La historia se repite (o no)

Las Claves

  • El Congreso ratificó la reforma de la LOFCA en 2009 con votos accidentales de Convergència i Unió y el apoyo del PNV

El 18 de diciembre de 2009, el Congreso de los Diputados ratificó finalmente la reforma de la Ley Orgánica de Financiación Autonómica (LOFCA), tras haber sido revisada por el Senado. Dicha votación fue agitada, tuvo que realizarse en dos ocasiones y se caracterizó por fallos en la emisión del voto: PNV y Convergència i Unió terminaron posicionándose a favor, permitiendo así que la normativa excediera ampliamente la mayoría absoluta requerida para una ley orgánica, sumando un total de 192 votos favorables.

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acompañado por el líder de ERC, Oriol Junqueras, durante el encuentro celebrado el jueves anterior en el Palacio de la Moncloa.

Dani Duch / Propias

La situación de CiU resultó particularmente sorprendente. Escasamente un mes previo, se habían opuesto cuando la Cámara Baja dio luz verde al informe original. No obstante, durante el sufragio definitivo nueve de sus diez representantes seleccionaron equivocadamente el “sí”. El integrante solitario que mantuvo su negativa fue Jordi Jané, quien desempeñaba entonces funciones en la Mesa del Congreso. PP, UPyD y el BNG persistieron en su desaprobación del proyecto, al tiempo que Izquierda Unida (IU) decidió abstenerse.

El PSOE espera que Junts apruebe la financiación tras el regreso de Puigdemont.

Ese suceso parlamentario representa una controversia que, tras más de quince años, se mantiene casi inalterada. Varias de las alegaciones con las que el PP y CiU rechazaron la modificación del patrón siguen siendo válidas. Los populares señalaban que el método se trazó de modo “partidista y arbitraria”, convenido con sectores nacionalistas catalanes minoritarios e “impuesto al resto de comunidades autónomas”. ¿Les resulta conocido el razonamiento? Asimismo, CiU mostraba su rechazo con una narrativa vigente: reprobaba el “café para todos” y demandaba un concierto económico.

Por aquel entonces, el PSOE lideraba de forma individual o mediante alianzas en ocho comunidades autónomas, un escenario político diferente al de hoy y fundamental para comprender la gestación y ratificación de dicha modificación del modelo de financiación. El peso regional de los socialistas ha disminuido de manera considerable, favoreciendo al PP que se opone a toda transformación del modelo que se acuerde con Catalunya.

El esquema reciente de 2026 encara un porvenir poco claro. Oriol Junqueras es consciente de ello y busca garantizar su éxito, razón por la cual mantiene encuentros con agrupaciones laborales y centros académicos o la entrevista requerida a Carles Puigdemont.

En este sentido, el PSOE espera que Junts acabe transigiendo y valide el proyecto cuando Puigdemont vuelva a Cataluña. El plan del Ejecutivo consiste en ofrecer a los posconvergentes una serie de beneficios para persuadir a los “indecisos” de que opten por “un mal acuerdo” en lugar de justificar por qué Catalunya pierde 4.700 millones de euros extra. Resulta improbable que los parlamentarios de Junts cometan un error similar al de 2009, pues el partido de Carles Puigdemont ha evidenciado sobradamente que guarda escasa relación con la histórica CiU.

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