Las consecuencias de la guerra en Irán sacuden la campaña de Castilla y León
El nuevo ciclo electoral: la campaña del 15-M
El impacto del conflicto bélico alienta a conservadores y socialista y descoloca a Vox

Alberto Núñez Feijóo, ayer en Tordesillas

Empieza hoy la última semana de campaña para las elecciones autonómicas de Castilla y León. Alfonso Fernández Mañueco, el actual presidente de la comunidad y líder regional del Partido Popular parece tener asegurado el primer puesto en el recuento de la noche del próximo domingo.
Castilla y León es la tercera parada del convoy electoral diseñado inicialmente por el PP para poner en evidencia la debilidad de la izquierda y en particular del partido socialista. Una debilidad que se ha constatado en las dos anteriores estaciones, las de Extremadura y Aragón, donde el PSOE obtuvo unos malos resultados. En Extremadura perdió diez escaños y en Aragón, cinco. Puede que el domingo el descalabro no alcance esa magnitud.
Contra los planes iniciales de la dirección popular, tampoco para el PP las dos primeras citas electorales –en ambos casos, avanzadas sobre el periodo de cuatro años que les correspondería– han sido buenos. La competencia de los ultranacionalistas de Vox han ensombrecido las victorias de María Guardiola y de Jorge Azcón.
Abascal es él único que apoya a Trump mientras sube el precio del diésel con el que funcionan los tractores
Ninguno de los dos tiene asegurado a día de hoy el Gobierno de su comunidad porque, en ambos casos, la investidura depende del partido dirigido por Santiago Abascal que, por el momento, no parece tener ningún interés en, bien facilitar la constitución de los gobiernos –el viernes podría haberse abstenido en la investidura de Guardiola pero votó en su contra– o bien integrarse en los ejecutivos asumiendo carteras en los nuevos ejecutivos.
La expectativa de Vox es volver a obtener unos mejores resultados en estas elecciones en Castilla y León –de hecho alguna encuesta le ha situado como segunda fuerza política, por delante del PSOE– que en los anteriores comicios de hace cuatro años, cuando ya obtuvieron el 17% de los votos y 13 de los 81 procuradores en juego.
Sin embargo, la guerra desatada en Oriente Medio introduce un nuevo factor en la ecuación electoral que se dirimirá el domingo.
Los efectos del conflicto en la economía a corto plazo pueden alterar el marco electoral
De todos los partidos en liza, el de los ultranacionalistas que lidera Santiago Abascal –convertido en el defensor a ultranza del mundo agrario– es la única formación que mantiene, por ahora, su apoyo a la ofensiva combinada de Estados Unidos e Israel contra Irán que amenaza con provocar graves consecuencias económicas en todo el mundo.
Puede que esta campaña electoral acabe más pendiente del precio del diésel que hace funcionar a los tractores que de cualquier promesa electoral de los candidatos. Por el momento, este combustible ya ha subido 16 céntimos el litro y cuesta más que la gasolina.
En el mitin celebrado el sábado por la tarde en Soria, en el que participó Pedro Sánchez y el candidato a la presidencia de los socialistas, el alcalde de Soria Carlos Martínez, el secretario general de los socialistas ya advirtió contra los partidarios de esta guerra –Sánchez mete en el mismo saco a PP y a Vox, lo que no es del todo exacto– por las repercusiones económicas que esta confrontación va a tener sobre el coste de la vida. Con una gran bandera española de fondo Sánchez se presentó como el defensor de las víctimas colaterales del incendio provocado por Trump: los consumidores europeos.
De hecho, en el primer debate electoral celebrado esta semana pasada –el miércoles se celebra otro– Martínez fue el único candidato que planteó la necesidad de un plan de ayudas ante el incremento de los combustibles vitales para el sector agrario.
Mañueco, el presidente y candidato del PP que ayer celebró un mitin acompañado por Alberto Núñez Feijóo en Tordesillas, no ha entrado en la cuestión. El aspirante trata de hacer una campaña de alcance regional, quizás guiado por la experiencia de sus predecesores en las dos anteriores contiendas electorales, en especial, el aragonés Azcón que, en la última semana de campaña trató de ganar impulso batiéndose contra Pedro Sánchez y no le salió nada bien.
Mañueco, el presidente de la comunidad y candidato ha optado por una campaña estrictamente regional
Mañueco es un político bregado que hasta el momento ha decidido ceñirse al guion de una campaña estrictamente castellanoleonesa. Ha evitado entrar a disputar el marco ideológico de Vox y su única reproche es que fueron sus socios al inicio de la legislatura y le dejaron colgado por intereses que nada tenían que ver con la comunidad.
Por el contrario, Feijóo ayer sí arremetió contra Vox en el acto de Tordesillas. El PP tiene ya demasiadas cuentas pendientes con su mejor aliado y su peor adversario.
Queda una semana de campaña, pero si los tambores de guerra en Oriente Medio siguen retumbando, quizás en Castilla y León algunas cosas puedan cambiar.
