'Stranger things' nunca pudo conseguir la conclusión perfecta.
Crítica
Los hermanos Duffer logran evocar el sentimiento preciso para concluir una creación de mitología inmensa.

Noah Schnapp, durante el cuarto episodio, experimentó el instante más destacado de la temporada... Junto con la última partida de rol.

No hay escenario posible donde Stranger things cuente con una conclusión impecable. Lograr un cierre óptimo e indiscutible resulta casi inalcanzable, sumado a que Matt y Ross Duffer jamás dominaron su creación tanto como quisieron aparentar. Arrastrados por el éxito del programa, fomentaron la idea de que el desarrollo de los argumentos y el trasfondo de Hawkins estaban totalmente diseñados de antemano. Al observar el desenlace (y notar las múltiples contradicciones y errores señalados por los seguidores en la red, junto a lo detestable del ejército), queda claro que tal previsión no existía. No obstante, si contemplamos Stranger things bajo su verdadera naturaleza, una ficción de peripecias con protagonistas sumamente carismáticos, el cierre resultó satisfactorio. (Aviso: esta reseña contiene destripes.)
Durante la entrega final de 120 minutos, presenciamos un enfrentamiento definitivo magníficamente realizado. Tras las conmovedoras despedidas entre Steve (Joe Keery) y Dustin (Gaten Matarazzo) o Jonathan (Charlie Heaton) y Nancy (Natalia Dyer) vistas previamente, los responsables lograron reunir a todo el grupo juvenil en un objetivo común, luchando simultáneamente contra el Mind Flayer y Vecna (Jamie Campbell Bower). Los Duffer han demostrado astucia constante: perciben los deseos del público, actuando como seguidores del estilo comercial característico de James Cameron y Steven Spielberg.

Eleven (Millie Bobby Brown) se enfrentó a Vecna en el interior de la gigantesca bestia. Will (Noah Schnapp) trató de dominar la psique de aquel ser que anteriormente era conocido como Henry. Y, con Nancy evocando a la teniente Ripley más que en cualquier otra ocasión, los demás destruyeron al Mind Flayer desde fuera. Previamente, cabe señalar que a través de Holly (Nell Fisher) supimos que Henry igualmente resultó ser una víctima del Mind Flyer. ¿A qué se debe que Hollywood tenga tal fijación con convertir a los antagonistas en víctimas? ¿Por qué los personajes malvados no pueden ser sencillamente perversos?
Posteriormente, luego de un triunfo bastante rotundo, los protagonistas se toparon con las tropas de la doctora Kay (Linda Hamilton). Kali (Linnea Berthelsen) ya le había advertido a Eleven que el cosmos jamás estaría seguro mientras ella siguiera viva y, por ende, la doctora Kay (y sus relevos) pudieran sacarle sangre para sus ensayos. Aquí presenciamos, lógicamente, uno de los primeros montajes algo tendenciosos pero logrados para conmover a la audiencia cuando Eleven se inmolaba por el bienestar colectivo. ¿Logrará el Purple Rain de Prince, que se escucha de fondo, escalar en los rankings musicales tal como pasó con el legendario y emotivo Running Up That Hill de Kate Bush?

No obstante, los hermanos Duffer evitaron usar este fallecimiento como pretexto para hundir Stranger things en el desánimo o la melancolía. Tras fijar una elipsis de 18 meses, la trama se ubicó en la jornada de graduación de Dustin, Lucas (Caleb McLaughlin), Mike (Finn Wolfhard), Will y Max (Sadie Sink). Y, aunque las palabras de Dustin acerca de cómo el desorden facilitó la ruptura de los muros sociales no resultan creíbles en absoluto (Stranger things jamás mostró curiosidad por ese asunto, pese a emplear los clichés escolares para nutrir su mundo imaginario), sí resultó efectiva la partida final de Dragones y Mazmorras del grupo original y Max.
Este juego, que facilita a Stranger things esa conclusión cíclica que tanto agrada a la audiencia y a los escritores (iniciamos con una sesión de rol y terminamos con una sesión de rol), contiene quizá el único concepto realmente llamativo de esta propuesta artística: la forma en que Mike sugiere la teoría de que Eleven sigue viva. Las tomas de Millie Bobby Brown en Islandia, entre cascadas, incitan a contemplar tal opción, aunque jamás poseeremos la seguridad de su veracidad.

No se trata de que la secuencia, que rivaliza con el empoderamiento de Will por el puesto de mejor instante del ciclo, resulte un concepto innovador. Cabe evocar cómo la madura y reflexiva The Leftovers, uno de los escasos ejemplos modélicos de cierre impecable, brindaba igualmente al público la opción de aceptar o rechazar una interpretación de lo ocurrido. Sin embargo, la hipótesis de Mike no resulta atractiva por su empatía hacia los seguidores ni por su impacto emocional, sino por la forma en que expone nuestra necesidad de construir narrativas personales para sobrellevar realidades difíciles de asimilar. Optan por la fe como un mecanismo de curación, más allá de la racionalidad, y como un tributo a la misma Eleven. ¿Existe algo más hermoso que concederle la existencia?
Y, con el Heroes de David Bowie al final para disputar a Purple Rain las consultas en Spotify, se cierra un desenlace conmovedor para Stranger things, una sencilla ficción de aventuras bien ejecutada que, admitámoslo (y me ha llevado tiempo aceptarlo), extravió parte de su encanto en esta etapa final. Los hermanos Duffer han dejado patente que una obra televisiva no logra obligatoriamente una calidad superior por demorar tres años en su realización.