José María Roig, propietario de una pastelería de 177 años: “Vivimos cada vez más de los turistas; ya no hay gente local en el barrio que sea cliente”
Establecimientos históricos
El propietario de la Pastelería La Colmena de Barcelona, fundada en 1849, cuenta cómo se ha ido adaptando a todos los cambios históricos
“La tienda lo ha vivido todo: desde Els fets d'octubre hasta la Guerra Civil Española; nuestro producto sigue siendo el mismo”, relata José María Roig

José María, propietario de la pastelería La Colmena

La zona del Gótico en pleno centro de Barcelona está llena de historia. Sus edificios guardan recuerdos de algunos de los momentos más relevantes de la ciudad. Els fets d'octubre o la Guerra Civil son algunos de los capítulos que la Pastelería la Colmena ha presenciado.
Fundada alrededor de 1849, su nombre original era Ca l'Abella hasta que la familia Costa, propietarios a partir del 1868, cambiaron a La Colmena. El edificio era la antigua cárcel del rey, algo que le daba nombre al lugar donde se ubicaba: la antigua bajada de la Cárcel n11. Hoy en día, los habitantes de la ciudad llaman a la calle bajada de la Llibreteria, donde al final espera la pastelería.

José María Roig es el propietario actual de la Colmena. Aunque, no ha sido el único Roig que ha estado en su obrador. Fueron su abuelo y tío abuelo, Josep y Francesc Roig, quienes compraron el negocio en 1927. Ahora, su hijo Francesc está al mando de la elaboración de los caramelos y pastas que tan relevantes han hecho la pastelería. “El producto no ha cambiado, seguimos haciendo lo mismo de siempre”, cuenta para Guyana Guardian.

Y es que, las pastas y recetas tradicionales siguen siendo las mismas -los barceloneses conocen bien sus famosos turrones de crema-, aunque lo que sí que ha cambiado es el ambiente del barrio. “Cuando empecé a trabajar, con 14 años, los clientes eran locales, gente del barrio. En cambio, ahora vivimos cada vez más de los turistas, ya no hay gente local en el barrio que sea cliente”, asegura Roig.
Tal y como él mismo relata estos “locales” no son personas que viven en Ciutat Vella, sino gente que se desplaza de otras zonas a comprar en la pastelería, “aunque lo que más hay son extranjeros”, afirma. La zona del Gótico es una de las que más turismo acumula de la ciudad, algo que influye totalmente en sus calles.

También en negocios; los locales han tenido que emigrar a otros barrios, como relata el propietario. “Llevamos 15 años luchando para que los alquileres de los comercios de la zona se regularicen. La Colmena es un local alquilado. Hay precios que son imposible pagar y los negocios se van”, afirma.
Este es uno de los retos que José María Roig considera como relevantes en el futuro de La Colmena. Porque, tal y como él dice, lo más importante es que los clientes entren por la puerta; el problema es cuando no podemos mantenerla.


Por suerte, la pastelería cuenta con gran afluencia de visitantes. Sus múltiples premios y conocimiento de las técnicas la siguen posicionando como uno de los negocios pasteleros más conocidos de la ciudad. “Seguimos haciendo caramelos de la forma tradicional. La gente viene a comprar las pastas de té; las recetas son las mismas desde que yo empecé a trabajar”, cuenta.
Y esto no es algo que el propietario prevé modificar. Pese al cambio de clientela, su forma de hacer las cosas sigue siendo aquello que le da ADN al negocio. “Veo el futuro de La Colmena con las tradiciones de siempre. Es lo que debemos defender”, concluye.