Las Claves
- El PIB per cápita de España aumentó un ochenta y dos por ciento tras cuarenta años de integración en la Unión Europea.
- La evolución económica española atraves
La evolución financiera que España ha experimentado durante sus cuarenta años integrada en la Unión Europea resulta notable. El crecimiento del PIB per cápita, una vez ajustado por la inflación, alcanza el 82,5%. Dicha progresión se focaliza sobre todo en la etapa inicial de 15 años, periodo en el que el alza fue del 53,8%, mientras que en el tiempo restante, los siguientes 25 años, el avance fue más moderado, sumando un 18,7% extra. Estas cifras son las que maneja Funcas al contrastar el PIB per cápita de 16.000 dólares registrado en 1986 frente a los 29.200 dólares correspondientes a 2024.
Existen diversos datos adicionales que reflejan este avance comparable a un logro olímpico. Se observa un notable crecimiento en las ventas al exterior, las cuales escalaron desde un escaso 15% en 1985 hasta alcanzar un sólido 34% en 2024, una cifra que continúa en ascenso. Asimismo, estas exportaciones ya no se limitan únicamente al sector turístico, sino que se ven reforzadas por importantes movimientos de capital, tanto entrantes como salientes, según detalla un estudio del Real Instituto Elcano. Otros dos factores relevantes son: el volumen de población, que se ha disparado desde los 38 millones de aquel periodo hasta superar los 49 millones hoy en día, diferenciándose de la reducción demográfica de diversas naciones de Europa; y una longevidad que ha subido de los 76 años previos a los 84 años vigentes.
Una progresión que se manifiesta en tres periodos. El primero, de 1984 a 1999, se puede considerar casi apasionado, tanto por el ánimo colectivo (el sentimiento de ser definitivamente europeos en esa España de los 80 y 90 fue muy relevante), como por la entrada de fondos netos originarios de Bruselas, en torno al 1% del PIB anual, lo que trajo consigo un avance increíble en las obras públicas y una cohesión más profunda de los mercados domésticos.
Representó asimismo la ardua labor de transformarse en un integrante con facultades totales de la reciente agrupación. De manera más específica, la asunción del “acerbo comunitario”, término poco claro que señala una cuestión de gran relevancia como es la totalidad de prerrogativas y deberes compartidos de la UE.
González logró durante el encuentro de Edimburgo de 1992 el progreso de los fondos de cohesión. En la fotografía, junto al dirigente italiano Amato, el francés Miterrand, el belga Dehaene y el griego Mitsotakis.
Tras la etapa de euforia, llegó la desaceleración. Un periodo difícil, de aproximadamente quince años marcado por el colapso financiero de 2008. Toda Europa padeció las consecuencias, pero España figuró entre las naciones que más sufrieron los excesos. “Mostró una vulnerabilidad estructural a las crisis mucho mayor que la que exhibieron las economías más desarrolladas de la UE”, indica el Real Instituto Elcano, que analiza las tres fases del avance económico español. En el ámbito laboral, la repercusión resultó particularmente severa. “La precariedad en la contratación ha constituido un elemento que empeoró las crisis. Tras la reforma laboral es factible que el mercado de trabajo muestre una conducta menos vinculada al ciclo y parecida a otros países de Europa, sostiene Raymond Torres, director de Coyuntura Económica de Funcas.
Desde González, fundamento del entendimiento, hasta Aznar, jactándose de cumplir las condiciones del euro
Por último, el tercer periodo, de 2015 a 2025, durante el cual, aun considerando las secuelas de la pandemia, España retoma su dinamismo y su acercamiento a Europa resulta comparable al de las naciones con ingresos superiores.
“Se ha producido un cambio importante en la apertura exterior como consecuencia del acceso a la UE. Tenemos una España más abierta, con acceso al mercado europeo, sin restricciones, aunque es cierto que en los servicios sigue habiendo algunas limitaciones”, señala Raymond Torres, quien agrega que por medio de esta apertura el panorama económico se ha diversificado, logrando que las exportaciones rocen actualmente el 40% del PIB.
Se trata de una Unión Europea que en ocasiones asimila sus equivocaciones, una realidad que España ha sentido de cerca. Si durante la crisis financiera se ejecutó una austeridad inflexible (el austericidio, para sus mayores detractores), que perjudicó sobre todo al sur tachado de negligente; en la emergencia posterior, la de la covid, la actitud fue completamente distinta. Se crearon por primera ocasión eurobonos y se inició un programa de reconstrucción que ayudó a sobrellevar este trance de un modo mucho menos doloroso. Estos eurobonos, por otra parte, se han utilizado de nuevo para el crédito a Ucrania, a pesar de la reticencia constante de los países frugales ante dicho sistema.
Durante cuatro décadas, España se ha mantenido constantemente entre las naciones más favorables a la unión europea, motivada por su convicción y por entender que figuraba entre las principales beneficiarias de dicha evolución. Se trata de la Europa donde Felipe González destacó como referente de los estados con menos recursos, logrando que la cita de Edimburgo de 1992 ratificara el fondo de cohesión, diseñado específicamente para España, junto con el fortalecimiento de las partidas estructurales destinadas a las zonas con menor desarrollo.
Representa asimismo la etapa de José María Aznar, quien alardeó de alcanzar los requisitos para que España se integrara en el euro; el periodo del hundimiento de José Luis Rodríguez Zapatero, apartado de la Moncloa debido a la recesión financiera; y la época de Mariano Rajoy, quien se vio obligado a comenzar su gobierno incrementando los tributos, en lugar de los recortes anunciados, por ese mismo motivo.
Comprendiendo desde las medidas de ajuste hasta el modelo de recuperación, o la forma en que la UE extrae lecciones de sus errores anteriores.
Una nación española que, de la mano de Pedro Sánchez, alcanzó el proyecto de reconstrucción para rebasar con mejor fortuna la crisis de la covid y que, indistintamente de su mandatario, siempre ha exhibido una actitud positiva ante una Europa más cohesionada.