Jordi, conductor de autobús con 15 años de experiencia, habla sobre la realidad del sector: “Vivimos de los complementos, las dietas y las horas extras; mi sueldo base es de 1.600 euros trabajando 15 horas”
Historias de vida
En un pódcast, Jordi describe jornadas largas, salarios base ajustados y un relevo generacional cada vez más difícil en el transporte por carretera

Jordi, conductor de autobús con 15 años de experiencia
Jordi lleva 15 años conduciendo autobuses y habla sin rodeos sobre lo que implica trabajar en el transporte de viajeros. En el pódcast Rutas de Éxito resume una idea que, según él, muchos desconocen: el sector se sostiene a costa de jornadas extensas y sacrificios personales. “Vivimos de los complementos, las dietas y las horas extras; mi sueldo base es de 1.600 euros trabajando 15 horas”, afirma, al explicar cómo se compone realmente su nómina.
Más allá del sueldo, insiste en el desgaste físico que acumula el trabajo. Pone como ejemplo las horas seguidas al volante, sin apenas moverse, y cómo el cuerpo lo nota con los años. “Tú coges y te levantas”, dice al comparar con empleos de fábrica u oficina, pero en su caso el esfuerzo no es solo estar sentado: “Sigues cogiendo baches y moviéndote” durante tramos que pueden alargarse “cuatro o cuatro horas y media”.
Una generación que se va con el oficio aprendido
Jordi mira alrededor y ve un problema que, según cuenta, ya está en marcha: la salida de conductores veteranos. “Se está jubilando gente que es muy válida, muy competente, pero necesitan jubilarse”, señala, no por falta de ganas, sino por el desgaste acumulado tras décadas de carretera. Y remarca que muchos de esos profesionales han trabajado con vehículos más duros que los actuales, con menos ayudas tecnológicas y en condiciones más exigentes.
Por eso habla de una generación “muy larga, con mucha gente, con mucho oficio”, conductores que aprendieron sin GPS y “se han buscado la vida”, acumulando experiencia a base de fatiga. En ese contexto, el retraso de la edad de jubilación tampoco ayuda, porque obliga a seguir en activo entre los 60 y los 67 años a trabajadores que, según él, llegan muy castigados.
Horas, tacógrafo y límites
En la conversación también aparece el debate de hasta dónde se puede estirar el esfuerzo. Jordi recuerda a un compañero con 35 años en la empresa que le advirtió: “A los que llegáis ahora… vais a tener que apretar…”. Pero él marca un límite: “No, yo no. Yo tengo una tarjeta de tacógrafo, tengo mis horas y si quieren gente que la contraten y la valoren”.
La parte económica vuelve como un hilo constante. Jordi remarca que, sin los extras, la cifra no compensa la presión del puesto. “Una persona… está sus ocho horas y se va para su casa con el mismo sueldo”, afirma, mientras que en su caso la diferencia es evidente: “Yo llevo una responsabilidad de llevar 60 personas detrás más lo que me pueda encontrar”.
El precio, dice, no es solo físico, también familiar. “Yo no conozco lo que es un fin de semana”, asegura. Y pone ejemplos concretos de fechas señaladas lejos de casa: “He estado el día de Navidad fuera de mi casa… Año Nuevo fuera de mi casa”. Incluso recuerda una racha especialmente dura en una empresa anterior: “Estuve 96 días trabajando. 96 sin parar ni uno”.