El Gobierno se despliega para tratar de salvar su bandera de la gestión pública
Crisis ferroviaria
Sánchez fija como prioridad restablecer la confianza en el servicio ferroviario

Sánchez, en Adamuz, con Moreno y el ministro Marlaska, el lunes

¿Alguna responsabilidad? “Asumimos todas, como estamos haciendo desde el primer momento de la tragedia”, advirtió Pedro Sánchez este viernes en Bruselas, tras otra semana negra ante la crisis ferroviaria desatada desde el pasado domingo.
El presidente asegura tener ya acreditada su capacidad de gestionar crisis, tras lograr sobrevivir a una insólita sucesión de emergencias sobrevenidas en sus mandatos. Desde la crisis sanitaria, económica y social de la pandemia (2020), la borrasca Filomena y el volcán de La Palma (2021), o la crisis energética y de seguridad por la guerra en Ucrania (2022), a la dana de Valencia (2024), el gran apagón que dejó a España sin luz (2025) y, en este recién estrenado 2026, la crisis ferroviaria que en apenas cinco días sumó los siniestros de Adamuz, Gelida y Cartagena o el caos en Rodalies.
“Vox le está metiendo miedo a la gente sobre el transporte más seguro de este país”, alertan en la Moncloa
El problema añadido es que si Sánchez ya vio empañados los estandartes con los que llegó a la Moncloa en el 2018, de la lucha contra la corrupción y del feminismo –por los escándalos de presuntas mordidas en contratos de obra pública y acoso sexual que salpican al PSOE–, ahora ve amenazada su bandera de la gestión de los servicios públicos frente al modelo neoliberal de “recortes y privatizaciones” que atribuye al PP.
El Gobierno volvió a activar así su manual anticrisis y a desplegarse para tratar de salvar esta bandera de la gestión pública. El propio Sánchez fijó las prioridades ante esta crisis ferroviaria. “Vamos a responder como hemos respondido a cualquiera de las crisis a las que nos hemos enfrentado durante estos últimos ocho años: con empatía hacia las víctimas, con transparencia, con cooperación entre instituciones, porque tenemos competencias repartidas, y con eficacia, porque tenemos que restablecer la confianza por parte de la ciudadanía”.
El perfil político del presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, y el respeto al duelo oficial que defendió el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, fueron fundamentales para evitar repetir, ante el accidente de Adamuz que suma 45 víctimas mortales, el choque institucional y político con el Gobierno en el que derivó casi de inmediato la tragedia de la dana en Valencia, que se cobró 230 vidas.
Esta dura confrontación con el entonces presidente de la Generalitat, Carlos Mazón –que tuvo que dimitir un año después entre acusaciones de “negligencia”– solo dio alas a la ultraderecha de Vox y excitó los ánimos de los afectados hasta el punto de que Sánchez resultó agredido durante su visita a Paiporta, en la que acompañaba al Rey, el 3 de noviembre del 2024.
La cooperación institucional con Moreno Bonilla ante el accidente de Adamuz, no obstante, mantiene desactivada, al menos por ahora, la ofensiva del Gobierno y del PSOE por la crisis de los cribados de cáncer en la sanidad pública andaluza.
Restaurar la confianza de la ciudadanía en el servicio ferroviario, y sobre todo en la alta velocidad como una de las joyas de la corona del transporte en España, es ahora uno de los principales objetivos del Ejecutivo. “Vox le está metiendo miedo a la gente sobre el transporte más seguro de este país”, alertan en la Moncloa.
Y están volcados en transmitir un alud de datos para acreditar la seguridad del sistema ferroviario español y su baja siniestralidad frente a la media de la UE, y en defender el “incremento exponencial” de la inversión acometida desde el 2018, tanto para abrir nuevas líneas como para su mantenimiento.
El Ejecutivo también activó un plan de choque comunicativo, con el mismo formato explicativo diario que ya desplegó durante la pandemia, con comparecencias de ministros acompañados de técnicos y expertos. El ministro de Transportes, Óscar Puente, está al frente de esta estrategia informativa. “No me voy a esconder, nunca ha sido mi estilo”, advierte.