Sociedad

El grito de una madre para recuperar a su hijo, arrebatado por una denuncia falsa

Protección de menores

La Administración le quitó  al bebé con 20 días y 5 años después, pese a la injusticia, sigue sin tener al niño

Jessica vive ahora en Barcelona. Tiene trabajo y casa en la que podría cuidar a su hijo

Jessica vive ahora en Barcelona. Tiene trabajo y casa en la que podría cuidar a su hijo

Llibert Teixidó

Una pesadilla. Esta es la historia del viacrucis administrativo y judicial de una madre para recuperar a su hijo de 5 años, arrebatado a su progenitora por los servicios sociales cuando la criatura tenía solo 20 días. 

Un drama familiar plagado de despropósitos. ¿El más flagrante? La “sustracción” administrativa de ese bebé y la “bendición” judicial de esa medida se originó por una denuncia, que se ha demostrado era falsa. Para entender el calvario de esta madre, hay que ir al inicio.

Jessica, con nacionalidad francesa, viajó embarazada a España semanas antes de que nuestro país quedara paralizado por la pandemia. Tuvo en Granada a su hijo, un niño que los servicios sociales le arrebataron con 20 días de vida, cuando se había ido a vivir a Almería. 

Jessica junto con su abogada, Marta Boza (derecha) y el resto del equipo de abogadas que lleva su caso.
Jessica junto con su abogada, Marta Boza (derecha) y el resto del equipo de abogadas que lleva su caso.Llibert Teixidó

¿Por qué se lo quitaron? Una amiga, compañera de piso en aquellos momentos de Jessica, la denunció. Dijo que no estaba preparada para ser madre y que el bienestar de ese bebé corría peligro.

Eso bastó, afirma Marta Boza, abogada de esta desesperada madre, “para quitarle el niño a mi clienta”. No se hicieron, critica, más investigaciones y tampoco se indagó sobre el pasado de la denunciante, una joven con antecedentes, “que conocía muy bien por experiencia propia cómo actúan los servicios sociales”, y problemas con las drogas.

El origen de todo

Una amiga denunció que el menor corría riesgo y después admitió que todo era falso; pero ya era tarde

Meses después la denunciante reconoció que todo era un invento. Pero el daño ya estaba hecho. Los servicios sociales no variaron su postura, pese a la constatación de la falsedad de la denuncia. Nunca le devolvieron a esa criatura. A Jessica solo le quedó, pues, una salida: los tribunales.

Un viacrucis judicial

Plagado de despropósitos

Esta es una historia de despropósitos. Primero una denuncia falsa provocó que Jessica se quedara sin su hijo. Los servicios sociales no quisieron rectificar, lamenta la abogada Marta Boza. El caso llegó a un juzgado ordinario. La primera resolución dio la razón a la administración. El asunto se llevó a la Audiencia de Almería, que advirtió de la injusticia y dictó una sentencia en la que se ordenaba que ese niño “fuera entregado de inmediato a su madre”. Podía ser el final, pero entonces entraron en acción “los padres de acogida, que recurrieron ese fallo”, añade Boza. Y servicios sociales les acompañaron. El caso llegó al Supremo, que admite la injusticia de la retirada de ese bebé a su madre, pero estima que el daño que se puede causar a ese menor si se le aparta de sus padres de acogida tantos años después, pesa más que el derecho de ese niño a ser criado por su madre biológica. La pelota está ahora en el tejado del Constitucional.

Y así empezó un periplo judicial que después de pasar por juzgados ordinarios y recalar en el Tribunal Supremo ha llegado ahora al Constitucional, que tendría que darse prisa en emitir su fallo para no alargar más el drama. Boza afirma que “esa denuncia falsa fue la que sembró la desconfianza, que después ha encontrado su abono en el sistema judicial”.

Lo más sorprendente de esta historia es que pese a que los tribunales reconocen que nunca se habría tenido que quitar a su bebé a esa madre, ahora se niegan a autorizar la devolución del niño a esa mujer amparándose en el bienestar del menor. Entregarlo ahora a su madre, cinco años después, “sería perjudicial para el niño” –dice el Supremo, con un voto particular– pues el menor reconoce a la pareja que lo tiene acogido como sus padres.

Los argumentos

El Supremo confirma la injusticia, pero estima que devolver ahora a ese niño a su madre sería perjudicial para el menor

Jessica cuenta a este diario que solo ha podido ver en estos cinco años tres veces a su hijo. “Tenía meses de vida”. Se siente engañada por los servicios sociales. Nunca imaginó que cuando se llevaron a su bebé, ya no volvería a tenerlo en sus brazos. No sabe ni la cara que tiene. 

Jessica se fue a vivir a Barcelona, “donde era más fácil encontrar trabajo”. Y allí sigue, con empleo y casa en la que podría criar a su hijo. La pandemia le impidió, dice, cumplir con las visitas que le fijaban los servicios sociales desde Andalucía. Eso jugó en su contra.

Jessica ya no busca culpables, ni  dinero; lo único que pide es empatía y humanidad de un sistema, que a ella le ha fallado 

 “Yo jamás he firmado ningún documento autorizando que se entregara a mi bebé en acogida y, mucho menos, para iniciar un proceso de adopción”, afirma. La mujer no piensa abandonar esta batalla para tener a su hijo. Es lo único que quiere, volverlo a tener en sus brazos, y no busca, si llega ese día, que se depuren responsabilidades, ni dinero.

El daño a esta madre, afirma su abogada, “no tiene precio”. Jessica solo pide ahora empatía y humanidad de un sistema que a ella le ha fallado.

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