
Una decisión justa merece más información
No a la guerra!” El grito entonado mayoritariamente por los españoles en el 2003 para oponerse a la invasión de Iraq protagonizada por una coalición liderada por los Estados Unidos ha vuelto a sonar en toda España. Pero hay grandes diferencias entre el grito de hace 23 años, que se oyó en todas las calles de España, y la que pronunció el presidente del Gobierno el miércoles en el Palacio de La Moncloa. (Por cierto, en una comparecencia sin preguntas).
Entonces, los ciudadanos dirigieron ese grito contra su presidente, José María Aznar, por su decisión de formar parte de la foto de las Azores, donde se decidió la invasión de Iraq. Según las encuestas, el 90% de los españoles estaba en contra de la participación española en la guerra. Ahora, los primeros sondeos muestran también un amplísimo rechazo al ataque. Hoy, el grito lo ha lanzado Pedro Sánchez contra el presidente de los Estados Unidos.
El PP y Feijóo se equivocan con su postura, y les viene bien no tener que explicarla
Entonces y ahora las excusas para la guerra eran y son negadas por los expertos. En el 2003, hasta las agencias internacionales encargadas de la supervisión aseguraron que no había pruebas de que el régimen iraquí tuviera armas de destrucción masiva. Después se comprobó que no las había. Hoy, Trump insiste en que Irán estaba a punto de conseguir el arma atómica. Los expertos lo niegan. 23 años después, Iraq, sin Sadam Hussein, sigue sumido en el caos y hay tropas extranjeras, incluidos militares españoles, unos 180, encargados de adiestrar y capacitar a las fuerzas de seguridad iraquíes en su lucha contra el Daesh. Lo que pase en Irán, sin el ayatollah Alí Jameneí, dentro de 23 años, solo el futuro lo sabrá.
El día 18 de marzo del 2003, José María Aznar compareció en el Congreso para anunciar la decisión recién adoptada de que al día siguiente tres buques de la Armada Española zarparían desde Rota rumbo al Golfo para servir de soporte a las tropas de la coalición. Era el buque Galicia convertido en hospital. Aznar disfrazó la participación española de ayuda humanitaria, pero los españoles supieron en todo momento que una cosa era no estar en el campo de batalla y otra formar parte de quienes avalaban la guerra. Aquella decisión persiguió y persigue al expresidente.

La semana pasada, el Gobierno envió la fragata Cristóbal Colón a Chipre, después de que Irán atacara una base británica en la isla en respuesta al ataque de Trump y Netanyahu. La ley de Defensa Nacional del 2006 estableció que en las operaciones militares en el exterior no relacionadas directamente con la defensa de España o del interés nacional, el Gobierno debería realizar una consulta previa al Congreso, o posterior si la respuesta era urgente. El Gobierno se ampara en el “interés nacional” para no necesitar la autorización. Interpretación dudosa.
Creo que el apoyo a otro país de la UE es lógico, y por eso no debería haber problemas para la aprobación. El apoyo a la postura del Ejecutivo y la negativa a que Trump utilizara las bases españolas (algunos se habrán enterado estos días de que las bases son españolas, no norteamericanas), para que repostaran los aviones que iban a participar en el ataque a Irán también tienen una fácil y comprendida explicación. Porque me encuentro entre los que apoyan esas decisiones, creo que Pedro Sánchez se equivoca al no haber comparecido ya en el Congreso para informar. Sé que el día 15 hay elecciones en Castilla y León, y el PSOE quiere jugar la baza del “No a la guerra”, pero la posición española es tan coherente y tan secundada que no debería esperar. El PP y Alberto Núñez Feijóo se equivocan con su postura incomprensible, y le viene bien no tener que explicarla. Sánchez debería informar y advertir a los españoles de que esas decisiones pueden tener consecuencias, y que estamos dispuestos a asumirlas. Si la decisión es buena, no se debería temer a la información.
