'Industry', el regreso de la serie más temeraria
Estreno
Después de una tercera temporada con tintes de tragedia shakesperiana, plantea un 'reset' introduciendo nuevos personajes

Myha'la, siempre afilada como Harper Stern.

La tercera temporada de Industry emitía un olor muy particular, como si estuviéramos ante el final de la serie. Los creadores Konrad Kay y Mickey Down, en su faceta más kamikaze, colocaron las piezas en un punto de no retorno. Destruyeron Pierpoint, el banco de inversiones que servía como principal entorno de la ficción, y elevaron el dramatismo de las tramas hasta niveles shakespearianos.
Si el espectador, consciente de la toxicidad del Londres financiero, todavía podía albergar algo de esperanza por la humanidad de la serie, ellos la vendieron en corto para obtener un máximo rendimiento creativo. En la cuarta temporada, que HBO Max estrena el lunes, el aroma es distinto. De reset.
Harper Stern (Myha’la) trabaja para Otto Mostyn después de que él acabase fascinado por su olfato financiero y su instinto despiadado. Pero, al llevar las cuentas, Harper se siente asfixiada: no tiene la libertad y el poder siempre anhelados y, en un arrebato, retoma el contacto con Eric Tao (Ken Leung), que se aburre en su retirada del sector.
En paralelo, Yasmin Kara-Hanani (Marisa Abela) se encuentra en una situación menos idílica de lo que insinuaba su relación con un aristócrata y empresario tecnológico como Henry Muck (Kit Harington), vulnerable pero rencoroso con ella, y busca cómo utilizar el matrimonio para empoderarse como profesional, algo que siempre se le ha resistido.
Entre esta amistad disfuncional entre Harper y Yasmin, que se mantiene como fundamento emocional de Industry, aparecen nuevos actores: Kiernan Shipka (Mad men), Charlie Heaton (Stranger things), Toheeb Jimoh (Ted Lasso) o Max Minghella (El cuento de la criada) como un ejecutivo turbio con el que Harper entra en contacto.
Después de convertirse oficialmente en “la serie que tienen que ver los amantes de Succession”, Kay y Down buscan la confirmación de la visión artística que desarrollaron con la tercera temporada: un drama enérgico, temerario y, desde la fascinación y el nervio, siempre al borde del siniestro total, como cualquier operación de Harper.
