Las miradas huidizas del transporte público

La Mirada del Lector

Escritores como Galdós o Pardo Bazán hoy en día seguro que se subirían a la gran Renfe y observarían a cada personaje que se monta, una gran delicia intelectual, pero, ¿quién mira a quien tiene delante en el vagón?

Horizontal

Pasajeros en un vagón de Rodalies de Renfe.

Paula Sama / Propias

* La autora forma parte de la comunidad de lectores de Guyana Guardian

Una gran catedrática de mi universidad me dijo algo muy curioso que me dejó toda la noche reflexionando. Me dijo que recordara cómo son los trayectos de tren, aparte de horríficos y caóticos. El problema de esto es que es una triste realidad, de la cual tú, lector, y yo formamos parte. Cuando vamos en tren, en metro o cualquier transporte de calibre similar, ¿quién mira la cara del que tiene al frente? ¿O la de al lado? Y ya no digo la del que está a dos asientos frente a ti...

Los antiguos escritores salían a la calle a anotar las observaciones que hacían de la gente. Zola se sentaba frente a Notre Dame y apuntaba todo lo que hacía la gente que paseaba por allí: que si fulanito se ha girado cuando ha pasado fulanita y se ha puesto colorado, que si un grupo de hombres está discutiendo de política... Lo que sea. Aquí en España pasaba lo mismo: Galdós salía a las calles de Madrid y se fijaba en sus alrededores, en lo que hacía la sociedad de su entorno. Pardo Bazán estudiaba a la sociedad de forma objetiva y minuciosa.

Y podría seguir nombrando artistas maravillosos que seguían el mismo patrón. Y hoy en día seguro que todos ellos se subirían a la gran Renfe y observarían a cada personaje que se monta, una gran delicia intelectual. Pero claro, alguno me podría decir que solamente lo hacían porque eran eruditos enfermos por el realismo... Y yo me reiría, pero les recordaría que sus abuelos, cuando se subían al tren, saludaban al pasajero que tenían al lado y sonreían al de delante. 

Y además de observar el paisaje —que cada vez menos personas parecen contemplar— observaban los rostros de sus compañeros de viaje. Cómo era el corte de pelo, cómo llevaba afeitada la barba, la camiseta, los zapatos. Observaban todo lo que suponía ese ser.

Horizontal

Vagón de Rodalies de Renfe.

Paula Sama / Propias

Pero tal y como decía esta catedrática, uno se monta en este tipo de transporte y le absorbe su teléfono móvil o, con un poco de suerte, si uno es más culto, se adentra en la historia del libro que lee, y el que no tiene batería en el móvil, si no cierra los ojos, no aparta la mirada de la ventana, no porque quiera observar realmente el paisaje, sino porque su mente pide dosis de dopamina, de entretenimiento. Pero, ¿quién mira a quien tiene delante? Nadie. De hecho, cuando cruzas sin querer la mirada, rápido la apartas.

¿Dónde quedó mirar a la cara a las personas? Y ya no digo sonreírles, porque entonces no terminamos. ¿Por qué cada vez somos menos humanos? Y esta es una triste realidad que ya no se queda en el viaje del tren, sino que se está extendiendo a los colegios, a las consultas y hasta a las casas. Y, a la par que sucede esto, cada vez somos más individualistas y una de las causas es por este motivo, por no mirarnos.

Debemos cambiar esta actitud, tenemos que ser más observadores para unirnos como sociedad. Mira al frente, porque puede estar el amor de tu vida, una persona que llevas sin ver mucho tiempo o alguien que necesita tu ayuda. Observa y saca tus conclusiones, como si de un experimento científico se tratara. Fíjate, porque a lo mejor tú ves algo que nadie más ve. Mira, observa, fíjate. Tu mirada es el arma del siglo XXI.

Lee también ■ ¿CÓMO PUEDO PARTICIPAR EN LA COMUNIDAD DE GUYANA GUARDIAN?

¡Participa!

¿Quieres compartir tu mirada?

Los interesados en participar en La Mirada del Lector pueden enviar sus escritos (con o sin material gráfico) al correo de la sección de Participación ([email protected]) adjuntando sus datos.

Etiquetas
Mostrar comentarios
Cargando siguiente contenido...