Conchita Pérez, poligrafista: “Una prueba de polígrafo cuesta 375 euros por persona, ya que puede durar hasta 5 horas e incluye un informe muy detallado”
La prueba del polígrafo
Rostro habitual en televisión y una de las poligrafistas más conocidas del país, Pérez explica qué mide realmente el polígrafo, por qué cada vez más parejas recurren a él y qué ha aprendido tras décadas escuchando mentiras ajenas

Conchita lleva prácticamente toda la vida dedicándose al polígrafo, tanto que ya sabe detectar cuando una persona miente incluso antes de someterse a la prueba

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Conchita Pérez se ha pasado media vida escuchando verdades a medias. En televisión, su figura está asociada al momento exacto en el que una versión se tambalea y el silencio pesa más que cualquier gráfica. Fuera de cámaras, su trabajo es menos espectacular y mucho más delicado: personas que llegan a su despacho con miedo, obsesión o desesperación, buscando una certeza que calme la cabeza o confirme una sospecha que ya les devora por dentro.
Después de años analizando reacciones fisiológicas, Pérez tiene claro que el polígrafo no es una máquina de castigo ni un oráculo infalible. Es una herramienta científica que mide lo que el cuerpo no puede ocultar cuando la mente sostiene una cosa y la boca dice otra. Lo que ocurre alrededor —los celos, la inseguridad, la necesidad de saberlo todo— dice tanto de nuestra época como las propias mentiras. “La mayoría no miente por maldad”, resume en una entrevista para Guyana Guardian. “Miente para sobrevivir”.
La prueba del polígrafo
No detecta pensamientos, interpreta reacciones fisiológicas
Después de tantos años analizando mentiras, ¿cuál diría que es la mayor idea equivocada que tiene la gente sobre el polígrafo?
Que es una máquina mágica que lee la mente. Y no es así. El polígrafo no interpreta pensamientos, interpreta reacciones fisiológicas. Nosotros analizamos patrones, coherencias, respuestas del sistema nervioso. Cuando una persona tiene conocimiento de algo y por la boca dice lo contrario, el cuerpo se altera. Es una herramienta científica, no un oráculo.

Entonces, ¿qué mide exactamente una prueba de polígrafo?
Se miden varios parámetros del sistema nervioso: la respiración torácica y abdominal, la presión sanguínea, la sudoración —especialmente en la yema de los dedos— y también la respuesta del esfínter, que se controla con una colchoneta en el asiento. Todo eso se registra porque son reacciones involuntarias, imposibles de controlar conscientemente.
Mucha gente piensa que, si es buena mintiendo, puede engañar al polígrafo. ¿Eso ocurre?
Muchísima gente viene convencida de que puede engañarlo. Por eso siempre hago antes una prueba muy sencilla, sin relación con el tema que les preocupa. Les pido que escriban un número y luego que mientan al responder. Cuando ven en pantalla cómo su cuerpo reacciona justo en el momento de la mentira, se dan cuenta de que no depende de su habilidad verbal. Yo no hago nada: inicio la pregunta y la cierro. El cuerpo hace el resto.
Yo cobro siempre 375 euros por persona. Estamos entre dos y cinco horas y luego hay que emitir un informe muy detallado
¿Quién suele acudir más a su consulta: parejas, empresas, abogados?
Todos. Muchas parejas, muchísimas. También abogados penalistas que necesitan saber hasta dónde llegó un hecho o si su cliente les está diciendo la verdad. Hay robos, acusaciones cruzadas, conflictos familiares… Cada vez más gente confía en la prueba porque aporta una base objetiva cuando solo hay palabra contra palabra.
¿Cuánto cuesta una prueba fuera de la televisión?
Yo cobro siempre 375 euros por persona. Estamos entre dos y cinco horas y luego hay que emitir un informe muy detallado, con el desarrollo de la prueba, las preguntas y los resultados. Si son varias personas por el mismo caso, el precio se ajusta, pero la primera prueba siempre es la más costosa en tiempo y preparación.

¿Cómo es el proceso cuando alguien llega por primera vez?
Las preguntas se preparan siempre con la persona delante. Yo valido lo que me cuentan y lo que quieren preguntar. En parejas suele venir quien duda y quien es acusado. Aparecen preguntas de todo tipo: infidelidades, mensajes borrados, encuentros sospechosos… A veces con un nivel de detalle que no te puedes imaginar.
La prueba del polígrafo
No mide sentimientos, aunque mucha gente crea que sí
¿Cuál es la mentira más habitual que se repite en las pruebas?
Las relacionadas con la infidelidad y con los sentimientos. Quieren saber si les quieren, si han tenido sexo con alguien más, si han borrado algo del móvil. Pero los sentimientos no se pueden medir. Y muchas veces quieren saber cosas que no les pertenece saber.
Después de tantas pruebas, ¿se nota cuando alguien miente incluso antes de empezar?
Muchas veces sí. Por la actitud, por la cara con la que entran. Si alguien no tiene nada que ocultar y ha venido voluntariamente para demostrar su inocencia, viene tranquilo, incluso satisfecho. Otra cosa es estar decepcionado con quien duda de ti. Pero cuando entran con determinadas expresiones, ya sabes que algo pasa.
¿Ha vivido momentos especialmente incómodos, sobre todo en televisión?
Lo más incómodo no es el resultado del polígrafo, sino el momento en el que la persona se da cuenta en directo de que su versión no se sostiene. Ahí los silencios pesan más que cualquier gráfica y la reacción emocional lo dice todo. La forma de defenderse, de justificarse, acaba siendo muy reveladora

¿Ha rechazado alguna vez hacer una prueba?
Sí. Cuando intuyo que puede causar un daño innecesario o cuando sé de antemano el resultado. Hace poco rechacé un caso familiar porque alguien intentó influir en el resultado. Yo no voy a cobrar por algo que sé que no es honesto. No es solo una cuestión profesional, es una cuestión de dignidad.
En su sector también hay mucho intrusismo. ¿Eso perjudica a las personas que buscan ayuda?
Muchísimo. Hay personas que se autodenominan poligrafistas sin la formación adecuada, asociaciones que no existen y pruebas hechas solo por dinero. Eso hace mucho daño, porque no se respeta ni la técnica ni a quienes acuden desesperados buscando una respuesta.
No existe una asociación oficial que regule la profesión
¿Existe una regulación o una asociación oficial de poligrafistas en Europa?
No. En Europa hay un vacío legal importante. No existe una asociación oficial que regule la profesión, y eso deja a las personas sin una referencia clara para saber quién está realmente cualificado y quién no
¿Cuál ha sido la situación más dura que ha vivido pasando un polígrafo?
Los casos que implican a menores. Cuando traen a un adulto para comprobar si es verdad lo que ha dicho una niña. Es extremadamente delicado. La víctima, además de lo vivido, tiene que explicarlo a alguien que no conoce. Eso es lo que más me afecta.

Después de escuchar tantas mentiras, ¿cree que saber toda la verdad siempre mejora una relación?
No. Muchas veces la destruye. Hay personas que quieren saber absolutamente todo y luego utilizan esa información para reprocharla constantemente. La gente no miente solo para engañar, miente para proteger su imagen, sus miedos, su necesidad de ser querido. Hay verdades que no aportan nada bueno.
Si tuviera que resumir todo lo aprendido en una sola frase, ¿cuál sería?
Que la mentira es un mecanismo de defensa mucho más humano de lo que nos gustaría admitir. La gente no miente para engañar. Miente para sobrevivir.