¿Qué pasaría si hoy no pudieras…?

Icono de derecho al voto

Casarte libremente

Hoy sí puedes
Icono de libertad de expresión

Tener la opción de abortar

Hoy sí puedes
Icono de sanidad universal

Amar a quien quieres

Hoy sí puedes

Hay cosas que damos por hecho, pero que no hace tanto tiempo eran inimaginables. Piensa en cómo te sentirías si estuvieras en una relación dañina sin poder salir de ella, si tuvieras que pedir permiso a otros para tomar decisiones sobre tu propio cuerpo. ¿Cómo sería tu vida si no pudieras ir de la mano por la calle con la persona a la que quieres? ¿Y si la ley dijera que tu amor no es aceptable? Miles de personas vivieron esto hace no tanto; hace apenas 50 años. Entonces, divorciarse, abortar o amar libremente no eran derechos reconocidos.

Damos por sentado que podemos elegir a la persona que deseamos, decidir qué hacer con nuestro cuerpo y amar con libertad. Pero cada uno de esos derechos se conquistó después de décadas de esfuerzos, de movilización social y gente corriente que se atrevió a luchar por su libertad personal y la de los demás. Hoy esos derechos forman parte de nuestra vida diaria, de cómo nos relacionamos y de cómo construimos nuestro propio camino. Recordar que no siempre fue así es reconocer el valor de todo lo que hemos avanzado juntos y la importancia de protegerlo.

Collage de imágenes de democracia

Cómo era la vida antes

Imagina una España donde muchas decisiones personales no te pertenecían. Una mujer que quería separarse de su marido no podía hacerlo, debía convivir con él aunque hubiese perdido la ilusión, el respeto o la seguridad en su pareja. El matrimonio era indisoluble. Hace 50 años, el uso de anticonceptivos no era legal. ¿Y si una joven se enfrentaba a un embarazo no deseado? La ley no le ofrecía opciones: debía continuar con él.

Aquel país de hace medio siglo estaba marcado por normas rígidas y una moral impuesta. Muchas personas vivían su identidad en silencio. Si un chico se enamoraba de otro, ocultaba sus sentimientos o escondía su amor con gestos disimulados o encuentros a puerta cerrada. No podía confesarlo en público y mucho menos soñar con casarse. La homosexualidad era sinónimo de vergüenza pública, incluso de castigo. La vida íntima era un terreno controlado por el Estado. Vivir con naturalidad era impensable.

¿Cómo sería tu vida si la ley dijera que tu amor no es aceptable? Miles de personas vivieron esto hace apenas 50 años, cuando divorciarse o amar libremente no eran derechos reconocidos

Todo esto se sostenía en leyes que marcaban quién podía decidir y quién no. El divorcio estaba prohibido desde 1939 y la mujer casada no estaba, legalmente, en un plano de igualdad. Hasta 1975, necesitaba el permiso de su marido para abrir una cuenta bancaria, firmar contratos o vender sus propios bienes. El hombre era, en cierto modo, su tutor legal. El Código Penal castigaba el aborto sin excepciones. Todo ello en un país que, hasta 1978, no permitió legalmente la comercialización ni el uso de anticonceptivos como la píldora o el preservativo.

Mientras, la ley reprendía la homosexualidad. Incluso en los años finales del franquismo, en 1970, se introdujo la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que trataba la homosexualidad como una conducta indeseable que debía ser vigilada, corregida o castigada e imponía penas de hasta cinco años de internamiento en prisiones o manicomios. El Estado dictaba qué vidas eran aceptables y cuáles no. Los derechos que hoy tenemos, la libertad que hoy vivimos, no siempre fueron así.

La democracia y la conquista de nuevos derechos sociales

Con la llegada de la democracia, España emprendió una transformación profunda que reformó las instituciones y estableció derechos sociales que antes estaban prohibidos.

La Ley del Divorcio

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El 7 de septiembre de 1981, Julia Ibars y Vidal Gutiérrez se convertían en la primera pareja en disolver su matrimonio tras la aprobación de la ley que restablecía el derecho al divorcio. Más de 20 años después, en 2005, con la Ley 15/2005, se eliminaba la necesidad de alegar una causa para separarse o divorciarse. Llegaba el conocido como divorcio exprés.

Las leyes que cambiaron la forma de vivir

Todos estos cambios fueron el resultado de un clamor ciudadano. Sindicatos, partidos políticos, organizaciones sociales y cientos de miles de ciudadanos lucharon durante años para conseguir que el Estado reconociera la posibilidad de divorciarse, de abortar o de casarse con la persona amada. Cada avance legal transformó la vida real de millones de personas.

El divorcio permitió rehacer proyectos vitales y liberarse de relaciones dañinas. La legalización del aborto y de los anticonceptivos abrió el camino a una verdadera libertad reproductiva, donde cada mujer decide sobre su maternidad sin miedo. El matrimonio igualitario dio forma a nuevas familias y consagró la igualdad legal para quienes durante décadas habían vivido en la sombra. Todas estas conquistas ampliaron mucho más que los derechos, ampliaron el futuro de millones de personas.

Desde 2005 se han celebrado más de 75.000 matrimonios entre personas del mismo sexo en España.

El 40% de los matrimonios entre mujeres y el 25% entre hombres tiene hijos

El 78% de la población española apoya el matrimonio igualitario

El aborto en España es legal y gratuito. La ley es igual para todas las mujeres, excepto las menores de 16 años que necesitan una autorización de uno de los tutores legales para abortar

Los derechos que tenemos que cuidar

Hoy, estos derechos sociales forman parte de nuestro día a día, los damos por hecho. Ese logro colectivo ha permitido que millones de personas vivan con más dignidad, más libertad, más honestidad y, en definitiva, con más felicidad. Sin embargo, nada de esto está blindado para siempre. Cada derecho puede retroceder si la sociedad deja de defenderlo, si nos callamos ante discriminaciones o si pensamos que estas conquistas ya están ganadas. Y hoy el mundo nos lo recuerda, con varios países en los que se restringen derechos sociales básicos y se cuestionan libertades fundamentales.

En la actualidad crecen los intentos de limitar o cuestionar estos avances y los discursos que buscan revertirlos. La realidad es que los derechos sociales siempre son frágiles cuando la ciudadanía se desconecta. Por eso el voto importa. Por eso importa la participación en los debates públicos, el interés por lo que ocurre en las instituciones, el compromiso con una sociedad que no dé pasos atrás. La libertad de decidir, de amar y de vivir sin imposiciones depende de cada generación.

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Defender nuestros derechos significa proteger nuestra capacidad de elegir, nuestra igualdad y nuestra dignidad. Nada está garantizado por inercia porque no siempre fue así. Y que siga siendo así depende de todos nosotros. Porque proteger los derechos sociales es proteger nuestro futuro.