Hostal La Llagosta: ochenta años disfrutando de la vida frente al mar
Especial gastronomía
El restaurante familiar de Llafranch cumple ochenta años manteniendo intacta la esencia que lo hizo grande: cocina marinera de mercado, producto de proximidad y una hospitalidad que convierte a los clientes en invitados

El pescado llega directamente de la lonja hasta la mesa de La Llagosta
Hay lugares donde solo se va a comer, y lugares donde, además, se custodian historias. El Hostal La Llagosta es uno de estos últimos. Este año celebra ochenta años de vida: ocho décadas en que el mar, la familia y la cocina se han ido entrelazando hasta convertirlo en toda una institución de la Costa Brava.
1946: los inicios
Su historia comienza en 1946, cuando la familia Plà, originaria de Calella de Palafrugell, decide transformar el antiguo armador y salín de anchoas que tenían en Llafranc en un hostal. Aquel espacio, dedicado hasta entonces a conservar el pescado que llegaba del mar, se convertía en un lugar para acoger viajeros y cocinar el mismo producto del Mediterráneo que les había dado la vida.

Antes del restaurante estaban las barcas: la familia se dedicaba a la pesca con las llamadas parelles, embarcaciones de vela que inculcaron un profundo respeto por los ritmos del mar y por el valor del producto. Aquella mirada, nacida en cubierta, es todavía hoy el alma de la casa.
En 1955 llegaría una figura clave: la señora Maria Rosa Tarragó Daussà, que se incorpora al proyecto como propietaria y le da un impulso decisivo. Su constante trabajo y dedicación coinciden con el inicio del boom turístico en la Costa Brava, y pronto La Llagosta se convierte en referencia para viajeros de alto nivel, sobre todo de origen inglés y alemán, que descubren en este rincón de la costa catalana algo que los otros lugares no tienen. No es casualidad que, con los años, hayan pasado por sus mesas personalidades como el futbolista Kubala, o figuras internacionales como Liz Taylor, Eddie Fisher, Gloria Vanderbilt o Xavier Cugat. La Llagosta, sin pretenderlo, se convertía en parte de la memoria del lugar.
Desde 1946, cuatro generaciones de mar, cocina y familia han convertido este rincón de Llafranc en toda una institución de la Costa Brava
El ‘boom’ del turismo
Mientras muchos establecimientos cambiaban para adaptarse al turismo de masas, este hostal mantenía una apuesta clara: cocina de mercado, recetas marineras sin artificios y una hospitalidad familiar que convierte a los clientes en invitados. Con el paso del tiempo, las generaciones se han ido sucediendo, pero la esencia se ha mantenido intacta. En 2006 se incorpora la cuarta generación familiar, la familia Teixidor, que continúa el proyecto junto a la señora Tarragó. La casa evoluciona, pero no olvida de dónde viene.
Tradición de futuro
Hoy, ochenta años después, La Llagosta sigue viva gracias a la familia Teixidor: Àngel y Montse, los padres; Àlex, que recibe a los clientes en la sala, y Alícia, que da forma a los sabores desde la cocina. La carta habla de arroz de Pals, de pescado de la Llotja de Palamós, de carnes de ternera de Girona, de vinos del Empordà y de verduras y frutas del huerto propio de Palafrugell, cultivado con criterios ecológicos. Cada plato sigue hablando del mar, de la lonja, de la tradición que ha pasado de mano en mano, y todo ello bajo la atenta e inspiradora mirada de Maria Rosa Tarragó, testigo vivo de una historia que ya forma parte de la memoria del lugar.

Celebrar estos ochenta años no es solo conmemorar una fecha. Es celebrar las conversaciones frente al mar, los veranos que regresan año tras año, los clientes que ya son familia y la fidelidad a una manera de entender la cocina: honesta, arraigada y profundamente mediterránea.
Porque hay restaurantes que abren y cierran en función de cada época y de las modas. Y después hay lugares como La Llagosta, que con el paso del tiempo se convierten en parte del paisaje y de la memoria. Como el mar que tienen delante: siempre el mismo, siempre diferente.
Más información:
hostallallagosta.com
972 300 115