Una serie de abogados que intenta seguir los pasos de 'Suits'
Crítica
La novela 'Legítima Defensa' de John Grisham, que Francis Ford Coppola ya llevó al cine, se convierte en una simpática pero inofensiva serie legal

Milo Callaghan, el héroe protagonista.

En Legítima defensa, Rudy Baylor (Milo Callaghan) era el alumno más inteligente de la facultad de derecho pero, tras entrar en el bufete más prestigioso de Charleston, descubre que su carácter y sus orígenes humildes pueden ser un obstáculo para triunfar: Leo Drummond (John Slattery), el jefe del bufete, lo despide en su primer día. Sarah (Madison Iseman), la novia de Rudy, se queda trabajando en ese entorno exclusivo y tóxico, pero Rudy se tiene que conformar con asociarse con una abogada de dudosa reputación: Bruiser (Lana Parrilla), con un ecléctico despacho.
Esta situación inesperada tiene una ventaja. Rudy, en vez de representar los intereses de grandes empresas y millonarios, puede aceptar un caso como el de Dot Black (Karen Bryson), una mujer sencilla que tiene la sospecha de que su hijo murió en el hospital por culpa de una negligencia médica. De paso, el caso puede brindar a Rudy la oportunidad de medirse con Leo Drummond y Sarah en los juzgados si sobrevive a la investigación. Y es que, entre los testigos clave, se encuentra un enfermero (Dan Fogler) que se cree el ángel de la muerte.

La existencia de esta adaptación de la novela de John Grisham, que Francis Ford Coppola ya llevó al cine en 1997 con Matt Damon, no se puede entender sin la resucitada popularidad de Suits. Cuando se convirtió en el título más visto de Netflix durante el verano de 2023, la industria televisiva tomó apuntes. Las plataformas entendieron la importancia de tener un buen fondo de armario, sí, pero también hicieron autocrítica. ¿Y si tenían que producir más series de abogados, policías y médicos fáciles de seguir, con un perfil generalista y adultas pero sin pasarse?
NBCUniversal incluso dio un paso más. Resucitó la marca USA Network, el canal que había emitido series fáciles como Suits, Psych, Ladrón de guante blanco o Al descubierto, y que se había extinguido tras decantarse por ficción más oscura (acorde con la obsesión crítica del momento) con Mr Robot. Legítima defensa es un primer proyecto para ver cómo funciona un título de estas características dentro de su conglomerado, aunque en España los derechos de emisión los tenga Movistar Plus+, que estrena la serie el 8 de enero.

Esta ambición light es palpable. Rudy tiene un gran corazón y mejores intenciones (y sus socios más de lo mismo). La lectura social es superficial. Con Sarah como reverso negativo, corrompiéndose en un bufete codicioso, el espectador nunca puede tener dudas sobre quiénes representan el bien y el mal. De hecho, cuando el asesino en potencia actúa, las escenas intentan ser lo menos inquietantes y cruentas posible. Y, en el horizonte, siempre está la promesa de ver un David contra Goliat en los juzgados con una inexistente crítica al sistema judicial de fondo.
Legítima defensa, por lo tanto, tiene claro su público: es para quienes echan de menos Suits y disfrutan con El abogado del Lincoln, que ya fue un paso en esta misma dirección. Eso sí, estas pretensiones tan inofensivas convierten la obra de Grisham en algo vaporoso, sin nada sólido a lo que agarrarse.