Cuántas veces has estado en el curro y has pensado: “Ojalá no estar aquí”. O te has imaginado cómo sería poder mandar tu mente a otra parte y abstraerte de la tortura de tener que trabajar, de esa terrible espera hasta poder dedicar tu tiempo y tu persona a lo que realmente te gusta. Hay una serie de culto que, en cierto modo, lleva a la pantalla esta fantasía con una solución en clave de ciencia ficción: un chip que, una vez implantado, te permite disociarte de ti mismo al llegar al puesto de trabajo. Pero ya sabes qué dice la sabiduría popular: “Vigila con lo que deseas”.
Es Severance (Separación). Está en Apple TV+ y el viernes 17 de enero vuelve con la segunda temporada después de ausentarse tres años. Y, mientras es cierto que los medios de comunicación utilizamos las palabras “de culto” para cualquier serie de televisión con cuatro fans entusiastas o un poco de mitología, esta creación de Dan Erickson, que no había escrito ninguna serie antes, bien se merece este título. Es original, tiene una estética retrofuturista y, con dosis de comedia, propone un thriller psicológico de ciencia ficción que obsesionó a crítica y público con la primera temporada, culminada con un final de infarto.
La llegada de Helly obliga a Mark a plantearse qué hace en Lumon Industries.
En la serie vemos a Mark Scout (Adam Scott). Está deprimido por la muerte de su mujer. Para él, ir a trabajar es un alivio. ¿Por qué? Porque trabaja para Lumon Industries, una empresa tecnológica que le ofrece una solución parcial a su tristeza existencial: durante las horas que está en el trabajo, no es consciente de lo miserable que es. Desde que le insertaron el chip, al subir por el ascensor de las oficinas, se activa su conciencia laboral, que solo vive y recuerda lo que sucede allí dentro. Cuando sale del edificio, solo vive y recuerda lo que sucede fuera.
Cuando entra a trabajar con él una mujer llamada Helly (Britt Lower), esa conciencia laboral se ve obligada a replantearse qué hace exactamente en la empresa. Al despertarse, Helly se siente agredida: no sabe quién es, no sabe qué hace allí, y no se cree a los superiores que le informan que está allí de forma voluntaria, que su conciencia de fuera así lo eligió. Su mentalidad desconfiada obliga a Mark a abrir los ojos ante una realidad laboral críptica donde ni tan siquiera entiende su actividad diaria que consiste en separar números de forma aleatoria.
Los fans seguramente entenderán el doble mensaje de la imagen.
Y es que, claro, separarse en dos identidades conlleva serios interrogantes. ¿Con qué finalidad desarrolla Lumon este avance tecnológico? ¿Están allí trabajando o son ratas de laboratorio? Al tener dos conciencias sin capacidad de comunicarse, el yo laboral es vulnerable a cualquier artimaña y tortura psicológica por parte de Lumon Industries. Por no hablar de lo inquietante de la conciencia laboral: los trabajadores no saben ni si tienen familias y, como no duermen en el trabajo y no tienen recuerdos de fuera, viven una jornada laboral eterna.
Dan Erickson, con la ayuda de Mark Friedman como productor ejecutivo y mano derecha debido a su inexperiencia en el medio y de Ben Stiller como director y también productor ejecutivo, concibió una turbia alegoría anticapitalista y ludita muy pensadas en todas y cada una de sus vertientes. La dirección artística crea entornos tan reconocibles como extraños, alimentándose de la estética pasada para hablar de la sociedad futura. La dirección enfatiza cómo las piezas de la realidad de Lumon no encajan, asegurándose de transmitir que, al no tener referencias externas, las personas allí operan en otra frecuencia.
Las fotografías oficiales de los nuevos episodios dejan entrever cosas interesantes como esta reunión.
Los actores deben incluir la normalidad y el desconcierto en sus interpretaciones, además de lidiar con múltiples identidades. Britt Lower posiblemente tenga la interpretación más lucida de la temporada con su humanidad y espíritu combativo, aunque no se puede ningunear a Patricia Arquette como la villana de la función o John Turturro y Christopher Walken protagonizando una inesperada trama, haciendo que nazca la ternura en esa pesadilla laboral.
Sin embargo, más allá de la creación de un imaginario, una mitología y prestarse a desarrollar múltiples discursos sobre las empresas tecnológicas a partir del chip (y que, en este tiempo de villanos de cómic como Elon Musk), Severance tuvo un desarrollo de las tramas impecable al acercarse a la recta final. La forma en la que tensó los personajes en el último capítulo, dejando al espectador sin respiración durante 40 minutos, fue simplemente muy inteligente y bien escrita.
Patricia Arquette es un valor seguro SIEMPRE.
Quedan días, por lo tanto, para el regreso de Severance. Es tiempo más que suficiente para sumarse a este fenómeno que tuvo 14 nominaciones al Emmy, metiéndose en las categorías clave como serie dramática, guion, dirección, actor, actriz y secundarios, y llevándose dos premios técnicos (diseño de los títulos de crédito y música por la composición de Theodore Shapiro).
Son nueve episodios a la espera de que lleguen otros diez. Y, para los que no sean de maratones, pueden estar tranquilos: Apple TV+ no estrenará la temporada de golpe sino que emitirá Severance a ritmo semanal. Cuando se tiene un fenómeno entre manos, que permite desgranar y comentar los episodios (y leer sobre lo que te has perdido), es mejor no quemarlo todo de golpe.


