Cuando las protestas de los profesores están en la calle reclamando, entre otros aspectos, menos burocracia y más atención al alumnado, el psicólogo y psicoanalista Mario Izcovich revalida una escuela que escuche, que esté atenta a quienes participan en su comunidad y que cuide a los profesores. Una escuela que no recurra a fórmulas mágicas o recetas universales (psicología de las emociones, neurociencia) para atender problemas profundos porque eso solo genera frustración. “Una escuela que reconozca el poder de las palabras, así como la importancia de lo que se juega en las relaciones”. Izcovich, autor del reciente ensayo La escuela que escucha (Ariel), colabora con el Institut de la Infància de Barcelona y ha escrito varios libros.
¿Por qué este título?
En esta época de tanto malestar escuchar al otro es algo necesario, hasta diría que un acto político.
Escuchar es una forma de tratar el malestar. Escuchar de forma genuina supone entender que me quiere decir el otro. Esto requiere de tiempo y paciencia. Es una orientación que muchos educadores (no todos) siguen. Pero no se trata sólo de escuchar a los alumnos o a los padres. También de escuchar a los profesores, uno por uno. Que tengan espacios donde tratar sus dificultades.
“Donde se han generado vínculos de confianza hay menos bullying”
Maestros, alumnos, familias... ¿están desconectados?
A menudo se confunden las funciones. Hay familias que esperan que la escuela se ocupe de aquello que ellos no se pueden ocupar. La escuela espera que las familias estén detrás de los niños ocupándose de los deberes, como si fueran una extensión de la misma. Conclusión: los niños viven controlados por los adultos las 24 horas del día. No son autónomos.
En una escuela se producen conflictos, como siempre, pero ahora las consecuencias de los mismos son más graves. Estamos viendo cuán lejos lleva el bullying con la muerte de adolescentes. ¿Cómo podemos acabar con el acoso?
La palabra bullying como categoría general complica las cosas y tapona una verdadera reflexión. Es una generalización. Y no todo obedece a lo que pasa en la escuela, también está el contexto social, la familia, y también y muy importante lo propio de cada persona.
“Se hace más fácil etiquetar y generalizar que tener en cuenta la complejidad del ser humano”
En cualquier caso, la agresividad es innata en los seres humanos. Una de las funciones de las instituciones desde siempre es regularla. No es solamente una cuestión de protocolos.
Allí donde hay educadores comprometidos y padres implicados las cosas funcionan mejor. Por eso es tan necesario escuchar y no desentenderse. Es responsabilidad de los adultos, en definitiva, es el sentido de la educación. Allí donde no ocurren episodios violentos comprobamos que es donde se han generado vínculos de confianza y eso es porque hay adultos presentes que escuchan, eso no significa más control.
Han aumentado los alumnos con necesidades específicas, ¿hay un exceso de diagnósticos?
Estamos colonizados por tres enfoques: el manual del DSM-5, los mitos alrededor de lo neuro y la psicología de las emociones.
Se hace más fácil etiquetar y generalizar que tener en cuenta la complejidad del ser humano. La escuela de hoy en día definida por el concepto de la inclusión, paradójicamente al etiquetar tan alegremente, segrega. Por otro lado, como la escuela funciona con parámetros del pasado las etiquetas y luego la sobre medicación son formas de buscar controlar y poner orden allí donde hay un problema de autoridad. Se está psiquiatrizando a la escuela.
¿Es partidario de dejar en la entrada el móvil en la escuela?
Las pantallas se han convertido en un problema serio en nuestra sociedad, tanto para niños como para adultos. Están generando importantes problemas de atención y algo preocupante que comprobamos los psicoanalistas particularmente en el caso de los adolescentes, es la falta de deseo causado por este fenómeno. El deseo es el motor de la vida.
“Un psicólogo en la escuela ayudaría a tratar conflictos de una manera más racional”
Las pantallas, especialmente con el “scrolling”, duermen y atontan a las personas (funcionan como un chupete). Por tanto se han de administrar tanto en la escuela como en casa.
¿Qué necesitan los niños hoy en día?
Lo que han necesitado siempre, es decir, tener a su lado adultos que hagan de adultos.
También poder tener la libertad de aprender a decidir que quieren, inclusive cuando se equivocan, sabiendo que no todo se puede, que hay límites. Es importante que aprendan a tolerar la frustración.
Los adolescentes necesitan menos gurúes diciendo lo que tienen que hacer. Menos presión social acerca de lo que es correcto, acerca de la importancia del éxito y de la felicidad. A la vez ayudarlos a que se hagan responsables de sus propias decisiones. Y no buscar atajos del tipo “soy así por mi cerebro”.
Las familias han aprendido sobre la crianza más que nunca en la historia. ¿Crees que en general se está mejorando en la educación de los hijos? ¿hay algo que corregir?
No se enseña a ser padres o madres, cada uno hace lo que puede. Esto tiene consecuencias en los hijos que vienen muchas veces a ocupar el lugar del síntoma de estos padres.
Noto en la actualidad una gran dificultad de dar autonomía a los hijos. Hay un control excesivo. Los niños no pasan tiempo sin la mirada y el control de los adultos.
Los adultos se deberían preocupar más por ellos mismos. Los padres y las madres se inmiscuyen demasiado en la vida de sus hijos.
Respecto al malestar de los maestros es grande. Según estudios recientes, la diversidad en el aula (cultural, socioeconómica, distintas capacidades) y la falta de disciplina estresan al profesorado. ¿Estos problemas son estructurales?
En estos momentos, sí. La escuela actual fue pensada en otra época, con otros parámetros, pensemos en la organización del tiempo, en la arquitectura de los centros. La sociedad ha cambiado. La escuela ya no es lo que era.
Sin embargo, hay educadores que disfrutan de lo que hacen, ¿por qué? Tienen un deseo genuino de educar, aman lo que hacen, aman a los niños, reflexionan, se atreven a pensar con otros (sus pares), están abiertos a aprender cosas nuevas, todo esto claramente les otorga autoridad.
Muchas veces las bajas tienen que ver con profesores que se instalan en la impotencia y en la burocracia. Es falso que todo sea un problema de recursos.
¿Se necesita personal de otro tipo en las aulas?
Sí, la figura del psicólogo es necesaria. Pero con un rol diferenciado, no dictando clases, no dedicándose a diagnosticar, sino alguien que pueda tratar el malestar en la escuela, que pueda ayudar a niños y también a los educadores. Que pueda dar lugar a que los educadores reflexionen. Ayudar a tratar conflictos de una manera más racional. Eso requiere que estos psicólogos tengan una formación acorde, que solo se las puede dar una psicología que como el psicoanálisis priorice la subjetividad y no quedar fijados en la conducta.
Bajo su punto de vista, ¿Qué es lo que debe aprenderse hoy en día para ser un ciudadano concienciado, capacitado y razonablemente feliz?
Deberíamos aprender de los miles de jóvenes que de forma voluntaria se fueron a Valencia a trabajar para ayudar a recomponer los pueblos afectados por la Dana. Eso, para mí, tiene mucho más valor que cualquier índice de evaluación.
La escuela debería ser dar más lugar al debate, a la reflexión y en definitiva a escuchar al otro con respeto. Para mí una escuela buena sería aquella dispuesta a aprender y a escuchar.
