Pasear esquivando

Pasear por el centro de Barcelona se ha convertido en una actividad de riesgo que nada tiene que envidiar a una gincana urbana. Uno sale a dar un tranquilo paseo o de compras y debe activar todos los sentidos: mirar al frente, a los lados y, sobre todo, hacia atrás, no vaya a ser que una bicicleta o un patinete eléctrico decidan pasarnos por encima. Estos artefactos, que se suponía que venían a hacernos la vida más sostenible y moderna, han logrado algo admirable: convertir aceras en improvisados circuitos de velocidad. Uno ya no pasea, esquiva. Lo más importante es volver a casa sin ser arrollado ni acabar discutiendo con alguien.

Todo esto nos pone en alerta constante e incómoda ya que en cualquier momento alguien pasará a escasos centímetros, con gesto indignado, como si el intruso fuera usted invadiendo su espacio natural. No discuto que sean ecológicos, pero también lo es caminar, y además no requiere batería ni casco.

Quizá ha llegado el momento de replantearnos si el centro de la ciudad es un lugar para pasear… o para entrenar re­flejos.

Alejandro Martínez Mallofret

Barcelona

Etiquetas
Mostrar comentarios
Cargando siguiente contenido...