Política

La Castilla despoblada ejerce su voto ante el desinterés.

Castilla y León abre periodo electoral

Énfasis en sanidad, Mercosur y viviendas.

Juan José Redondo, un agricultor de Magaña de 81 años. Su sobrino fue el último niño en nacer en el pueblo, hoy tiene ya 54 años

Juan José Redondo, un agricultor de Magaña de 81 años. Su sobrino fue el último niño en nacer en el pueblo, hoy tiene ya 54 años

Toni Galan

Por las calles de Magaña ya no se escucha el llanto de los bebés. Juan José Redondo, agricultor de piel curtida durante 81 años por el frío soriano, recuerda que el último en nacer fue su sobrino, hace ya más de cinco décadas. El pueblo, partido en dos por el río Alhama, tenía por entonces más de 400 habitantes. Hoy no son más que 26. “Si no me paso por el bar, hay días en los que no me cruzo con nadie”, dice resignado. Por no ver, no ve ni al médico, que solo les visita una vez al mes, ni al pescadero o el carnicero ambulante, ya sin parada en la localidad. “¿Qué si las elecciones pueden cambiar algo? No, somos los olvidados del mundo”, se despide desde el tractor camino a sus tierras.

Castilla y León afronta este domingo las segundas elecciones regionales por separado de su trayectoria. El sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) refleja que el declive demográfico es la inquietud prioritaria de los ciudadanos, por delante de la salud pública, el desempleo y el acceso a la vivienda. No resulta extraño en una región que posee el 20% del territorio del país pero apenas el 5% de sus habitantes –cerca de 2,4 millones de personas– y en la cual el 70% de su superficie tiene una concentración poblacional inferior a 10 residentes por km², lo que la Unión Europea denomina como “desierto demográfico”. En áreas como las Tierras Altas, la zona del noreste de Soria donde se localiza Magaña, este dato se desploma hasta los 2 habitantes por kilómetro.

Dentro del establecimiento Motores de la cabecera de comarca, San Pedro Manrique (630 habitantes), se percibe bastante más movimiento. Mientras degusta unos torreznos, su primer edil, José Antonio Hernández, relata que en este lugar sobra el trabajo, ya sea en el centro de mayores, el aprovechamiento de los montes o la fábrica de embutidos La Hoguera, que da ocupación a cerca de 120 personas, aunque escasean los trabajadores de la zona y deben buscarlos en otros sitios. “Van y vienen todos los días, pero no pueden instalarse porque no hay viviendas disponibles”, expresa con pesar. Existen inmuebles en la localidad, no obstante, sus propietarios desconfían de arrendarlos o residen lejos y los mantienen desocupados para el verano, motivo por el cual el mandatario solicita a la Junta que impulse la edificación de pisos protegidos destinados al arrendamiento. “Es la única forma de fijar población y que lleguen nuevos críos”, señala.

Castilla y León ocupa el 20

Dentro de sus exigencias también aparecen beneficios tributarios para quienes habitan en áreas tan despobladas, más subvenciones para las compañías que optan por radicarse en la zona o agilizar los trámites y plazos burocráticos. “Y que arreglen la fibra”, menciona el trabajador. Se refiere a las fallas en las telecomunicaciones, que les dejan habitualmente sin acceso a internet ni señal móvil. “Más que vaciada, somos la España abandonada”, protesta el mandatario local.

Esa sensación también cunde entre muchos trabajadores del campo castellano, un sector con gran peso. A problemas añejos como la falta de rentabilidad o de relevo generacional se le ha sumado el temor al acuerdo de Mercosur. Según un informe de la actividad digital de los castellanos de la consultora BeConfluence, un 68% de los usuarios rastreados ve este tratado como una “amenaza existencial” o “ruina total” para el sector, una brecha por la que partidos como Vox intentan sacar petróleo. “Dicen cosas razonables que otros no se atreven”, asegura el agricultor Sergio Rica desde Peñalba de Castro (Burgos).

A sus 39 años, con 120 hectáreas de plantaciones y 4.500 ejemplares porcinos, no manifiesta su intención de voto, pero estima que su ascenso en el ámbito rural se vincula además a su mensaje sobre la inmigración o las “paguitas”, que en municipios como el suyo se identifican plenamente. “Habría que ver cómo lo hacen si gobiernan”, sostiene.

El objetivo fundamental mencionado en el documento es la “desatención” de salud, especialmente dentro de los entornos rurales. Dentro de Villar del Río (70 habitantes), que comparte denominación con la localidad de “Bienvenido Mr. Marshall”, dicha meta requiere volver a abrir la oficina de farmacia, clausurada por la Junta hace ya ocho ejercicios. Agrupados mediante un colectivo vecinal, han acumulado numerosos reclamos, misivas, protestas y encuentros. “Es un pilar esencial del sistema sanitario rural”, afirma su representante, Nieves Orte, señalando que tales establecimientos orientan, comunican, actúan como enlace con el personal médico y logran identificar trastornos de bienestar psicológico en habitantes mayoritariamente mayores y con múltiples tratamientos. El inmueble se encuentra preparado después de la reciente remodelación, que abarca el domicilio del boticario, y el Procurador del Común ha respaldado su postura al solicitar a la Junta que agilice la reapertura, aunque aún no se han obtenido logros positivos.

La lucha de Beratón, 40 censados a los pies del Moncayo, es más modesta: la reapertura del bar. Su alcaldesa, Carmen Lapeña, cuenta que antes lo llevó una pareja joven de Cuenca a los que les ofrecieron casa y negocio sin costes, pero el frío invernal y el desplome de actividad les llevó a hacer las maletas a los meses. Ahora lo ha cogido un matrimonio del Dombass ucraniano, cuyos hijos están instalados en la vecina Tarazona. “Vamos a probar suerte. Si funciona le daría mucha vida al pueblo”, cruza dedos su regidora.

Ejerce de corresponsal en Aragón desde enero de 2023. Previamente, fue informador en la zona de Asia-Pacífico con sede en Hong Kong (2014-2022) Graduado en Periodismo y en Derecho

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