Pena de 18 años de cárcel
Violencia machista
Condenan a seis meses de prisión al hombre que

La policía científica de los Mossos en la casa de Sant Sadurní de Anoia donde asesinaron a María del Carmen Ortiz, en marzo del 2021

En julio de 2021, Jorge Ignacio Sánchez ya había sido condenado por maltratar a la que en los últimos años fue su pareja, María del Carmen Ortiz. Aunque esa pena se le suspendió, volvió a ser condenado tras saltarse la orden de alejamiento de su víctima. En noviembre de ese mismo año y tras salir de prisión por maltratar a otro familiar en Cornellà, la telefoneó varias veces para rogarle que la acogiera nuevamente en su casa. La mujer evitó descolgar las primeras llamadas, pero finalmente cedió y lo recibió en la casa familiar de Sant Sadurní de Anoia. A los pocos días, la asesinó estrangulándola. María del Carmen Ortiz tenía 60 años y fue víctima de su asesino, ahora condenado a 18 años y tres meses de prisión tras un acuerdo de conformidad con la Fiscalía y las acusaciones, pero también de un sistema que no la supo acompañar ni proteger. Especialmente vulnerable, politoxicómana, madre de dos hijas y con cinco hermanos, se había aislado de su familia precisamente por la influencia del que en los últimos tiempos fue su pareja y que la maltrató hasta matarla. Un violencia de género que, como en el caso de María del Carmen, se recrudece en los ambientes de vulnerabilidad o marginalidad.
De su asesinato, que se conoció en marzo del 2022 apenas se publicaron cuatro notas y tuvo escasa repercusión la detención del criminal en Cornellà, en abril de ese mismo año, donde permaneció varias semanas escondido en un piso.
La sentencia recoge como el asesino trasladó el cadáver hasta la segunda planta del inmueble, le prendió fuego de forma parcial y lo descuartizó, guardando los restos en varias bolsas de basura que escondió bajo el somier de una vieja cama. El asesino huyó después a Cornellà.
Durante los primeros meses nadie echo de menos a María del Carmen hasta que uno de sus hermanos, Jorge Ortiz, acudió a la comisaría de los Mossos d'Esquadra de Vilafranca a contar una historia rocambolesca. Decía que no saber nada de su hermana, pero tampoco quería denunciar su desaparición. Explicó que la responsable del servicio de atención a las víctimas de violencia de género le avisó de que no tenía noticias de la mujer desde diciembre, después de anular la cita con la trabajadora social que la atendía.
A los dos días, regresó y explicó que había acudido a la casa familiar y que había encontrado lo que parecían los restos de un jabalí y que los había tirado a un contenedor en La Granada del Penedès. Aquel relato generó desconfianza en los policías que pidieron al hombre que les señalara donde había depositado aquellas bolsas. Allí estaba el cadáver de la hermana.
El hermano fue detenido y negó, tanto en comisaría, como después ante el juez de Vilafranca, tener nada que ver con el crimen de su hermana.
La investigación del grupo de homicidios de la región policial metropolitana sur dio finalmente con el asesino, al que localizaron escondido en un piso compartido en Cornellà. Nunca declaró, aunque ahora, ha aceptado el relato de los hechos firmando el pacto de conformidad que le condena a 18 años y cuatro meses de cárcel por el asesinato, la profanación del cadáver y el quebrantamiento de condena.
El hermano de la víctima, que también llegó a ingresar en preventiva por el crimen, ha aceptado seis meses de prisión por encubrimiento y el pago de 10.000 euros de responsabilidad civil a cada una de las hijas de la víctima.

