José Manuel Gadea, encofrador a los 23 años: “Decidí dedicarme a la obra porque no servía para estudiar, pero no tener estudios no te hace menos persona ni trabajador”
Profesiones con alma
Con 23 años, trabaja entre Ibiza y Albacete, empezó en la obra con 16 y utiliza las redes sociales para dar visibilidad a un oficio duro, técnico y poco reconocido que, según él, necesita más jóvenes y más respeto

José Manuel Gadea tiene 23 años y lleva toda la vida dedicándose a la obra

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Hay trabajos que empiezan cuando la ciudad todavía duerme. Trabajos que no salen en los rankings de profesiones deseadas ni en los discursos motivacionales de instituto, pero sin los cuales no existirían ni las casas, ni los hospitales, ni los centros comerciales, ni, en definitiva, prácticamente nada. José Manuel Gadea lo sabe muy bien. Tiene 23 años, es encofrador y, desde los 16, su vida transcurre entre el hormigón, las estructuras y el ruido de la obra, ese escenario que muchos miran desde fuera sin saber realmente qué ocurre dentro.
Trabaja ocho horas al día, un fin de semana en Ibiza y otro en Albacete, y todo esto lo comparte en TikTok e Instagram para explicar lo que casi nadie explica: que detrás de cada edificio hay un esqueleto que alguien tuvo que levantar desde cero, que no todo es fuerza bruta y que, aunque no haya pasado por la universidad, su oficio exige cabeza, responsabilidad y carácter. Lo cuenta en Guyana Guardian.
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Un oficio desde los 16
Empezó con 16 años. ¿Por qué decidió meterse en la obra tan joven y qué le dijeron en casa?
Yo decidí dedicarme a la obra porque la verdad es que nunca he servido para estudiar. No me gustaban los libros, soy muy nervioso y muy desconcentrado. Me sentaba delante del libro y era como si no hubiese nada. Entonces mis padres me dijeron que o trabajaba o estudiaba, pero en casa sin hacer nada no me iba a quedar. Mi padre trabaja en la construcción y me dijo: “Si no te gusta estudiar, ven a ver lo que es esto conmigo”. Fui un dia a probar, muy a su pesar, y al final me gustó, me quedé, y aquí sigo.

Para quien no lo sepa, ¿qué hace exactamente un encofrador?
Nosotros empezamos desde el principio. Viene la máquina, hace el agujero, y nosotros empezamos con la limpieza, con la cimentación, montamos los pilares... Hacemos lo que sería el esqueleto de la casa, la estructura. Trabajamos con el hormigón y levantamos todo desde cero. Después vienen los albañiles y hacen los cerramientos, pero la base, la estructura en sí, la hacemos nosotros.
¿Qué es lo más duro físicamente de su día a día?
Lo más duro es levantar la estructura, eso es lo que más cuesta físicamente. También poner bovedillas en un forjado se hace muy duro. Y luego el simple hecho de levantarte todos los días y cumplir. Es un trabajo exigente, no te voy a mentir.
Muchas veces pasamos más tiempo con los compañeros que con nuestra familia
¿Cómo es su rutina diaria?
Me levanto a las siete, desayuno y a las ocho estoy trabajando. Paramos de diez a diez y cuarenta para almorzar, y de dos a tres para comer. Después de comer echamos un par de horas más y ya nos vamos para casa. Salimos a las cinco. Son ocho horas.
Trabaja fuera de su ciudad. ¿Cómo lo compagina con su vida personal?
Es complicado. Muchas veces pasamos más tiempo con los compañeros que con nuestra familia. Yo trabajo en Ibiza y un fin de semana me quedo aquí y el otro me voy a Albacete, que es mi ciudad. Se hace llevadero, pero no es fácil.

Mucha gente cree que en la construcción todo es fuerza bruta. ¿Cuánta técnica hay realmente?
No es todo fuerza bruta. Hay que pensar cada movimiento que haces. Cuanto más sabes del trabajo y de cómo hacerlo bien, menos fuerza necesitas. Si no sabes lo que estás haciendo, vas a hacer mucha más fuerza de la que hace falta. Es más maña que fuerza.
¿Cuánto puede ganar un encofrador con experiencia en España?
En la península, un encofrador con experiencia no creo que baje de 1.600 o 1.700 euros. Depende de si trabajas por horas, por sueldo o a destajo, pero uno que sepa y tenga experiencia puede llevarse 1.800 euros fácilmente, según la situación.
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Hay algunos jóvenes en la construcción, pero faltan muchos más
Se habla mucho de que faltan jóvenes en la construcción. ¿Es así?
Sí, faltan jóvenes. Yo no he visto muchos chavales trabajando en la construcción. Por eso me abrí las redes, para dar visibilidad y que la gente joven sea consciente de que es un trabajo bonito dentro de lo que cabe. La mayoría de gente que veo que viene a trabajar es de fuera. Jóvenes hay, pero faltan más.
¿Por qué cree que pasa?
Creo que también hay que tener más mano con los jóvenes cuando entran. Más paciencia para enseñarles. Yo he tenido suerte porque he estado con gente que me ha enseñado de verdad, pero no siempre es así. Es un trabajo duro física y mentalmente: si hace calor, estás al calor; si llueve, estás bajo la lluvia. Al principio cuesta mucho porque no sabes de qué va la cosa, pero si alguien te enseña bien y tiene paciencia, cambia todo.

¿Ha sentido que su trabajo está poco valorado socialmente?
Sí, quizás sí. Hay gente que percibe a un albañil o a un encofrador como menos, y no es así. Muchas veces por no haber estudiado una carrera parece que vales menos, pero no tiene nada que ver. No tener estudios universitarios no te hace menos persona ni menos trabajador.
Comparte su día a día en TikTok e Instagram. ¿Qué le sorprendió cuando empezó?
El apoyo. No me esperaba que la gente me apoyara así ni que me hicieran tantas preguntas. Llevo poco tiempo en redes y tengo mucho apoyo. Estoy muy contento con el proceso, la verdad. No me lo esperaba para nada.
Yo he crecido en la obra. He aprendido muchas cosas
¿Ha vivido alguna situación límite en una obra?
Sí. Una vez estábamos hormigonando un pilar en una obra grande, hacía mucho aire y el gruista le dio más al cubo de lo que tenía que darle. Un compañero cayó de un armario. Por suerte cayó a la tierra, pero se rompió la rodilla. Son situaciones que te marcan y que te hacen darte cuenta de que esto es serio.
Si un joven de 18 años le dijera que quiere ser encofrador, ¿qué le advertiría?
Que tenga paciencia y actitud. Al principio vas a ser el peón, te van a mandar: “Tráeme esto, tráeme lo otro”. Tienes que tener buena actitud y que no te moleste. Y sobre todo que te guste. Es un trabajo que te tiene que gustar para hacerlo. Hay días en los que te levantas y no te apetece ir, pero cuando echas el día te sientes recompensado, porque el dinero te lo ganas tú con tu esfuerzo.
Después de tantos años, ¿qué le ha dado esta profesión que no le habría dado una oficina?
Me ha dado crecimiento. Yo soy muy nervioso, no me vería en una oficina. Aquí he madurado. Estoy rodeado de compañeros que el que menos tiene 55 años. He aprendido muchas cosas, incluso de comportamiento. Yo he crecido en la obra.
