Europa, India y las Indias
Enfoque
Treinta y un día de enero del 2026, el mundo cambia de base y Europa gana mercados

“Europa no reacciona”. “La Unión Europea parece perdida”. “Europa nada puede hacer frente ante la pinza de Estados Unidos y Rusia”. Cuantas veces no habremos oído estos comentarios en los últimos meses. Posiblemente lo hayamos pensado nosotros mismos en más de una ocasión. El europesimismo está de moda, pero cuidado con las flagelaciones. Este mes de enero también ha habido señales de una cierta reacción. Decisiones que no emiten pitidos muy agudos en medio de una gran confusión. Este mes de enero del 2026 -que hoy concluye- hemos asistido a un ensanchamiento del presente.
Una fuerte dilatación del presente. Suceden muchas cosas a la vez, importantes, novedosas e inquietantes, signos de un tiempo nuevo, de un Nuevo Mundo que se despliega. Cuando intentamos comprender qué sucede en Venezuela, estalla la crisis de Groenlandia y los noticiarios se llenan de mapas e informaciones sobre el océano Ártico. Cuando empezamos a captar la importancia que puede tener el deshielo del Ártico con la ayuda del libro de Marzio G. Mian, Guerra Blanca, estalla una revuelta en Irán que es reprimida duramente sin aparecer muchas imágenes en las pantallas. Cuando Donald Trump amenaza con actuar militarmente en Irán, el mismo Trump frena en Davos a propósito de Groenlandia y al cabo de unos días la nueva policía política de los Estados Unidos, el ICE, asesina a un ciudadano de Minneapolis que osaba protestar por la crueldad de sus métodos. Diez balazos a sangre fría difundidos por todas las pantallas que en el mundo existen. Cuando las protestas por el asesinato de Alex Pretti se extienden a otras ciudades norteamericanas, aparece la primera dama Melania Trump, la silenciosa Melanya Knavs, nacida en Eslovenia, la distante Melania, de la que ahora se estrena un documental, pidiendo a la gente que se modere en la protesta. Cuando Trump también frena en Minessota, leemos que Xi Jinping ha depurado a casi toda la cúpula militar china, como hiciera Stalin con los altos mandos del Ejército Rojo cuatro años antes de que Hitler ordenase la invasión de Rusia en 1941. El mariscal Tujachesvsky, viceministro de Defensa, fue fusilado. El general Gamalrik, comisario general del Ejército, se ‘suicidó’. En China parece que los destituidos de la cúpula militar van al ostracismo. Cuando intentas descifrar –tarea imposible- que hay detrás de la mirada hierática del general Zang Houxia, la Unión Europea parece resurgir en India, y en Venezuela se aprueba la nueva ley de Hidrocarburos, que revierte la nacionalización del petróleo promovida en 1976 por Carlos Andrés Pérez, gran amigo Felipe González en los años transitivos. CAP fue presidente de la Venezuela Saudita y después se estrelló. La reforma de la ley cancela la posterior nacionalización de Hugo Chávez. La empresa estatal PDVSA ya no controla el negocio. La verbosa revolución bolivariana ha concluido. No ha pasado un mes de los acontecimientos del 3 de enero en Caracas y en Venezuela se acaba de promulgar el decreto de nueva planta petrolera y una amnistía. Y ahora van a por Cuba. Estaba escrito. Está escrito, negro sobre blanco, en el documento de la nueva doctrina de Seguridad Nacional de Estados Unidos, publicado el 3 de diciembre. Han sido dos meses para recomponer la visión mundo. Pero lo local se cruza con lo global estalla una tremenda crisis del sistema ferroviario español que puede ser el epílogo del gobierno de Pedro Sánchez, ahora sí, después de un ciclo de ocho años. Mientras en televisión algunos tertulianos pasan a la velocidad del rayo de los enigmas geoestratégicos del Ártico a los secretos de las soldaduras de ferroviarias, el presente se expande en un vagón del AVE Madrid-Barcelona que realizará el viaje en cuatro horas y media porque toda precaución es poca después de una gran tragedia. Se rompió la confianza en el Estado en la dana de Valencia. Se ha vuelto a romper ahora con el accidente de Adamuz. Cuatro horas y media. Tiempo suficiente para pensar donde vas a colocar el primer punto y aparte en este texto. Cuando llegas a las inmediaciones de ese punto te das cuenta de que el presente expandido es esto: una densa sucesión de acontecimientos capaces de modificar la visión general de las cosas, sin pausa ni descanso. El presente expandido aturde y expulsa. Un mundo nuevo. Estados Unidos en la senda que conduce al autoritarismo. El show perpetuo de Trump en el lado oscuro de una película de David Lynch. Los papeles de Epstein. El documental de Melania. Un nuevo mundo sórdido. Las dos, tres, cuatro, cinco velocidades de Europa, China y sus misterios, la impenetrable Rusia dispuesta a matar de frío a los ucranianos para forzar su rendición antes de que llegue el verano. Y las tensas costuras del crecimiento español, ahora perfectamente visibles. Todo revuelto. La tragedia de Adamuz, la extrema derecha criticando a la Reina por no persignarse en los funerales católicos oficiados en Huelva (inclinó la cabeza ante el altar en señal de respeto), un país consternado, desconfianza a raudales. Malestar, con el episcopado satisfecho por la regularización de inmigrantes. Es la línea del Papa. El discurso de Francisco y el discurso de León. Y una palabra rodando por la pendiente. Rodalies es hoy la expresión catalana más conocida en España. Rodalies viene de rodal (espacio circular) y los trenes de cercanías hace veinte años que ruedan mal. El català emprenyat nació hace dos décadas en una estación ferroviaria repleta de gente esperando trenes retrasados. Mal asunto una recaída. Esta nueva crisis de confianza puede ser altamente peligrosa para el Partido Socialista. Pedro Sánchez lo sabe, y Alberto Núñez Feijóo, también. El voto catalán salvó in extremis al PSOE en las elecciones generales del 23 de julio del 2023, y ahora puede hundirle. El ministro Óscar Puente se defiende bien en las conferencias de prensa, en las comparecencias parlamentarias y en las redes sociales, pero cabe preguntarse si no habrá querido ir demasiado deprisa en su afán de perfilarse como el más sólido aspirante a la sucesión. Hay mucha tensión entre el Ministerio de Transportes y la Generalitat. Puente, impetuoso, no ha cuidado a Salvador Illa en la carpeta ferroviaria. Tan importante como la de la financiación. Hay mucho trazo grueso en España, pero también hay líneas que se hacen más visibles cuando el Infortunio interviene en la política y se suma a la expansión del presente. Llega el punto y aparte cuando las tertulias saltan de la soldadura ferroviaria a la regularización de inmigrantes que Sánchez ha pactado con Podemos diez días antes de las elecciones en Aragón. Núñez Feijóo sostiene que lo han hecho para cambiar de tema, para que se hable menos de la tragedia ferroviaria y del colapso catalán. ¿Un pacto del PSOE con Podemos ahora? En Sumar están boquiabiertos. Punto y aparte.
Regresamos al principio y la conclusión, necesariamente provisional, es que Europa responde al despliegue del Nuevo Mundo con el instrumento que mejor conoce la denostada burocracia bruselense: la política comercial. La Unión Europea ha acelerado los acuerdos comerciales con Mercosur e India como respuesta estratégica a la presión estadounidense, con el objetivo de dar aire a la industria, no sólo a la industria alemana. Para las pequeñas y medianas empresas españolas pueden ser buenos ambos acuerdos. Otros pactos similares pueden cerrarse en los próximos tiempos con Australia, Malasia, Filipinas y Emiratos Árabes. Ensanchar los mercados, mientras Alemania lanza mensajes en favor de una Europa a dos velocidades, una federación de seis, siete, ocho países (Alemania, Francia, Italia, España, Portugal, Países Bajos, Dinamarca…) para avanzar en el ámbito de la defensa y la competitividad industrial, sabiendo, como dijo el primer ministro canadiense Mark Carney en Davos, que el orden anterior no volverá. El canciller Friedrich Merz ha tomado la iniciativa esta semana, con un mensaje complementario que habla de recorte del gasto público. Con las dos velocidades podría venir otra fase de austeridad con timbre tudesco. Hace quince días, Pedro Sánchez hablaba de las dos velocidades, sin austeridad, en una entrevista con Guyana Guardian. Al cabo de unas horas dos trenes de alta velocidad chocaban en Andalucía y expandían trágicamente el presente. Merz y Sánchez parece que dicen lo mismo, pero no dicen exactamente lo mismo. Merz postula una nueva etapa de ajuste del gasto social (pensiones incluidas), no quiere fuertes enfrentamientos con Trump para no perjudicar a la industria alemana, y busca la complicidad de Italia, porque Giorgia Meloni juega muy bien a dos bandas, porque Italia enlaza los Alpes con el norte de África, y porque la industria del norte, Lombardia y Véneto especialmente, está muy inserta en la economía alemana. Sánchez se mueve en otro plano: quiere preservar el crecimiento español y concluir la legislatura con una gran batalla electoral. Merz quiere atraerse a Meloni, mientras aguarda que pasa en Francia y España. Con muy buenos datos macroeconómicos, con el paro por debajo del 10% por primera vez en 17 años, con el déficit rebajado en el 2,5%, por debajo de Alemania, la mitad de Francia, Sánchez ha topado con el Infortunido. Se tensan las costuras de la vivienda y de los servicios públicos en un país que se aproxima ya a los 50 millones de habitantes. En medio de una fuerte crisis de opinión pública, Sánchez decide regularizar la situación de medio millón de inmigrantes. Sabe que va a perder Aragón y supone que la batalla final puede ser de signo distinto. Se comporta como un mariscal ruso en 1812: quema posiciones, deja que el adversario avance, que Vox capture estratégicamente al Partido Popular, para ir a unas elecciones generales de época. Pacta ahora con Podemos y no da por perdidos los presupuestos generales del 2026. Sólo han pasado treinta y un días.
Y el presente se expande en un vagón del AVE que teme la fatiga del metal.