¿Qué pasaría si hoy no pudieras…?

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Hoy sí puedes

El 23 de marzo de 1964, Timoteo Buendía, un peón de albañil, fue condenado a 10 años de cárcel. Su delito, usar una expresión malsonante sobre el Caudillo. Lo hizo en público, en un bar.

¿Qué pasaría si hoy no pudieras opinar de cualquier político, cualquier aspecto de la actualidad, sin miedo a represalias penales? Si no pudieras ver, escuchar o leer noticias con diferentes enfoques porque el poder solo permite medios de comunicación afines. Prohibidos o amordazados los demás. Si no pudieras ver El último tango en París o El gran dictador, entre otras muchas películas, porque la censura las considera inmorales o contrarias a su pensamiento único.

Collage de imágenes de democracia

Quizá las generaciones más jóvenes lo vean como pasado lejano, pero las de sus padres y abuelos escucharon a menudo aquello de “hijo, hija, no te metas en política, no digas abiertamente lo que piensas…”, incluso cuando ya se había asentado la democracia. La autocensura era el efecto psicológico de prohibir durante décadas un impulso tan natural como la expresión de nuestras ideas.

Porque la libertad de hablar es también la libertad de pensar, básica para el desarrollo personal. Si no puedes acceder a informaciones diferentes, cómo entender la realidad compleja, cómo formar un criterio propio.

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Así era la España silenciada

La represión de este derecho es difícil de imaginar hoy, cuando todos, a través de las redes o cualquier otro canal, podemos lanzar nuestra visión personal al mundo. Y viceversa, acceder a la de cualquier medio, escritor, periodista o ciudadano corriente.

Es tan consustancial a la democracia, que no solo está amparado por la Constitución Española, también por la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esto basta para señalar la anomalía de aquel control a cualquier expresión intelectual o artística (cine, teatro, literatura, prensa…) o a la expresión espontánea en un bar. Timoteo fue condenado, pero cuántos ‘Timoteos’ callaron durante más 40 años, porque la sombra del miedo es alargada.

Se castigaba la opinión disidente y cualquier expresión pública quedaba sometida a “la unidad ideológica”, sin espacio para la pluralidad. Solo algunos talentos valientes encontraron resquicios en sus obras para deslizar su censura a la censura.

El afán de control llegó a tal punto que hasta censuraron al propio Franco cuando utilizaba seudónimos para publicar artículos. En uno alabó discretamente algunas medidas laboristas en Gran Bretaña, y tijera. Las novelas de Emilio Salgari se podían leer en Valladolid, pero no en Barcelona. Cortaban escenas de películas o cambiaban diálogos hasta hacerlas incomprensibles. En Mogambo, de forma especialmente llamativa, sugerían una relación de incesto con tal de borrar una de adulterio.

La conquista de un derecho

España ha vivido otras épocas represoras. Durante el reinado de Fernando VII, por ejemplo, se persiguió “la peligrosa novedad de discurrir”.

Ley de Prensa e Imprenta

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El desarrollo de la clase media y factores como el turismo aceleran el reclamo social de libertad. El Régimen intenta adaptarse con la conocida como Ley Fraga: su primer artículo suprime la censura previa de la prensa, pero dedica los otros 72 a atarla bien atada. Hasta 1975 se cuentan más de 1.200 expedientes y numerosas sanciones. En 1971 se cierra el diario Madrid, el más díscolo.

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Comienza una explosión cultural de una creatividad y vitalidad sin precedentes en lo artístico y lo periodístico, que cuajaría en nuevos diarios, revistas, medios y las diferentes Movidas, más allá de la madrileña y más allá de la música. Aun así, ciertas inercias de etapas anteriores seguían presentes en instituciones y parte de la sociedad, provocando que todavía se produjeran procesos judiciales y sanciones a artistas y creadores, como sucedió con varios actores de Els Joglars, Pilar Miró o la actriz erótica Susana Estrada.

Abolido el delito de escándalo público

El Código Penal sancionaba comportamientos que ofendían “el pudor” o “las buenas costumbres” en público. Es decir, reprimía la libertad de expresión no solo de palabra, sino en los gestos. Un hecho trágico precipitó este cambio: el suicidio de un joven denunciado por besarse con su pareja.

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Protejamos la libertad de expresión, siempre

Ningún derecho está garantizado por mucho que así lo proclame una Constitución. Otros como el aborto, el divorcio y el matrimonio igualitario son más precisos, pero el de expresión tiene unos límites más difusos cuando colisiona con el derecho al honor y a la intimidad. El Código Penal establece límites a las expresiones de odio, amenazas o calumnias.

Los avances que trajo la democracia

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Hablar y opinar libremente

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Medios y prensa independientes

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Cine y espectáculos sin censura

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Creación artística protegida

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Fin de sanciones arbitrarias

Este terreno más difuso genera debates constantes cuando este derecho se aplica a la vida cotidiana. Surgen preguntas sobre los límites entre la libertad de expresión y otros derechos, como el honor o la intimidad; sobre cómo garantizar un equilibrio entre la seguridad y las libertades; o sobre cómo afrontar los retos que plantean las redes sociales, la desinformación y la polarización.

Este debate suele ser sano en un marco de responsabilidad. Pero en un ambiente demasiado polarizado nos puede llevar a un doble rasero: más tolerante con los excesos de unos, mucho menos con los de otros, e indiferentes a las posiciones sensatas.

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Por eso este derecho necesita un cuidado constante. Que lo usemos bien precisamente para defenderlo. Hablar libremente es la expresión directa de pensar con libertad.