Política

Los partidos en torno a Sumar refuerzan su alianza y cierran el paso a Podemos

El futuro de la izquierda 

Las formaciones evitan alimentar prematuramente el debate sobre liderazgos

La co-coordinadora de Movimiento Sumar, Lara Hernández,

La co-coordinadora de Movimiento Sumar, Lara Hernández,

Rodrigo Jimenez / EFE

En la izquierda plurinacional se percibe un movimiento silencioso pero decidido, que va más allá de la simple coordinación interna. Tras casi un año de trabajos sigilosos, a los que precedieron varios meses más de tensiones que parecían irreconducibles, Comuns, IU, Más Madrid y Movimiento Sumar han decidido bajar el balón a tierra y recomponer su alianza. No solo para afianzar la unidad de un bloque que hasta ahora generaba dudas, sino también para redefinir su funcionamiento interno y marcar con mayor claridad los límites hacia fuera.

Esa delimitación externa tiene un destinatario concreto: Podemos. Durante el último ciclo electoral, la formación morada ha intentado reordenar el espacio a su favor mediante alianzas selectivas —principalmente con Izquierda Unida— que buscaban sumar fuerzas propias y, de paso, debilitar a sus exsocios. En Extremadura, Aragón y Andalucía se exploraron fórmulas de cooperación que implicaban dejar deliberadamente a Movimiento Sumar fuera de la ecuación en una estrategia orientada a fracturar el bloque y reconfigurarlo desde fuera. De hecho, fuentes moradas no han ocultado que la idea era culminar esa deseada operación arrastrando también a los Comuns cuando tocaran elecciones en Catalunya.

Gabriel Rufián impulsa en paralelo un movimiento distinto, más informal y difícil de descifrar

Pero la nueva alianza entre los partidos de Sumar en el Gobierno, puesta en marcha esta semana, cierra la puerta a cualquier aspiración de Podemos. No se trata solo de una respuesta coyuntural, sino de un cierre explícito a los juegos de división que, admiten en privado, han lastrado al espacio durante meses. “Es finiquitar la estrategia de enredo”, resume un dirigente implicado en el proceso.

No es un anhelo, sino un hecho como demuestra la creación de una dirección de partidos al margen del grupo parlamentario, concebida como un espacio propio de coordinación política y estratégica. Esa separación de ámbitos permitirá que el grupo en el Congreso, bajo el control de Movimiento Sumar, se concentre en la actividad parlamentaria mientras que la nueva dirección colegiada abordará las cuestiones más sensibles de la alianza. Desde la confección de listas hasta las futuras coaliciones territoriales con otras formaciones como pudieran ser Compromís o Més per Mallorca.

En este contexto, los partidos se han conjurado para no alimentar antes de tiempo el debate sobre los liderazgos. La prioridad compartida es resetear lo que ha sido hasta ahora Sumar, ensanchar el campo y reconectar con el electorado que abrazó el proyecto en el 2023 y que desde entonces se ha ido alejando.

Solo ha habido un leve desvío del guion. El coordinador federal de IU, Antonio Maíllo, deslizó públicamente que la nueva etapa requeriría una renovación del liderazgo, una referencia implícita a Yolanda Díaz que fue rápidamente reconducida por todas las partes. El toque a rebato evidenció hasta qué punto la coalición ha interiorizado la importancia de situar el proyecto colectivo por encima de cualquier protagonismo individual. Al menos en esta fase incipiente.

Pero en el espacio de la izquierda alternativa rara vez hay una sola operación en marcha. Mientras los partidos que conforman Sumar en el Gobierno avanzan, en paralelo se ha activado un movimiento de naturaleza distinta, más informal y todavía difícil de descifrar, impulsado por Gabriel Rufián. El portavoz de ERC en el Congreso ha iniciado una ronda discreta de conversaciones con dirigentes del espacio progresista —entre ellos Emilio Delgado, de Más Madrid, y Oskar Matute, de EH Bildu— con el objetivo de explorar el estado de ánimo de una izquierda que percibe fatigada y necesitada de sacudidas.

No se trata, al menos por ahora, de un proyecto orgánico ni de una alternativa articulada a Sumar. Y tanto ERC como EH Bildu se han encargado de marcar distancias formales. Pero la iniciativa introduce un elemento diferencial ya que sí cuenta con un liderazgo inequívoco que capitaliza atención y expectativas. La figura de Rufián introduce un factor de incertidumbre difícil de calibrar puesto que nadie acierta aún a definir qué papel podría desempeñar —si es que lo hace— fuera del marco orgánico de su partido y al margen de las alianzas tradicionales.

Asier Martiarena Olveira

Asier Martiarena Olveira

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Cronista del departamento de política luego de diez años siguiendo el día a día de Madrid entre 2011 y 2022. Previamente en Microsoft News y el periódico Metro.