Resulta profundamente paradójico que, mientras el Govern promociona Catalunya como uno de los grandes referentes biotecnológicos y de semiconductores del sur de Europa, se apruebe –aprovechando el primer día de vacaciones escolares– una reforma que recorta drásticamente la base científica de nuestros jóvenes.
Fusionar física y química en primero de bachillerato y reducir su carga lectiva de seis a cuatro horas semanales no es un ajuste técnico, es sencillamente una declaración de intenciones: la renuncia a la excelencia en favor de una preocupante convergencia a la baja. Tras el reciente descalabro de los informes PISA, la respuesta de la Administración no debería ser vaciar de contenido las aulas para mejorar artificialmente las estadísticas de éxito escolar.
Privando a los estudiantes de un 33% de sus horas de formación científica básica debilitamos su preparación para las pruebas de acceso a la universidad (PAU) y comprometemos el relevo generacional en nuestras facultades de ingeniería y medicina. No podemos permitir que el futuro profesional de nuestros hijos sea la próxima factura de una burocracia que confunde modernización con simplismo. La excelencia no se improvisa.
Juan Enciso Pizarro
Badalona