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Alex Zsurzs, instalador profesional: “Si me estás contratando, yo tengo que responder y tengo que dar mi máximo. Y eso en empresas grandes, pequeñas y medianas no está bien visto”

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Su historia no va solo de electricidad o fontanería, va de cómo alguien que aprendió a sobrevivir desde niño convierte la productividad en una forma de ver la vida

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Alex Zsurzs, instalador profesional: “Si me estás contratando, yo tengo que responder y tengo que dar mi máximo o el 90% ni que sea. Y eso en empresas grandes, pequeñas y medianas no está bien visto”

Alex Zsurzs, instalador profesional: “Si me estás contratando, yo tengo que responder y tengo que dar mi máximo o el 90% ni que sea. Y eso en empresas grandes, pequeñas y medianas no está bien visto”

Hay oficios que se aprenden con manuales, y otros que se aprenden con una obsesión que no cabe en un horario de ocho horas. Alex Zsurzs, instalador profesional y empresario del sector, explica lo complicado que es sobrevivir, literalmente, en el mundo laboral. Defiende que, en muchos sectores, está mal visto dar el 100% de uno mismo. En palabras suyas, “si me estás contratando, yo tengo que responder y tengo que dar mi máximo o el 90% ni que sea” y eso, que puede parecer un motivo de orgullo, se convirtió en todo lo contrario.  

Yo no valgo para eso. No valgo para cumplir un horario

Zsurzs ha contado su historia en el podcast Sector oficios, en una conversación en la que cuenta un relato de emigración, aprendizaje y caídas económicas que termina con una empresa estabilizada, ocho trabajadores en plantilla y con la idea clara de que no todo el mundo está preparado para convivir con alguien que quiere trabajar “a destajo”.

De un pueblo rumano a Barcelona

Alex nació en Sighetu Marmației, un pueblo fronterizo entre Rumanía y Ucrania. La vida allí, según explica, era “otra época”. “Como sociedad y como mentalmente estamos a 30 años de distancia”, comenta al recordar su infancia. Sus padres se separaron pronto y su padre desapareció: “Nunca hemos tenido contacto”. Su madre, dice, hizo lo que pudo, y él creció “entre tíos, primos, abuelos, vecinos, casas de adopción, familias de adopción”.

Cuando tenía 13 o 14 años, su madre lo trajo a España junto a sus hermanos. Llegó y, a las dos semanas, estaba en el instituto, aprendiendo castellano en modo supervivencia.  Aquella sensación de estar perdido en un idioma nuevo se convirtió, paradójicamente, en un motor de aprendizaje: “Cada vez que aprendía una palabra, nunca me olvidaba de eso porque pasé mucha vergüenza”.

Aquella sensación de estar perdido en un idioma nuevo se convirtió, paradójicamente, en un motor de aprendizaje
Aquella sensación de estar perdido en un idioma nuevo se convirtió, paradójicamente, en un motor de aprendizajeSector oficios Podcast

La adolescencia no fue un camino de rosas. Repitió tercero de la ESO y su tío tomó una decisión clara: lo mandó a la obra. “Mi tío se dio cuenta de que yo no valgo para estudiar y que yo sí valgo para trabajar”. Y allí empezó la parte menos romántica del oficio: lo que en el sector se llama “hacer regatas”, picar, cargar, romper, preparar.

Pero, en una de esas jornadas, se electrocutó con fuerza en una obra antigua del Eixample. “Me caigo de la escalera y me despierto ya en el balcón agarrado a la barandilla”. Lo cuenta casi como si fuera un giro de guión. Y, sin embargo, ahí aparece el punto clave, ya que en vez de quedarse con el susto, se quedó con la pregunta. “¿Por qué me electrocuté? Empecé a investigar, a mirar vídeos y sin darme cuenta empecé a aprender mucho de la electricidad”.

Los “dioses” de la obra

Alex describe a los instaladores como si fueran una categoría superior dentro del ecosistema de la construcción: “Para mí eran como los dioses de la obra. Un tío que venía limpio, con sus herramientas impolutas, nuevas de caja”. A su vista, la obra no es sólo esfuerzo físico, si no que es un espacio donde se transmite cultura del trabajo, ritmo, jerarquías y orgullo profesional.

Esa fascinación por entender “por qué son dos cables, por qué tres” lo llevó a estudiar por las tardes en el Gremio de Barcelona mientras trabajaba de 8 a 5 en obra. “Hoy en día lo vería un poco cansado, requiere de mucha energía, mucha voluntad y mucha ambición”.

¿Cuándo ser demasiado bueno se vuelve un problema?

La paradoja llega cuando Alex vuelve a trabajar en una empresa tras la etapa con Rouget. Lo que debería ser estabilidad se convierte en frustración. “Me sentía limitado, me sentía que a los demás les molestaba”, y se dio cuenta de que su forma de trabajara, no era bien recibida por sus compañeros. 

Me sentía limitado, me sentía que a los demás les molestaba”
Me sentía limitado, me sentía que a los demás les molestaba”Sector oficios Podcast

“Yo siempre he querido no quedar bien, pero ser productivo, ser útil. Y eso en empresas grandes, pequeñas y medianas no está bien visto” y añade que “no está bien visto que tú hagas de más porque los van a exigir luego a ellos”. 

Hacerse autónomo

Decide hacerse autónomo “con una mano delante y una detrás”. Lo hizo con herramientas baratas, de segunda mano y con lo mínimo indispensable. “Con un metro, con una maceta, con unos destornilladores que no eran ni aislados y con eso yo hacía pisos enteros”.

Me arruiné dos o tres veces

“Como no estás al día de pago en Seguridad Social y Hacienda no te pagan”. Y la conversación se convierte en un absurdo circular: “Yo no puedo pagar porque tú me debes dinero, y tú no me puedes pagar porque yo no he pagado Hacienda”. Resultado: “Tienes que cerrar en dos meses, pedir dinero prestado, vender coches, vender herramientas”.

Ocho empleados y estabilidad 

Con el tiempo, Alex encuentra su equilibrio. Aprende la lección de diversificar clientes y crecer con colchón financiero: “Contraté dos personas más sabiendo que en todo momento yo puedo sobrevivir un año y no dependo de una empresa”. Ahora tiene una sociedad, ocho trabajadores y, según explica, vive con tranquilidad. “No estoy estresado por los pagos, estoy haciendo trabajos que me hagan feliz”.

Ha dejado atrás la obsesión de hacer “pisos enteros” y prefiere trabajos complejos: averías, automatizaciones cableadas, “automatizar un grupo de bombeos” o “un aljibe”. También se dedica a estudiar reglamentos “todos los años”, y asegura que hoy la vida le ha obligado a parar: tiene familia, un hijo pequeño y amigos que le ponen freno.