El día que Remedios Cervantes visitó ‘Atrapa un millón’ e hizo que un concursante perdiese sus últimos 5.000 euros: “Tuve amenazas de muerte”
Historia de la televisión
Un error impulsivo de la invitada en el tramo final del concurso de Antena 3 provocó una crisis de reputación digital sin precedentes para la malagueña de la que, más tarde, habló abiertamente en televisión

Remedios Cervantes, en una imagen de archivo.

Atrapa un millón puede presumir de ser, con todas las de la ley, un formato mítico. El concurso, que acaba de regresar al prime time de los sábados de Antena 3 con Manel Fuentes, busca recuperar la tensión de un formato que ya forma parte de la historia de la cadena. En esta nueva etapa, el presentador recordaba recientemente en una entrevista para El Confi TV el impacto de las entregas clásicas. Aquellas que, bajo la batuta de Carlos Sobera, dejaron momentos grabados en la retina del espectador, incluyendo especiales con celebridades que no siempre terminaron en celebración.
Fuentes reconocía en dicha conversación, publicada el pasado 24 de enero, que el paso de Remedios Cervantes por el plató fue un hito “absolutamente antológico”. La estructura actual del programa prioriza ahora las historias humanas y las parejas de anónimos, evitando la intervención de terceros que puedan alterar el destino del premio. Sin embargo, la sombra de aquella tarde de 2011 sigue proyectándose sobre el estudio, recordando cómo la intervención de una figura pública puede cambiar radicalmente la trayectoria de un participante en cuestión de segundos.
“¡El azúcar!”
El impulso de la modelo que dinamitó el premio de Mario
El incidente ocurrió en la pregunta final, cuando el concursante, Mario, llegó con un único fajo de 5.000 euros. La cuestión era directa: “¿Cuál es un buen conductor de la electricidad diluido en agua?”. Las opciones se dividían entre sal y azúcar. Mario, tras una breve deliberación, depositó el dinero sobre la trampilla de la sal. No obstante, en un movimiento inesperado y restando apenas dos segundos para el cierre, la que fuera Miss España 1986 decidió cambiar el fajo a la opción del azúcar al grito de “¡El azúcar!”.

El joven concursante solo pudo exclamar “¡No, no, no!” Mientras el tiempo se agotaba y el dinero caía por la trampilla al confirmarse que la respuesta correcta era, efectivamente, la sal. La tensión en el plató fue tal que el propio Carlos Sobera admitió sentirse indispuesto: “Esperen, que me estoy quedando blanco y me voy a marear”. Ante la evidencia de que el error fue ajeno al criterio del participante, la dirección del programa decidió otorgar a Mario una segunda oportunidad días después, en la que logró embolsarse 15.000 euros.
Pese a la rectificación del formato, la reacción en las plataformas digitales fue inmediata y feroz. Remedios, con una trayectoria consolidada en pasarelas, teatro y series como L'Alqueria Blanca, se convirtió en el epicentro de críticas que trascendieron lo profesional. Lo que comenzó como un error humano en un entorno de entretenimiento derivó en una situación personal insostenible para la malagueña, quien años después detallaría las consecuencias reales de aquel impulso televisivo.

“Llegué a tener una amenaza de muerte”
El camino hacia la reinvención digital tras vivir una mala época
Cervantes rompió su silencio años más tarde en programas como el extinto Viva la vida de Telecinco para relatar el calvario vivido. “Vinieron muchas cosas malas”, confesó, revelando que el acoso llegó al extremo de recibir “una amenaza de muerte en mi propia casa”. La presión mediática y digital la obligó a retirarse de la primera línea y buscar una salida profesional alejada de los focos. En una entrevista con El Español en 2024, la empresaria afirma que “la fama es difícil de digerir cuando te llega de sopetón” y valora su anonimato actual como un triunfo.
En la actualidad, la exmodelo dirige su propia agencia de marketing y reputación online, un proyecto que nació precisamente de aquel “vapuleo” en redes sociales. Decidió estudiar el acceso universitario a los 48 años para entender el entorno digital que casi acaba con su carrera. Y aunque Mario ha asegurado públicamente no guardarle rencor, Cervantes parece preferir la discreción de su oficina a los platós. “Ahora me subo al autobús y nadie me mira”, sentenciaba dos años atrás, cerrando definitivamente un capítulo que cambió su vida a golpe de trampilla.