Yadira Guayllas, ex frutera, explica por qué tuvo que cerrar su negocio: “Estaba metiéndome tantas horas que no tenía tiempo para nada y económicamente no me compensaba”
Historias de vida
Tras años al frente de una frutería, Yadira decidió cerrar el negocio al no ser sostenible ni a nivel económico ni personal

Yadira Guayllas, ex frutera,
Yadira Guayllas abrió su frutería con la idea de sacar adelante a su familia y construir un futuro estable. Sin embargo, la realidad del día a día terminó imponiéndose. “Estaba metiéndome tantas horas que no tenía tiempo para nada y económicamente no me compensaba”, explica en una charla con Billie Sastre en el podcast Madres Reiventadas, al recordar una etapa marcada por el agotamiento y la falta de conciliación.
Llegó a España con 18 años desde Ecuador y desde entonces encadenó trabajos durante más de dos décadas. Siempre compaginó empleo, formación y maternidad, hasta que, tras la pandemia y el nacimiento de su segundo hijo, decidió emprender. Apostó por un negocio físico en su ciudad, confiando en la experiencia familiar en el sector, pero pronto comprobó que ser autónoma y trabajar sola tenía un coste demasiado alto.
Un negocio que no daba margen para vivir
Durante cuatro años, Yadira dedicó jornadas interminables a la tienda. Se levantaba de madrugada para abrir, atendía el negocio sin apoyo y trataba de encajar el cuidado de sus hijos como podía. “No me daba la vida”, reconoce. A ese desgaste personal se sumaba un problema clave: los números no salían. Gran parte de los ingresos se iban en gastos o en pagar ayuda para poder conciliar.
La situación se complicó aún más cuando su pareja se marchó a trabajar fuera de España y ella se quedó sola con dos hijos. Mantener la frutería dejó de ser viable. “Sacaba dinero para pagar que cuidaran a mi hijo y al final no tenía beneficio real”, explica. Fue entonces cuando empezó a plantearse seriamente un cambio de rumbo.
Cerrar para poder avanzar
La decisión no fue sencilla, pero sí definitiva. A finales de diciembre, tras obtener una certificación como asistente virtual, cerró la tienda. “Dije: cierro y sigo adelante”, recuerda. Liquidó el negocio, resolvió papeleo y asumió que no había habido rentabilidad, pero sí un aprendizaje clave: trabajar más no siempre significa vivir mejor.
Desde entonces, Yadira se ha reinventado en el ámbito digital. Se formó durante años mientras llevaba la tienda y, tras el cierre, logró sus primeros clientes como asistente virtual. Hoy trabaja de forma remota, con mayor estabilidad y, sobre todo, con presencia real en la vida de sus hijos, algo que antes le era imposible.
Su historia refleja una realidad cada vez más común entre pequeños comerciantes: negocios que exigen una dedicación total sin ofrecer seguridad económica. En su caso, cerrar la frutería no fue un fracaso, sino una forma de recuperar tiempo, salud y equilibrio. “Tuve que decir hasta aquí”, resume.