Roberto Bolaño vuelve a Blanes con una exposición en la casa Saladrigas

Artes

Una muestra en la casa Saladrigas reivindica el legado del escritor chileno y su vínculo con el municipio de la Costa Brava, aunque su presencia en Catalunya se expande hacia Barcelona y Girona

GRAFCT8386 Blanes (GIRONA) 14/02/2026. Los últimos dieciocho años de vida de Roberto Bolaño, los que pasó en la ciudad de Blanes y que coinciden con su apogeo creativo, son el esqueleto sobre el que se construye una muestra que rinde tributo al escritor y que según su comisario, Juan Insua, de no ser por la muerte prematura, ostentaría sin duda un premio Nobel. EFE/ David Borrat.

La exposición reúne imágenes y textos inéditos del escritor de Los detectives salvajes o 2666 

David Borrat / EFE

“El otro día estaba en la playa y creí ver un cadáver. Estaba sentado en uno de los bancos del Paseo Marítimo de Blanes quitándome la arena de los pies”, leemos en las primeras líneas de Sol, uno de los cuentos inéditos de Roberto Bolaño (1953 - 2003) que encontramos en las vitrinas de la exposición Roberto Bolaño: El visitante del futuro, comisariada por Juan Insúa, con la ayuda de Lautaro Bolaño y el apoyo de Mario Ros Vidal (a partir de la que hizo en 2013 en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona).

Los textos todavía no publicados en formato libro, que despiertan la curiosidad de los fans y se pueden leer con lupa, conviven en dos amplias salas con objetos con aura (como su máquina de escribir eléctrica o algunos ejemplares de su biblioteca de títulos de ciencia ficción), y con pantallas que lo muestran en entrevistas o que recrean visualmente su mundo de geometrías y chistes y caminos entrecruzados.

La exposición se puede visitar en la emblemática casa Saladrigas del último pueblo de la Costa Brava hasta el 26 de marzo

“Descubrí a Bolaño en 2001”, cuenta Insúa, “me lo recomendó el cónsul de Chile en Barcelona, ya había ganado el premio Rómulo Gallegos y participó al año siguiente en la primera edición del festival Kosmópolis, con la lectura de su provocativo ensayo Derivas de la pesada ”. Un texto sobre la literatura argentina después de Borges en el que no deja títere con cabeza. Desde este pueblo, a hora y media de Barcelona cuando los trenes son puntuales, se podía escribir con distancia y libertad.

La exposición, que invita a entrar en la cocina del escritor como si se tratara del laboratorio de un alquimista, se puede visitar en la emblemática casa Saladrigas del último (o primer) pueblo de la Costa Brava hasta el 26 de marzo. El edificio está situado en el mismo paseo marítimo por el que tanto le gustaba pasear al escritor de origen chileno, escenario de sus novelas La pista de hielo y El Tercer Reich.

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La muestra Roberto Bolaño: El visitante del futuro, en la casa Saladrigas de Blanes

David Borrat / EFE

La exposición, que invita a entrar en la cocina del escritor como si se tratara del laboratorio de un alquimista, se puede visitar en la emblemática casa Saladrigas del último (o primer) pueblo de la Costa Brava hasta el 26 de marzo. El edificio está situado en el mismo paseo marítimo por el que tanto le gustaba pasear al escritor de origen chileno, escenario de sus novelas La pista de hielo y El Tercer Reich.

Se vino a vivir aquí cuando su esposa, Carolina López, consiguió una plaza en el Ayuntamiento; a partir de entonces, él se pudo dedicar en cuerpo y alma, después de tantos años de trabajos informales, a una escritura desatada, 360, salvaje.

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La máquina de escribir de Bolaño se expone en la muestra

David Borrat / EFE

Entre 1985 y 2003 escribió en las viviendas familiares y los pequeños estudios, en calles todas cercanas al mar Mediterráneo, algunas de las obras fundamentales de nuestra época, como las novelas Los detectives salvajes o 2666, además de cuentos, novelas cortas y diversos proyectos que lentamente han ido viendo la luz. Lo hizo mientras criaba a sus hijos, jugaba a juegos de estrategia con sus compañeros de Joker Jocs, miraba películas que alquilaba en el Videoclub Serra o compraba dulces en la Pastelería Planells. Se hizo amigo de los dueños de los tres establecimientos.

Circuito Bolaño

Toda esa topografía emocional está señalizada y se puede caminar, idealmente con un libro del autor bajo el brazo. Entre los diecisiete puntos que conforman la Ruta Bolaño destaca ahora la Biblioteca Comarcal, que desde el año pasado se llama Roberto Bolaño. Es el centro de las actividades que, en estos momentos, y en alianza con la exposición, están reivindicando el vínculo del pueblo con la literatura del chileno.

La biblioteca pública se sitúa en uno de los tres ángulos que configuran el triángulo de la energía que nutre la literatura, junto con la librería y la biblioteca personal. En las librerías Sant Jordi –que era la que visitaba semanalmente Bolaño–, Llibresca y Ça Trencada –de X a vier Ros Miralpeix, de diseño marinero– se pueden encontrar los libros que permiten entender, una vez en casa, por qué el chileno echó raíces precisamente aquí. Blanes lo tenía todo: condición periférica; mar sin violencia (no como el mal llamado océano Pacífico); tren para ir de vez en cuando a Barcelona a comprar libros y visitar a amigos; y hasta un alemán interesante. Durante la primera mitad del siglo XX, Karl Faust dedicó su fortuna a construir en Blanes un jardín botánico, que bautizó como Marimurtra, con vocación de espacio epicúreo, donde convergieran biólogos de varias generaciones, para intercambiar su conocimiento y su amor por las plantas. No fue un dato menor para el autor de La literatura nazi en América.

Girona y Barcelona

Aunque Bolaño escribió que él sólo esperaba “ser considerado un escritor suramericano más o menos decente, que vivió en Blanes, y que quiso a este pueblo”, lo cierto es que su presencia en Catalunya se expande hacia Barcelona y Girona, donde vivió antes de que la paternidad le hiciera echar raíces junto a este mar rocoso.

De la calle del Lloro y el pasaje Les Voltes de Blanes, donde tuvo su estudio, pasamos al pequeño pasaje de la calle Tallers (número 45, escalera B) del Raval barcelonés, donde una placa recuerda su primera residencia al aterrizar en España en 1977. El piso fue su buhardilla parisina: medía 15 metros cuadrados. El escritor tenía 24 años, fumaba como un carretero, venía de México, era poeta.

La placa que recuerda que en este pasaje de la calle Tallers vivió el escritor chileno Roberto Bolaño

La placa que recuerda que en este pasaje de la calle Tallers vivió el escritor chileno Roberto Bolaño

Jordi Play

Desde allí se movía por los cafés cercanos, que todavía pueden visitarse: la granja Parisien, el Café Cèntric (que no era entonces turístico), el bar Elisabets y la Bodega Fortuny (que ahora se llama Caravelle). En frente sigue estando la tienda de artículos de escritorio Imprenta Llenas, donde todavía se pueden comprar las mismas libretas Miquelrius que usaba Bolaño. A pocos metros se encuentra la librería La Central del Raval, de la que es vecino el poeta Bruno Montané, el Felipe Müller de Los detectives salvajes.

Bolaño frecuentaba la desaparecida librería Canuda, cuyo fondo ahora se vende en El Siglo de Sant Cugat. Merece la pena subirse a los Ferrocarrils de la Generalitat para visitarla: es sorprendente y pintoresca como un escenario de fantasía y está llena de pequeños tesoros bibliográficos. La dirige el director chileno Ricardo House, autor del documental en varias partes La batalla futura sobre el autor de Llamadas telefónicas.

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Después de vivir tres años de intensa conversación poética en el Raval, se marchó a Girona, donde no tenía a nadie hasta que conoció a Carolina (con quien vivió en la calle Caputxins), a Javier Cercas (que lo convirtió en personaje de su novela Soldados de Salamina ) y a Ponç Puigdevall (a quien le dedicó el poema Prosa del otoño en Gerona : “La Escuela de Bellas Artes, la plaza de los cines, el índice de desempleo en Catalunya, tres meses de permiso para residir en España, los peces en el Oñar (¿carpas?), la invisibilidad, el autor que contempla las luces de la ciudad y por encima de estas una franja de humo gris sobre la noche azul metálico, y al fondo las siluetas de las montañas”).

En las paredes y columnas de la legendaria librería La 22, que se fundó en 1978, todavía se pueden ver recortes de prensa de las presentaciones de libros que allí hizo Bolaño. Como la del 15 de enero de 1999, cuando Cercas le presentó –en catalán– L os detectives salvajes, con Enrique Vila-Matas en el público. “Dentro de muchos años, si nuestros nombres vagamente se recuerdan, estaremos todos en la misma generación”, dijo el chileno. Fumaba rodeado por los libros. El video se encuentra en YouTube. “Tengo fiebre”, dijo al final, el humo ascendiendo a su lado: “¿Alguien quiere hacer alguna pregunta?”.

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