La corona de Adviento
Hoy comenzamos un nuevo año litúrgico. Lo hacemos con el tiempo de Adviento, un tiempo en el que nos preparamos para la venida al mundo de nuestro Salvador.
En este contexto, me gustaría que nos fijáramos en un bello símbolo, típico del Adviento, que cada vez más incorporamos en nuestras casas, parroquias y comunidades religiosas. Se trata de la corona de Adviento, que tiene su origen en los países del norte de Europa, aunque hace tiempo que esta tradición ha echado profundas raíces en todo el mundo cristiano.
En Adviento preparamos nuestro corazón para la venida de Jesús
La corona de Adviento es un círculo con ramas verdes y cuatro velas, que representan los cuatro domingos de este tiempo litúrgico que precede a la Navidad. Normalmente, estas velas son de color morado, que es el color propio de Adviento. Sin embargo, también podemos poner cuatro velas de colores diversos, cada una con un significado distinto.
La primera puede ser de color morado. Este color simboliza penitencia y preparación. Y es que en Adviento preparamos nuestro corazón para la venida de Jesús. Así pues, es una invitación a mantener encendidas «nuestras lámparas». Tal como nos dice Jesús en el Evangelio: «Felices aquellos que, al llegar el Señor, los encuentre en vela, porque Él mismo los hará sentar en su mesa, se acercará a ellos y los servirá» (cf. Lc 12,37).
El Adviento es un tiempo alegre en el que nos preparamos para la más bella de las noticias: Dios se ha hecho hombre para nuestra salvación
En nuestra corona de Adviento también podemos poner una vela de color verde para la segunda semana de Adviento. El verde es el color asociado a la esperanza. Es el color de la naturaleza, de la primavera, del renacimiento. Esa vela verde encendida nos recuerda que en Navidad celebramos que un pequeño niño, nacido en Belén hace dos mil años, vino a devolver la esperanza a la humanidad.
La tercera vela podría ser de color rosa, color litúrgico del tercer domingo de Adviento, llamado Domingo Gaudete , es decir, de la alegría. El nacimiento de un niño siempre es un acontecimiento gozoso. El Adviento es un tiempo alegre en el que nos preparamos para la más bella de las noticias: Dios se ha hecho hombre para nuestra salvación. Entonces, digamos como el apóstol Pablo: «Alegraos siempre en el Señor. El Señor está cerca» ( Flp 4,4-5).
La corona de Adviento es un círculo hecho con ramas verdes en el cual ponemos cuatro velas, que representan los cuatro domingos de este tiempo litúrgico que precede a la Navidad.
La cuarta y última vela de la corona podría ser de color blanco, un color que simboliza la presencia de Dios. Cristo es la luz que nunca se apaga. Quien cree en Él no está en la oscuridad, su vida se ilumina y se llena de claridad. Pidamos a Dios Padre que nos conceda el don de poder ser pequeñas velas que iluminen el mundo con la luz de Cristo.
Ojalá podamos encontrar un momento para encender cada una de estas velas y rezar. Pidamos al Hijo de Dios, príncipe de la paz, que haya concordia en todo el mundo. Pidámosle que nos haga sembradores de paz. Dios quiera que el Adviento sea un tiempo de encuentro con Cristo. Él siempre nos está buscando. Él ha venido a compartir nuestras penas y alegrías, a comenzar con nosotros una hermosa historia de amor. Feliz tiempo de Adviento. Que el Señor os bendiga y os guarde.