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Cristina Carrasco, costurera: “Ahora quizá tengo más clientela, ya que hay muchos jóvenes que arreglan la ropa, que se quieren ver bien”

Ropa y confecciones

La artesana explica la historia de su taller y la importancia del oficio de coser

Cristina Carrasco té un petit taller a Barcelona

Cristina Carrasco té un petit taller a Barcelona

Jara Bravo

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Hay personas para quienes una prenda de ropa es mucho más que un objeto. En L'atelier de la Cris, cada hilo y cada punto se convierten en una pequeña forma de rebeldía. Desde pequeños arreglos hasta transformaciones integrales, Cristina Carrasco Estradé, cara y manos detrás de este taller, trabaja con pasión y precisión para dar una nueva vida a la ropa y hacer que encaje perfectamente con quien la lleva. En esta entrevista, nos adentramos en su universo y en las anécdotas que se esconden detrás de una cremallera, un bajo o un vestido hecho a medida.

El origen de esta iniciativa se remonta a hace unos cuantos años. “Hice una formación profesional de administración, pero casualmente entré en este mundo de la costura y me gustó más, así que nunca he trabajado de administrativa”, explica la costurera. Una vez decidida la dirección que quería seguir, Cristina se formó de manera profesional. “Trabajé como aprendiza en talleres de confección cuando todavía se confeccionaba aquí en Cataluña y después fui subiendo hasta oficiala de primera”, recuerda.

El taller L'Atelier de la Cris
El taller L'Atelier de la CrisJara Bravo

Esta vocación surgió de manera inesperada, ya que nunca se había sentido atraída por este oficio. “Mi madre había cosido siempre e intentaba enseñarme, pero no me apetecía demasiado hasta que entré a trabajar en el primer taller. A partir de ahí, me apasionó”, narra.

Con estos conocimientos a cuestas y “por circunstancias personales”, Cris dio un paso adelante. “Decidí montar mi propia tienda de arreglos de costura. Ya tenía experiencia en el sector y me lancé”, relata.

Los cambios en el negocio

Desde que Cristina empezó a coser y confeccionar, han pasado 42 años. Toda una vida donde las tendencias, los clientes y las necesidades han ido evolucionando. “Cuando empecé el negocio, fue poco a poco, pero fue bien. Ahora, quizá tengo más clientela, ya que hay muchos jóvenes que arreglan la ropa. Se quieren ver bien y es difícil que la confección quede perfecta”, expresa.

Ahora quizá tengo más clientela, ya que hay muchos jóvenes que arreglan la ropa

La costurera habla de cómo ha evolucionado el negocio

Cuando encuentran su página web por internet, no dudan en acercarse, y esta conexión digital es una ayuda que la costurera valora profundamente: “En un trabajo tan ‘antiguo’ las redes sociales ayudan mucho”. Aquello que no ha cambiado mucho son las peticiones. “Siguen siendo las mismas, según la necesidad de cada uno. Generalmente, el más básico son acortar los bajos o apretar cinturas. También, las hay más complicadass como subir mangas, ensanchar cinturas...”, dice.

Cristina lleva en este oficio 42 años
Cristina lleva en este oficio 42 añosJara Bravo

Cada solicitud requiere pensar bien cuál es la mejor manera de ejecutarla. “A veces, tienes que darle un par de vueltas al arreglo para que acabe siendo satisfactorio”, manifiesta. También hay que tener en cuenta el tipo de tejido con el cual está confeccionada la pieza. “Todas las telas vaporosas son más complicadas, como los tules o las sedas. Pero con las herramientas correctas, todo tiene solución. Quizá las más fáciles son telas que no tengan elasticidad y sean planas, como el algodón o el denim”, comenta.

Todas estas consideraciones hacen que, cuando un diseño ha supuesto más tiempo de trabajo o tiene una historia importante detrás, Cris no lo olvide fácilmente. “He arreglado muchas piezas complicadas que tenían un valor sentimental, desde mantos de la bisabuela, que no sabía ni por dónde cogerlo, o una chaqueta de piel del padre, que estaba rota y conseguí arreglar sin que se notara mucho,” ejemplifica.

Conocimientos de costura, en declive

Con el paso de los años, Cristina Carrasco ha observado cómo las habilidades de costura han ido disminuyendo. “Ahora hay menos conocimiento. Antes, estas cosas, generalmente, se enseñaban en casa, de madres a hijas. Ahora las madres ya no saben coser”, apunta la costurera. “Sí que es cierto que hay una juventud muy curiosa, que tiene ganas de aprender. Con la pandemia se puso muy de moda el handmade y quieren hacer cositas”, matiza. Tanto es así que se plantea “hacer algún taller básico” para transmitir las nociones esenciales.

Sí que es cierto que hay una juventud muy curiosa, que tiene ganas de aprender

La costurera destaca cómo los jóvenes se interesan por la confección

Hasta que eso pase, Cristina tiene clara la recomendación que daría a quien quiere iniciarse en este mundo: “El consejo sería perder el miedo a la máquina de coser. Todo lo que se cose, se puede descoser. Hacer y deshacer”. A este le suma un par más, pequeños pero efectivos. “Nunca, nunca, nunca se tiene que estirar un hilo que sobresale. Se corta con tijeras”, alerta antes de añadir: “Y las etiquetas se cortan con tijeras y mucho cuidado”.

Cristina Carrasco en su taller
Cristina Carrasco en su tallerJara Bravo

Con esta pasión y valorando cada pieza como única, Cristina espera que su trabajo siga cautivando. “Espero que sí, ya que es un oficio tan necesario, como un zapatero, que ya quedan pocos,” manifiesta. “Personalmente, animo a la gente joven que empiece. Es un trabajo que a mí me ha llevado muchas satisfacciones, nada monótona. Te hace pensar siempre en la mejor solución para acabar un arreglo y me ha llevado a conocer a mucha gente fantástica”, afirma.

De esta manera, en un mundo tan efímero, Cristina Carrasco apuesta por la sostenibilidad, la creatividad y el cuidado artesanal, demostrando cómo la costura puede convertirse en una forma de expresión y afecto hacia la ropa, y hacia quien la lleva puesta.