China pone en marcha policías de tráfico robóticos en sus calles

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Equipados con inteligencia artificial, cámaras y radares láser, los nuevos agentes ya regulan la circulación

 Hangzhou y Wuhu ponen en servicio agentes robóticos para aliviar el trabajo policial en las horas punta

China pone en marcha policías de tráfico robóticos en sus calles
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China pone en marcha policías de tráfico robots en sus calles 

AP / LaPresse

En Matrix, bastaba con conectar a alguien al sistema para que alguien le volcara en el cerebro kung-fu, filosofía oriental y las claves ocultas del universo. La gran fantasía de finales del siglo XX no era solo vencer a las máquinas, sino absorber el conocimiento como quien descarga un archivo. Sin embargo, la profecía erró el destinatario. La información no la están almacenando nuestros cerebros si no las máquinas.

En Hangzhou, al sureste de China, cuatro policías de tráfico robóticos ya patrullan las calles. No duermen, no se cansan y no muestran de momento error alguno. Equipados con chips de inteligencia artificial de última generación, cámaras múltiples y radares láser, operan las 24 horas recopilando datos, analizando flujos de vehículos y dirigiendo el tráfico según lo que dictan los algoritmos.

Antes de salir a la calle, no pasaron por la academia ni sintieron el estrés de un examen que definiera sus vidas. Simplemente se les cargó una “amplia capacitación” en normas de tráfico, casuística y procedimientos. Conocimiento vertido, no aprendido. Exactamente como en la película, pero con un giro incómodo: el elegido no es humano.

El experimento no es aislado. En Wuhu, en la provincia oriental de Anhui, otro agente robótico ya se ha incorporado al control de tráfico de primera línea. Anclado a una pequeña plataforma móvil, se desplaza hasta el cruce asignado y, desde allí, gira sobre sí mismo para vigilar todas las direcciones. Conectado a semáforos y sistemas de gestión del tráfico, asiste —o reemplaza— a los agentes humanos en las tareas más repetitivas de las horas más transitadas.

Matrix nos enseñó a temer un mundo dominado por máquinas conscientes. No imaginó uno más sencillo y quizá más inquietante: un mundo donde el conocimiento se acumula en robots mientras los humanos seguimos atrapados en atascos, esperando la luz verde. Neo aprendía kung-fu en segundos. Hoy, los que aprenden son ellos. Y nosotros seguimos cruzando la calle mirando al semáforo, no al futuro.

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