ha subido cerca de un 7%, y el gasóleo, casi un 12%. Ello es consecuencia del incremento del precio del petróleo, que ha escalado un 28% en tan solo siete días. La evolución del precio internacional del gas natural es mucho peor, ya que se ha disparado un 60% a causa de la suspensión de los suministros de Qatar, que era uno de los grandes proveedores de Asia y de Europa. A su vez, este encarecimiento del gas natural puede disparar el coste de la electricidad en la Unión Europea si entran en funcionamiento las centrales de ciclo combinado y debe utilizarse ese combustible.

La situación económica es mucho menos grave de la que se produjo cuando empezó la guerra de Rusia contra Ucrania, hace cuatro años. Pero ciertamente es preocupante. El citado aumento de los costes energéticos tiene una repercusión directa en los precios del transporte, así como en multitud de productos y procesos industriales, lo que provocará una escalada inflacionista general. Esta escalada inflacionista, a su vez, se agravará en función del tiempo que se prolonguen las hostilidades militares, el cierre del estrecho de Ormuz y los daños a la infraestructura petrolera de los países de Oriente Medio. El efecto colateral podría ser una subida de los tipos de interés de los bancos centrales para combatir la inflación, lo que supondría mayores dificultades de financiación y menor crecimiento económico.

La subida de la gasolina, del gasóleo y del gas natural ejerce un presión inflacionista general

Ante los riesgos citados, el comportamiento de las bolsas mundiales ha sido bajista toda la semana pasada, aunque no ha cundido el pánico. La bolsa española ha caído un 7%, seguida de muy cerca por las europeas, mientras que Wall Street ha descendido un 3%, la mitad. La apuesta de los mercados financieros y de la mayoría de los analistas es que el conflicto bélico durará poco y que, por tanto, el impacto energético será limitado, lo que facilitará una vuelta a la normalidad relativamente rápida a lo largo de los próximos meses. Esa es la hipótesis más optimista. Como siempre se ha confirmado, las guerras se sabe cuándo empiezan, pero no cuándo acaban. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a decir recientemente que la guerra con Irán no se prolongará más de cuatro o cinco semanas.

La gran paradoja es que, a raíz de dicho conflicto, el dólar se ha convertido en uno de los valores refugio para los inversores y se ha revalorizado considerablemente desde hace una semana. Ello se debe a que Estados Unidos es el primer productor mundial de petróleo y de gas natural y que, por tanto, en una situación de crisis energética, será el país menos perjudicado. En Europa y Asia, en cambio, la citada revalorización del dólar multiplica el encarecimiento de los precios del petróleo y del gas natural, ya que se pagan en dólares en el mercado internacional, lo que agrava su impacto inflacionista. La deuda pública europea, ante ese mayor riesgo inflacionista, está bajo presión, y sus tipos de interés han empezado a subir. Eso encarece también la financiación del abultado endeudamiento de los estados europeos.

En España, diversos sectores piden al Gobierno que rebaje temporalmente los impuestos sobre los combustibles para frenar el impacto inflacionario. Portugal ya lo ha hecho. Esta medida puede parecer muy efectiva. Pero desde el punto vista ortodoxo de la economía no es recomendable porque desincentiva el ahorro y las medidas de mayor eficiencia energética que son necesarias. En Estados Unidos,Trump ha dicho que la importancia de la actual guerra justifica el pequeño sacrificio que hacen los consumidores al pagar un poco más por la gasolina. Sus asesores, sin embargo, estudian fórmulas para rebajar los precios del petróleo a través de una intervención en los mercados de futuros.

Las bolsas apuestan por un impacto energético limitado si el conflicto con Irán no se prolonga

La economía española, en principio, tanto por la diversificación de sus suministros de petróleo y de gas como por la creciente importancia de sus energías renovables y por la excepción ibérica en el cálculo de los precios de la electricidad, podría ser una de las menos afectadas en Europa. Las primeras estimaciones pronostican que el IPC podría elevarse por encima del 3%, con una reducción del crecimiento de dos décimas. A ello, sin embargo, habría que sumar el impacto negativo de las amenazas económicas y comerciales efectuadas por Trump ante la falta de apoyo político y militar del Gobierno español a la guerra.

El FMI, en cualquier caso, advierte que si el conflicto se alarga en el tiempo, con los precios de la energía elevados, afectará a los mercados financieros, a la inflación y al crecimiento, que en Europa ya es muy bajo y podría –según algunos analistas– rozar el riesgo de estanflación. Todos los pronósticos, sin embargo, están cogidos con pinzas, porque la incertidumbre es muy grande.