Meritxell Comes, pescadera: “Entre semana, lo que más se vende es la sepia, el calamar, la merluza o la pelaya, y el fin de semana, la gente se permite algún capricho como el escamarlán o el langostino”
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Meritxell, dueña de una pescadería en l'Ametlla de Mar, asegura que uno de los principales retos es luchar contra las grandes superficies: “No podemos competir con los precios, pero sí con la calidad del producto”

Meritxell Comes, Josep Pere Duque y Meritxell Huguet en su parada en el mercado de l'Ametlla de Mar

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En un pueblo de costa, la vida profesional suele organizarse en torno al mar. Mientras unos salen a faenar de madrugada, otros trabajan en la lonja; el pescadero se encarga de seleccionar el producto que ofrecerá a su clientela y después venderlo. Desde hace 10 años, Meritxell Comes, junto a su marido, Josep Pere Duque, y su madre, Meritxell Huguet, son dueños de Peixos Duque, una pescadería de l'Ametlla de Mar. “Venimos de tres generaciones de pescadores, pero ir al mar no era una opción porque nos mareamos”, cuenta Meritxell en una charla con Guyana Guardian. Su vida siempre vinculada al pescado, les llevó a abrir una pescadería. “Al principio teníamos la incertidumbre de si funcionaría el negocio y si la gente del pueblo nos apoyaría”, cuenta. L’Ametlla de Mar es un pueblo muy turístico en verano; sin embargo, en invierno la población se reduce mucho.
El día en la pescadería empieza entre las 6 y las 7 de la mañana. Lo primero que hacen es montar la parada con el pescado que se ha comprado la tarde anterior en la lonja. Sobre las dos y media del mediodía, se baja la persiana. Sin embargo, no acaba la jornada laboral, ya que a las tres y media de la tarde empieza la subasta en la cofradía del pueblo. “Compramos el pescado y es el que servimos al día siguiente”, cuenta Meritxell. La subasta acaba hacia las seis de la tarde y es cuando vuelven a la pescadería a guardar en las cámaras todo el pescado que se servirá al día siguiente para que se mantenga fresco. “Nos basamos en el pescado de proximidad y solo compramos en la cofradía de la Ametlla de Mar y, si no, vamos a comprar a la Ràpita, pero solo compramos pescado de kilómetro cero, sin intermediarios. Nosotros nos encargamos de comprarlo y de venderlo”, detalla.

Una apuesta por el producto de proximidad y sin intermediarios
El criterio para elegir el pescado que se servirá al día siguiente se basa en las preferencias de los clientes. El tipo de pescado que se compra entre semana o el fin de semana también es muy variado. “Lo que se vende más entre semana es la sepia, el calamar, la merluza o la pelaya, que se utiliza mucho para freír”. En cambio, el fin de semana la gente se permite “algún capricho”, como podría ser el escamarlán o el langostino, la gamba roja o la galera “ahora que es temporada”. Aunque también se venden muy bien la dorada o la lubina “que se pueden hacer al horno, que entre semana es menos habitual”.
El verano es la mejor época para la venta: “Como hay mucho turista y mucha variedad de cliente, se vende mucho pescado diferente”, cuenta. En este sentido, Meritxell explica que, al estar cerca de una de las urbanizaciones más grandes de la zona, en verano hay mucha gente y les beneficia. “En invierno somos aproximadamente 8.000 habitantes, pero en verano podemos llegar a ser 40.000, y eso se nota muchísimo”.
Atraer a la gente joven: uno de los grandes retos
Uno de los grandes retos de los establecimientos tradicionales es atraer al público joven, que habitualmente lleva prisa y para los que hacer la compra se ha convertido en un simple trámite más que en una experiencia. Actualmente, muchos jóvenes prefieren el supermercado al mercado porque es una gestión más rápida. Esta tendencia es la que ven cada día en la pescadería: “La mayoría de gente que viene tiene entre 45 y 50 años, pero ya que nosotros somos jóvenes, estamos intentando atraerlos”, añade. Aunque reconoce que es complicado: “La gente ya no contempla limpiar la sepia en casa, porque vivimos con prisa, tenemos mucho trabajo y el tiempo justo para hacer la comida y comer”, apunta.
En este contexto, los platos preparados son los que están ganando más espacio. “Hacemos packs, limpiamos todo, lo envasamos al vacío por porciones, y cuando vienen a comprar o reciben el pedido en casa, ya está todo limpio y preparado para cocinar o congelar”, explica. Meritxell asegura que esto “tira muchísimo porque compran unos buñuelos y ya les salva una cena. Todo esto se vende muy bien porque vamos con prisa, y no nos podemos parar a hacer la masa para los buñuelos, y ya los tienes hechos, los pones en el horno, o en la freidora de aire o en la sartén y en 10 minutos está listo. Y esto lo consumen mucho los más jóvenes”.

Otro de los retos principales a los que hacer frente es la competencia con las grandes superficies. “Ponen muchas facilidades y precios muy económicos y cuesta mucho”, apunta. No obstante, Meritxell asegura que “no podemos con los precios, pero sí con la calidad del pescado que tenemos, que es de kilómetro cero y que las grandes superficies no tienen, sin desprestigiar su producto. Quien quiera pescado del territorio, vendrá a comprarnos y quien busque la facilidad y la comodidad de las bandejas preparadas, irá allí. El gran reto es luchar contra esto”.
No podemos competir con los precios de las grandes superficies, pero sí con la calidad del producto
En un momento en el que prácticamente todo pasa por las redes sociales, Meritxell y Josep Pere han visto la oportunidad de poder acercarse al público más joven a través de ellas. Es por eso que decidieron empezar a subir contenido enseñando el pescado que venden, de dónde procede y su forma de trabajar. “Por WhatsApp enviamos la lista de lo que hay, pueden hacer la comanda y cuando vienen a buscarla, ya está todo preparado”, cuenta. “Hoy en día todo se mueve por redes sociales; si no estás ahí, la gente no sabe que existes”, reflexiona. Precisamente para acercarse al público más joven, publican vídeos de recetas para que la gente pueda tener una idea del producto que venden y cómo se puede cocinar. “Vienen y nos dicen: vengo a comprar este pescado de esta receta. Así incentivamos a los más jóvenes para que vengan a comprar”, explica.
Además, aparte de la parada en el mercado de la Ametlla de Mar, tienen una página web donde los clientes pueden hacer el pedido online y les llega a casa solo 24 horas después y en cualquier punto de España. “No queríamos que se perdiera el contacto directo con el cliente y cuando hacen el pedido, les deriva a WhatsApp y hablan conmigo para acabar de concretar el precio en función del peso del pescado porque no lo podemos asegurar antes de ir a la lonja”, explica.
Enseñar cómo descargas el pescado que acabas de comprar y que lo verificas con la etiqueta del pescado, llama mucho la atención
La presencia en redes sociales les está ayudando a que gente que no es del pueblo venga a comprar a su pescadería. “Enseñar cómo descargas el pescado que acabas de comprar y que lo verificas con la etiqueta del pescado, llama mucho la atención porque es una cosa que no es habitual ver, porque estamos acostumbrados a ver todo envasado y limpio”, detalla.
Meritxell asegura que su negocio es rentable precisamente porque no tienen intermediarios. Ellos mismos se encargan de comprar el producto en la lonja y de venderlo en su comercio. “Me puedo ajustar más al precio porque los estamos comprando nosotros”, añade. Sobre el futuro del negocio, Meritxell lamenta que el principal problema será que nadie querrá ser pescador: “Es un oficio que se irá perdiendo por las pocas facilidades que se les pone”.