Paula Belenda, la viajera de León que recorre Sudamérica en moto con 35 años: “Cuando haces viajes tan largos, te conviertes en enfermera, mecánica y lo que haga falta”
Aventuras singulares
Nacida en un pueblo de El Bierzo, la joven ha recorrido Oriente Medio, Asia y, ahora, países de Sudamérica

Paula Belenda decidió empezar a viajar tras trabajar en distintos países

El motor arranca antes de que amanezca. La luz todavía es azul, casi fría, y en el aire hay esa quietud que precede a ponerse en marcha. Una mujer se ajusta el casco, comprueba las alforjas y se sube a su moto dispuesta a dejarse llevar por lo que ocurra. No hay ruta cerrada, no hay promesa de llegada. Solo carretera. Solo horizonte. Para Paula Belenda, de 35 años, viajar no es desplazarse a un lugar, sino despojarse de certezas, etiquetas y prejuicios.
Nació en un pueblo de El Bierzo, en la provincia de León, que dejó atrás para estudiar Traducción e Interpretación en la Universidade de Vigo. Fue durante su Erasmus en Bruselas cuando entendió que el mundo era más grande (y más complejo) de lo que imaginaba. Al terminar sus estudios, decidió marcharse de España para trabajar. Desde entonces, no ha dejado de moverse y ha convertido viajar en un modo de vida.
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Ella mide el tiempo en kilómetros y fronteras, pero también en gestos, como tomar té con una familia en un valle de Kirguistán, descubrir la belleza de Futaleufú, un pueblo en la Patagonia de Chile, o la calma de bañarse en un wadi en Omán. Ahora se encuentra embarcada en una travesía de 50.000 kilómetros recorriendo Sudamérica en moto. En esta conversación con Guyana Guardian reflexiona sobre lo que implica vivir en ruta, enfrentarse a contextos complejos y construir una identidad en movimiento.
¿Cuándo decidiste que era el momento de empezar a viajar por el mundo?
Fue en noviembre de 2019, justo antes del COVID-19. Había trabajado durante varios años en diferentes países. Llegó un momento en que trabajaba, viajaba, trabajaba y viajaba. Y ahí surgió la idea de hacer un viaje largo en el que no tuviera que trabajar. Entonces, como tenía algunos ahorros, dejé el trabajo que tenía en Londres y me fui para Omán en enero. Mi idea era empezar por Oriente Medio y seguir hacia Asia. Hasta donde me dieran esos ahorros.

Estás haciendo un viaje de 50.000 km por Sudamérica. ¿Cómo te preparas para viajes tan largos?
Para mí, es casi siempre lo mismo: mirar la logística, los papeles que puedo necesitar yo o la moto e informarme un poco del país. Si es religioso, cómo es su cultura, qué códigos existen, el idioma que hablan... Miro si tengo contactos allí por si ocurre algo le puedes escribir y te puede informar mejor de lo que está ocurriendo en el país. Y luego, estar bien. No solo físicamente, sino tener mucha fuerza mental porque los viajes tan largos son muy demandantes. Al final, tú eres la única persona con la que estás. Te conviertes en enfermera, mecánica, organizadora, fotógrafa...
¿Cómo influye tener moto en este recorrido?
Muchísimo. Inicialmente, viajaba en transporte público y hacía autostop. Desde hace tres años, viajo con la moto. Gracias a ella, puedo viajar más cómoda y me permite estar más alineada con lo que yo busco a la hora de viajar.
Mera, mecánica y organizadora en tu
¿Qué es lo que más te ha impactado de los países que has visitado?
Culturalmente, no ha habido nada que me haya impactado de esa manera, pero sí me he dado cuenta de que las personas de cada país somos muy similares. Evidentemente, hay diferencias porque provenimos de culturas distintas, pero tenemos muchas más similitudes que diferencias, ya sea en China, en Irán, en Irak, en España o en Argentina.
¿Has vivido algún momento complicado o tenso?
Quizá por temas geopolíticos. Cuando llegué a Afganistán, justo había sido la toma de los talibanes y la información que me llegaba dentro del país era un poco ambigua. Creían que la toma sería muy lenta y no fue así. Entonces, tuve que empezar a moverme más rápido y salir del país antes de lo planeado. Me encanta la cultura afgana y los afganos, eso sí, pero no es un país al cual puedes viajar tranquila. Requiere muchísimo estrés mental y manejar muchos códigos diferentes. Otro momento difícil fue cuando tuve un accidente en Tayikistán en el que me rompí un hueso del pie y estuve como un mes y medio con una escayola y muletas.
¿Te has sentido sola en algún momento?
No. Soy una persona que está muy a gusto consigo misma, desde siempre. Es una soledad elegida, no impuesta. Ahí está la diferencia. Cuando no eliges la soledad, puede llegar a ser fea.

¿Cómo ha evolucionado tu forma de viajar?
Ha cambiado totalmente a lo largo de los años. Al principio, no entiendes por qué no comprendes cómo funciona el país. Lo vas aprendiendo poco a poco. Asumes que hay códigos sociales, religiosos o de vestimenta, y que te tienes que adaptar un poco para poder relacionarte con la gente de forma respetuosa. Incluso ha cambiado mi personalidad: mi intuición se ha triplicado y ahora estoy más preparada mentalmente. Ha sido todo un proceso.
¿Crees que la gente viaja con conciencia o porque es lo que está de moda?
En mi opinión, con la influencia de las redes sociales, muchos viajes se hacen simplemente porque es un sitio de moda. Poder decir: “He estado ahí y tengo la foto”, como si eso te diera cierto estatus. Me acuerdo de que una vez lancé una pregunta: si pudieras ir a un sitio, pero tienes prohibido subir cualquier imagen o vídeo, ¿irías? Yo creo que mucha gente no. Siento que hoy en día prima más el turismo de cantidad que de calidad. Además, hay mucho desconocimiento. La gente critica que vaya a Arabia Saudita porque se vulneran los derechos humanos, pero a nadie le asustan las Maldivas cuando se rigen por la misma ley sharia.¿Por qué pasa esto? Pues porque las islas Maldivas son un destino cool y no lo asocian con los estigmas de los países de Oriente Medio.
Si pudieras ir a un sitio, pero tienes prohibido subir cualquier imagen o vídeo, ¿irías? Yo creo que mucha gente no
¿Qué consejo le darías a alguien que quiere que viajar sea su estilo de vida?
Le diría que si, por ejemplo, va a empezar por Tailandia, ¿por qué en vez de ir a los sitios que has visto en un millón de reels o a ese restaurante viral, te informas un poquito más? Invierte un poquito más de tiempo en buscar sitios reales, fuera del circuito del turismo masivo. En vez de ir en dos semanas a doce sitios, ¿por qué no vas a dos y esos dos los conoces a fondo? Entiendes la cultura, pasas tiempo con la gente y te creas una rutina local. No solo vivirás una experiencia distinta, sino que ayudarás a la economía local.
¿Cómo financias esta forma de vida?
Hace algún tiempo empecé a hacer viajes organizados para mujeres por Oriente Medio. Ya conocía bastante bien la cultura y sus códigos, y es una región que me gusta mucho, que está muy estigmatizada. Paraba tres o cuatro meses, guiaba y luego continuaba viajando. También se me van ocurriendo ideas, como ir haciendo postales de cada país y venderlas. Publiqué un libro hace unos meses y fue muy bien, hice una guía de Asia Central y ahora estoy haciendo otra de la Patagonia. Con todo esto, voy cubriendo bastante. En realidad, los gastos del viaje en sí son pocos. Entonces, puedo estar tranquila con bastante menos dinero y voy cubriendo con los ahorros.

Dejando de lado la parte económica, ¿por qué decidiste organizar viajes solo para mujeres?
Al principio, los grupos habían sido mixtos, pero quise darle una vuelta al proyecto. En aquel momento, había un par de empresas que hacían viajes para mujeres, pero estaban enfocados a otro perfil de mujeres y hacían viajes un poco más cómodos. A mí me apetecía hacer algo distinto con mujeres más jóvenes, accesible económicamente y a destinos más incómodos, como Líbano, Irak, Arabia Saudita u Omán. Ahora sé que ha sido el mejor proyecto que he podido crear. Ha sido increíble en todos los niveles. Es súper bonito ver a las chicas viviendo una aventura, superando sus límites y haciendo cosas que no habían hecho antes. Verlas retarse, frustrarse y emocionarse. Se crea un vínculo muy especial, muchas de ellas son amigas mías ahora.
¿Algunas tenían miedo?
Sí, pero es un miedo impuesto. Entiendo que lo tengan porque hay muchísima presión al respecto. De hecho, si te fijas, yo nunca digo que viajo sola porque pienso que encasilla lo que estoy haciendo, como si fuera algo singular, cuando solo vivo mi vida. No hace falta ser valiente o diferente para viajar así, solo tener ciertos recursos, habilidades y conocerte a ti misma.
¿Cómo vive tu familia y amigos que viajes por todo el mundo?
Es verdad que, al principio, a mi madre le costó aceptar que esta era mi forma de vivir y que formaba parte de mí, pero ahora lo lleva mucho mejor. Me pregunta por los sitios, le envío fotos... Imagino que, como madre, tendrá un millón de preocupaciones. Luego está mi hermana, que lo lleva muy bien. Ella es mi principal animadora en cualquier proyecto o idea que se me ocurra. También es mi sistema de seguridad. La voy avisando de mi geolocalización o le paso el contacto de alguna persona por si ocurriera algo. Es mi apoyo principal, la verdad.
¿Te queda algún lugar pendiente de visitar?
Mira, ahora estaré por Sudamérica, centrada y enfocada en esto. Una vez terminé aquí me apetece mucho ir a China. Igual iré uno o dos meses a una zona.
Toma nota
Lo que no te habían contado de viajar
“Trabajar en tantos sitios distintos antes de viajar me permitió aprender idiomas, ganar habilidad y hacer contactos”
“Decidí que si había un destino que quería conocer, no quería pasar tres o cuatro días, sino estar un mes y conocerlo bien”
“Viajar siempre va a estar ahí. Siempre voy a tener curiosidad por conocer nuevas culturas, aunque, probablemente, cambie el formato”
¿Qué aprendizajes te llevas después de tantas aventuras?
He descubierto que el mundo es amable, aunque parezca que no por las noticias que nos llegan. Me he encontrado en imprevistos y siempre ha aparecido alguien para echarme un cable. Cuando tuve el accidente, me ayudó un chico que luego me visitaba en el hostal, y luego los propietarios fueron muy amables conmigo. O el otro día, cuando iba a cruzar de Chile a Argentina. Iba a pagar en una gasolinera con tarjeta. Tengo tres y ninguna funcionaba. Era un problema del datáfono. Un señor que lo vio, me dio el dinero. Te podría dar ejemplos de cada país.
¿Y qué has descubierto de ti misma en todos estos años de travesías?
Un montón. Siento que la persona que soy hoy ha sido gracias a los viajes que he hecho. Las experiencias que he vivido, buenas o malas, y las personas que me he encontrado me han marcado. He conocido cuáles son mis límites, he ganado confianza en mí misma y he entendido mucho mejor el mundo en el que vivimos.