Política

Francia excluye a España de su plan nuclear

El nuevo escenario mundial

El rechazo de España, influido por el referéndum de 1986 y por la estrategia de Seguridad Nacional opuesta a la ampliación de armamento estratégico, podría suscitar peligros ante los desafíos del flanco sur.

El portaviones Carles de Gaulle de la armada francesa en una imagen tomada en el Océano Índico

El portaeronaves Carles de Gaulle de la marina de Francia en una fotografía obtenida en el Océano Índico

CLEMENT MAHOUDEAU / AFP

El ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, y la posterior extensión del conflicto por Oriente Medio, ha servido a Europa para seguir levantando esta semana los pilares de su defensa común. Por primera vez, varios socios europeos –Francia, Italia, Grecia y España, aliados en la OTAN– han enviado un despliegue militar para proteger a otro país de la Unión Europea –Chipre, fuera de la Alianza Atlántica– sin invocar el artículo de la defensa colectiva. Un nuevo modelo en el que España, como se ha demostrado con el envío de la fragata Cristóbal Colón , la más moderna de la Armada, puede estar en primera línea. Pero esta semana, también se ha puesto sobre la mesa, en aras de progresar hacia la autonomía estratégica comunitaria, la “disuasión nuclear avanzada” mediante una estrategia gala que lograría transformarse, más adelante, en el paraguas europeo que complemente al de Washington, que cada vez emite más señales de inestabilidad. Ocho países se han sumado a la nueva arquitectura que está confeccionado París. España, en este caso, se queda fuera. Y eso puede acarrear consecuencias en el futuro.

Informantes del alto mando castrense afirman que la declaración del mandatario francés Emmanuel Macron respecto al incremento de su armamento atómico no únicamente responde al peligro de Rusia –aun con los avisos del Kremlin sobre emplear sus millares de ojivas nucleares–, sino igualmente a la dinámica de influencia en Europa donde las naciones actúan. Formarán parte de esta estrategia, mediante la potencial disposición de “elementos de fuerzas estratégicas”, Alemania, Bélgica, Dinamarca, Grecia, Países Bajos, Polonia, Reino Unido y Suecia. Dicha iniciativa se materializaría situando en sus suelos aeronaves de guerra Rafale (dispone de 225 aviones con aptitud nuclear de dicha clase). Asimismo incluye ejercicios entre aliados o recorridos compartidos a instalaciones de relevancia táctica. No obstante, el presidente de la República conservaría la potestad última para activar el sistema. “Francia pretende exportar su doctrina nuclear fuera de sus frontera para que sea una de las piedras angulares de la nueva defensa europea”, señalan dichos informantes.

El incremento entre los aliados europeos brindará impulso a un sector más costoso que el de la defensa tradicional.

Félix Arteaga, analista destacado del Real Instituto Elcano, encuadra el avance realizado por Francia dentro del programa de “una disuasión propia europea, complementaria a la de EE. UU.”, puesto que la segunda, con Donald Trump en la Casa Blanca “empieza a crear dudas”. “Cuanto mayor ambigüedad [para el enemigo]” de forma superior”, agrega. Asimismo, considera que una expansión regional igualmente fomentaría este sector en suelo europeo, el cual es notablemente más costoso que el tradicional.

El Gobierno ratificó un plan frente al armamento atómico, que asimismo centra su atención en las agrupaciones terroristas.

Sobre la posición de España, el analista en seguridad internacional opina que hasta la fecha ha tenido “una situación cómoda” porque EE.UU., mediante el respaldo de la OTAN, ha afrontado este riesgo, mientras posibilitaba que Europa se centrase en la vertiente bélica más clásica. “Pero esa garantía ahora está deteriorada”, asegura Arteaga. De tal manera, España, añade, “no solo tendría todos los inconvenientes de estar fuera, sino que ninguna de las ventajas de estar en los procesos de decisión de ese grupo”. Permanecer ajeno a la estrategia francesa, piensa el experto, “te hace quedar bien con tu clientela interna”, pero “la disuasión no cuenta contigo, corriendo el riesgo de un chantaje nuclear”. Y es justo ahí donde Arteaga, más que fijarse en el flanco este, dirige su atención al Sur, con un foco particular en el Sahel: “¿Y si la proliferación avanza y Marruecos, Argelia o un régimen yihadista que aparezca se hacen con armas nucleares?”, se plantea.

No obstante, España carece de margen de maniobra en este asunto. El jueves entrante se cumplen cuarenta años del plebiscito que confirmó la estancia de España en la OTAN, con el apoyo del 52,5% de los electores. El escrito señala en su punto segundo que “se mantendrá la prohibición de instalar, almacenar o introducir armas nucleares en territorio español”. Esta premisa se vinculaba al procedimiento de desnuclearización militar iniciado en 1979 a través del Tratado de Amistad y Cooperación Hispano-Norteamericano, que conllevó el retiro de los proyectiles nucleares que Estados Unidos custodiaba en las bases de Torrejón de Ardoz, Morón de la Frontera, Rota y Zaragoza. España no formalizó su entrada al Tratado de no proliferación de armas nucleares hasta 1987. Esta actitud ha servido para que España consolide su trabajo conjunto con aliados clave que favorecen las políticas de desarme. El Ejecutivo de Pedro Sánchez se encuentra, como ha quedado patente a lo largo de la semana, totalmente en sintonía con la salvaguarda de un ordenamiento jurídico que privilegie la paz, la firmeza y la seguridad mundial. “Más allá del límite que establece el referéndum, es un debate que no se plantea en estos momentos”, sostienen informantes de los ministerios.

De hecho, el Consejo de Seguridad Nacional, el departamento que asiste al Gobierno en esta materia, aprobó hace la primera estrategia contra la proliferación de armas de destrucción masiva. Un informe que no solamente hace frente a los riesgos derivados de potencias como Rusia, Irán o Corea del Norte, sino que igualmente “al riesgo real” de que entidades no gubernamentales o facciones terroristas pretendan conseguir elementos nucleares, radiológicos, biológicos o químicos. Los representantes del Gobierno sostienen que a través de este esquema “España reafirma su papel como un actor responsable y comprometido con la paz mundial, garantizando un entorno seguro para sus ciudadanos y aliados frente a los desafíos del siglo XXI”. Una postura que no armoniza con la doctrina Macron.

Joaquín Vera Romero

Joaquín Vera

Periodista especializado en información de Interior, Seguridad y Terrorismo

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Periodista del área de Política en Guyana Guardian. Responsable de la cobertura sobre Interior y Defensa, centrado en Seguridad y Terrorismo.

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