Con 10 hijos a los 4
Una maternidad distinta
Una productora de contenido describe el modo en que gestiona sus tareas.

Ana Iglesias junto a su familia, aun sin la pequeña Daniela, que nació hace apenas un mes

Durante años, hemos asociado la maternidad con una idea que predomina en prácticamente todos los contextos: la de que tener hijos implica, de una forma u otra, renunciar a partes importantes de la vida. Renunciar al trabajo, a los viajes, al ocio, a los proyectos personales o a cualquier ambición que no encaje con la crianza. Esto es algo que Ana Iglesias, madre de diez hijos y creadora del canal de YouTube Una locura de familia, suele escuchar constantemente, pero asegura que su experiencia ha sido completamente distinta, a pesar de tener ni más ni menos que 10. “No he renunciado a nada por ser madre, solo he cambiado prioridades”, explica en Guyana Guardian, convencida de que muchas de las cosas que se presentan como sacrificios son, en realidad, transformaciones inevitables que llegan con cualquier etapa vital.
Una maternidad distinta
Transformaciones, pero sin la necesidad de abandonar nada.
Su trayectoria laboral ejemplifica perfectamente ese concepto. Por mucho tiempo desempeñó funciones en una entidad bancaria bajo una jornada establecida, una práctica constante y una evolución de carrera muy clara. No obstante, al momento en que su núcleo familiar se expandió y las exigencias cotidianas se volvieron más difíciles, manifestadas en avisos escolares, consultas de salud, afecciones de los niños o contratiempos habituales, se dio cuenta de que ese esquema de trabajo inflexible ya no armonizaba con la realidad que estaba forjando.
Por eso, en lugar de abandonar el mundo profesional, decidió cambiar la forma de relacionarse con él. Emprendió primero con una tienda de puericultura, más tarde con otros proyectos propios y, finalmente, encontró en las redes sociales una actividad que le permite trabajar desde casa mientras comparte escenas de su vida cotidiana con miles de seguidores.

Para Iglesias, ese giro no fue una renuncia, sino una adaptación consciente, como ella misma lo denomina: “No dejé de trabajar, cambié cómo trabajaba”. A su juicio, muchas veces la maternidad se interpreta como una ruptura radical con la vida anterior, cuando en realidad funciona más bien como un proceso de “reajuste progresivo”. Las cosas que uno hacía antes no desaparecen necesariamente, pero sí cambian de forma, de ritmo o de contexto.
Esta transformación se nota igualmente en los momentos de ocio y en las elecciones del día a día. Previo a contar con una familia tan numerosa, Ana realizaba viajes de forma habitual y visitaba con asiduidad establecimientos gastronómicos o actividades enfocadas a un público adulto. En la actualidad, admite que tales vivencias han disminuido o variado, ya que desplazarse con diez niños requiere una inversión económica superior y una organización más difícil, de modo que no sucede tan a menudo como antaño. Algo similar ocurre con sus distracciones: continúa disfrutando del cine, aunque frecuentemente desde su hogar; mantiene las salidas a restaurantes, pero ahora opta por sitios que ofrezcan opciones para menores y áreas diseñadas para grupos familiares.
Existen bastantes actividades que no abandonas, únicamente las realizas de manera distinta.
No obstante, recalca que no experimenta tales modificaciones como privaciones. “Hay muchas cosas que no dejas de hacer, simplemente las haces de otra forma”, detalla. En su situación, por otra parte, el aumento de la familia ha ocurrido simultáneamente con un periodo de progreso laboral sorprendente. Incursionó en el entorno de las redes sociales casi a los 40 años y, desde ese momento, ha creado una vasta audiencia interesada en su rutina diaria, un ámbito que además le ha brindado la oportunidad de cooperar con empresas y gestionar nuevas propuestas.

Esa trayectoria, sostiene, le ha permitido refutar otra noción bastante común: aquella que sugiere que ser madre significa el término de los deseos individuales. “Tener hijos no significa que tu vida profesional o tus sueños se terminen”, declara. En su situación, lo sucedido ha resultado ser exactamente lo opuesto: la obligación de gestionar un núcleo familiar tan numeroso la ha motivado a transformarse laboralmente y a encontrar modalidades de empleo con mayor flexibilidad.
Cuando mira atrás, no identifica grandes renuncias, sino una sucesión de ajustes que han ido moldeando su vida a medida que la familia crecía. Por eso, cuando le preguntan qué ha tenido que sacrificar por ser madre de diez hijos, su respuesta vuelve siempre a la misma idea: más que renunciar, se trata de reorganizar. Cambiar horarios, adaptar planes, modificar prioridades y aceptar que la vida, como la maternidad, rara vez sigue exactamente el camino que uno había imaginado.
