Lola Herrera recuerda su matrimonio con Daniel Dicenta en ‘Lo de Évole’: “Nunca le pude denunciar por todos los adulterios, pero él a mí sí podía denunciarme”
Recuerdos de una época
La actriz de 90 años recuerda lo difícil que era separarse de su marido en una época en la que el divorcio ni siquiera existía

La actriz reflexionó sobre las limitaciones legales y sociales que muchas mujeres vivieron durante el franquismo.

A sus 90 años, Lola Herrera no tiene ningún problema en mirar atrás y hablar con franqueza de los momentos más difíciles de su vida. En su conversación con Jordi Évole en Lo de Évole, la actriz recordó su tormentoso matrimonio con el actor Daniel Dicenta y cómo las leyes y la sociedad de la época colocaban a las mujeres en una situación de clara desventaja. “Yo no le pude denunciar nunca por todos los adulterios, pero él a mí sí”, explicó al recordar aquellos años.
El encuentro, emitido con motivo del Día Internacional de la Mujer, transcurre entre paseos y largas conversaciones en el balneario de Alange. En ese ambiente relajado, Herrera se abre para recordar distintas etapas de su vida, desde sus años de juventud rodeada de artistas hasta los momentos más duros que tuvo que atravesar cuando todavía pesaban muchas limitaciones sociales sobre las mujeres.
“Yo debí de tener siempre muy mal ojo para las parejas”
Uno de los temas que más peso tuvo en la conversación fue su relación con el actor Daniel Dicenta. La intérprete habló sin rodeos de aquel matrimonio, que recuerda como una etapa complicada y marcada por las infidelidades. “Yo debí de tener siempre muy mal ojo para las parejas”, confesó al recordar aquella relación.
Herrera explicó que la historia comenzó impulsada por una fuerte atracción física que, con el paso del tiempo, terminó siendo un error. “Creo que es grave porque te lleva a equivocarte mucho, ¿sabes? Porque te mueven otras razones”, reflexionó sobre la forma en que esa atracción influyó en su decisión de casarse.

Además del desgaste emocional de la relación, la actriz recuerda que el contexto social de la época hacía todavía más difícil tomar determinadas decisiones. Tenía dos hijos muy pequeños y las normas sociales eran muy diferentes a las actuales. “La sociedad no estaba como está ahora”, explicó al recordar cómo muchas mujeres tenían que medir cada paso que daban.
“A mí no me habían pegado, pero me habían maltratado poniéndome muchos cuernos”
En aquel momento, además, la legislación española colocaba a las mujeres en una posición de clara desigualdad dentro del matrimonio. La actriz recordó que, si hubiera tenido una relación fuera de su matrimonio, su marido podría haberla denunciado por adulterio. “Si yo hubiera tenido un amante, mi marido me hubiera podido denunciar por adulterio”, explicó durante la conversación.
Sin embargo, esa posibilidad no funcionaba en sentido contrario. Herrera recordó con amargura que, pese a las infidelidades de su marido, ella no podía recurrir a la ley. “Yo no le pude denunciar nunca por todos los adulterios, pero él a mí sí”.
La actriz explicó que, en aquella época, el sistema legal obligaba a demostrar maltrato físico para poder iniciar un proceso de separación. En su caso, la situación era distinta. “A mí no me habían pegado, no me habían maltratado. O sea, me habían maltratado, si quieres, en ponerme muchos cuernos”. Sin embargo, ese tipo de situaciones no se consideraban motivo suficiente para romper un matrimonio.
Herrera reflexionó también sobre cómo se normalizaba el comportamiento de muchos hombres en aquel contexto social. “Los hombres eran muy machos y tenían que poner los cuernos a sus mujeres. Estaba justificado, ¿no?”, comentó con tristeza al recordar una mentalidad que durante décadas dejó a muchas mujeres atrapadas en relaciones que no podían abandonar.
Cuando separarse era casi imposible para muchas mujeres
Con la llegada del divorcio a España, pensó que sería de las primeras personas en iniciar los trámites para cerrar definitivamente aquella etapa. “Cuando vino el divorcio, pensé que iba a ser la primera en ir a hacerlo”, recordó.
Finalmente, la realidad fue muy distinta a lo que había imaginado. “Tardé como tres o cuatro años, porque había tanta demanda, que había colas”, contó entre risas, recordando cómo el cambio legal abrió la puerta a muchas mujeres que, como ella, llevaban años esperando poder romper oficialmente matrimonios que ya estaban rotos mucho tiempo antes.