“¿Qué se me ocurre para que la gente le tenga más cariño al liquen…?” Así comienza la entrevista con Esteve Llop, doctorado en Biología por la Universidad de Barcelona y que estudia los líquenes como bioindicadores.
Gracias a Llop y Narcís Serrat, autor de las imágenes seleccionadas para este reportaje en Las fotos de los lectores de Guyana Guardian, tenemos la oportunidad de conocer un poco más a unos fascinantes organismos: los líquenes. En este caso, usando de ejemplo los que retrató Serrat en la Riera de Merlès, en el Berguedà.
Liquen en un charco de la Riera de Merlès.
La Universidad de Barcelona lleva aproximadamente 50 años estudiando el liquen. Es un pasado corto en comparación al de otros países de Europa, como Francia o Reino Unido, que llevan décadas de ventaja en investigación. No fue hasta que Xavier Llimona y otros expertos empezaron a trabajar con estos organismos que España no comenzó su historia de exploración.
Puede que la tardanza en empezar a estudiar el liquen esté relacionada con lo poco que llama la atención. Este organismo incomprendido es una simbiosis entre hongo y alga, capaz de colonizar prácticamente todos los ecosistemas. Se encuentra en multitud de lugares, desde bosques hasta desiertos, pasando por zonas polares y tropicales. Esta asociación de organismos es sensible a los cambios de ambiente, pero increíblemente resiliente, y es justamente su complejidad lo que hace que su estudio sea interesante para Llop.
Esta asociación de organismos es sensible a los cambios de ambiente, pero increíblemente resiliente
Aunque no tanta gente comparte su apreciación por esta estructura orgánica, hay quienes se aventuran a integrar el liquen en ámbitos originales para acercarlo al público. Es objeto de admiración en el arte y la fotografía, como demuestran las fotos de Serrat; hay restaurantes que lo sirven en su menú – el restaurante Arrea! En el corazón de la montaña alavesa – e incluso se ha utilizado en experimentos que replican las condiciones climáticas de Marte (a las que, por cierto, el liquen sobrevivió). Sin embargo, Llop recalca que estos acercamientos son una “vitrina o exposición, más que la realidad” del estudio.
Fotografía de liquen en Berguedà
La falta de popularidad de esta asociación de organismos no detiene ni a Llop, ni al resto de científicos de la UB. El departamento de Biología está orientado a, en primer lugar, conocer la diversidad del liquen y, en segundo lugar, realizar valoraciones. Porque, “si no lo conocemos, no podemos aprender a usar (esta simbiosis) a nuestro favor”, recuerda Llop.
Si no conocemos el liquen no podemos aprender a usar esta simbiosis a nuestro favor
Llop, por ejemplo, estudia los líquenes como medidor de la calidad ambiental. Este tipo de investigaciones tiene el potencial de dar a los responsables políticos una herramienta barata para “gestionar y controlar la contaminación a una escala espacial y temporal más grande”, además de permitir obtener datos muy valiosos para realizar evaluaciones de salud. Estas son las conclusiones del proyecto POPLAIR, financiado por la Unión Europea.
A pesar de los resultados de los estudios científicos y de innovadores acercamientos al liquen, Llop señala que estos organismos parten de una desventaja inherente para ganarse al público. “La gente se mira más lo que corre, vuela o nada” que no a algo inmóvil y que, además, no se suele encontrar en la ciudad. Así que, ¿qué se nos ocurre para que le tengamos más cariño al liquen?
Fotografía de detalle del liquen, en el Berguedà.
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