El sufragio universal, un derecho esencial que pudo conquistarse tras una larga lucha
Hoy celebramos que vivimos en una sociedad libre y democrática, recorriendo el trayecto que va del absolutismo al Estado constitucional y parlamentario en España
¿Qué pasaría si hoy no pudieras…?
Elegir libremente a tus representantes
Votar sin que te discriminen
Participar en unas elecciones reales
Depositar una papeleta en una urna, un pequeño gesto y también un derecho fundamental del que emanan tantos otros derechos. Pero, ¿te imaginas que no pudieras escoger libremente a tus representantes? ¿O que alguien te discriminara en un proceso de sufragio arguyendo razones de género, raza, formación, creencias o clase social? ¿Puede llegar a suceder esto en una sociedad como la nuestra?
Actualmente, todos los españoles, hombres y mujeres mayores de 18 años, pueden votar en las elecciones, de las generales a las municipales. Es algo que, de hecho, damos por sentado. Pero hubo un tiempo no tan lejano en que las cosas no eran así. El sufragio universal llegó después de recorrer un largo camino. Conocer su historia sirve para tomar conciencia sobre la importancia de preservar los derechos conquistados, para que nunca demos un paso atrás en la defensa del sistema democrático.
Del poder del monarca absoluto a la soberanía del pueblo
Nuestra historia arranca a finales del siglo XVIII y principios del XIX, cuando la soberanía empieza a trasladarse del Estado absoluto al pueblo y la Nación. En Francia, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 afirma, en su artículo 1, que "todos los hombres nacen y permanecen libres e iguales". Es la punta de lanza sobre la que se empezarán a construir muchas democracias modernas.
El voto se proclamó "universal" mucho antes de serlo: mujeres y otros colectivos quedaban fuera
En España, las Cortes de Cádiz promulgan la Constitución de 1812, que instaura la soberanía nacional, la división de poderes, el sufragio universal indirecto o las garantías sobre los derechos y libertades fundamentales (como la igualdad ante la ley o el derecho de propiedad).
Pero aunque el sufragio se proclame "universal" aún margina a una parte importante de la población, las mujeres, y también a otros colectivos como los que acumulan deudas con el erario público o los llamados "dementes" o los sordomudos. La verdadera democratización del voto no llegará, de hecho, hasta la II República.
Por fin, el derecho al voto para las mujeres
1931 — Decreto de 8 de mayo
Permite votar a las mujeres por primera vez. Clara Campoamor lo llamó “el decreto de las faldas”
1931 — Constitución
Consagra el derecho al voto femenino pese a un intenso debate en las Cortes
1933 — Primera vez que votan
El 23 de abril en las municipales y el 19 de noviembre en las generales
El retroceso democrático del franquismo
La Guerra Civil da lugar a la dictadura franquista. Con ella, desaparecen buena parte de los derechos y libertades vigentes hasta ese momento, empezando por la posibilidad de participar en un proceso de sufragio democrático. Son tiempos marcados por elecciones controladas, censura en los medios de comunicación y la cultura, supresión de los partidos políticos, control ideológico, prohibición de la libertad de reunión o sindicación y una clara dependencia de la mujer al control marital.
La dictadura borró de un plumazo libertades esenciales, empezando por el derecho a participar en unas elecciones reales
La situación de las mujeres es especialmente indignante. Se les prohíbe trabajar sin permiso del marido y ejercer profesiones como la de juez o diplomática. Se limita su acceso a la educación superior, a la práctica del deporte… También se reprime su vestimenta y diversas conductas sociales. El objetivo es confinarlas a los límites del hogar, para que se limiten a ejercer de amas de casa.
Algunos que no vivieron esa asfixiante falta de libertades pueden caer hoy en la tentación de revisar el franquismo con ligereza, incluso con una inesperada nostalgia por algo no vivido, sin darse cuenta de que solo la democracia permite defender todas las ideas, incluso aquellas que la cuestionan.
En la actualidad, hay personas que defienden la dictadura en una democracia, pero lo realmente difícil y arriesgado fue defender la democracia en una dictadura
Una nueva etapa democrática
Tras la muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, se abre un periodo inicialmente incierto que pronto permite albergar ciertas esperanzas. En julio de 1976, Adolfo Suárez, designado por el Rey Juan Carlos I, forma Gobierno con la intención de acometer la transición hacia la plena democracia. La Ley parar la Reforma política de ese mismo, aprobada aún por las Cortes franquistas, servirá para desmantelar las estructuras del régimen y convocar, después de casi cuarenta años, unas elecciones libres.
Primeras elecciones democráticas
Se celebran las elecciones convocadas por el presidente del Gobierno. Previamente, Suárez ha legalizado el Partido Comunista, para garantizar que pueda concurrir libremente a los comicios. El partido ganador es Unión de Centro Democrático (UCD), coalición organizada por Suárez y formada por varios partidos centristas o liberales.
Pactos de la Moncloa
El 25 de octubre de 1977 el Gobierno, los principales partidos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales firman los Pactos de la Moncloa
Es un momento de clara inestabilidad en la economía, marcado por el impacto de la crisis del petróleo de 1973, el paro y la inflación que llega hasta el 26,39%. El acuerdo firmado busca adoptar una política económica que pueda contener la inflación y garantizar los medios que faciliten la transición a la democracia.
Referéndum constitucional
Se convoca el referéndum para la ratificación del Proyecto de Constitución que previamente se había aprobado en las Cortes Generales (concretamente, el 31 de octubre de ese año). Un 87,7% de los votantes (que representan el 58,97% del censo electoral) la apoyan.
En 1978, la ciudadanía apoyó mayoritariamente la Constitución. Ese marco sigue garantizando los derechos que debemos proteger
La defensa de la democracia continúa
Nada de esto habría sido posible sin la presión constante de miles de personas anónimas —vecinos, estudiantes, trabajadores, asociaciones de barrio— que, incluso en los últimos años de la dictadura, reclamaron libertad y participación política. Sus movilizaciones fueron decisivas para abrir el camino democrático. Desde entonces, España ha vivido un proceso de expansión democrática, progreso y conquista de libertades y derechos que le ha permitido ganar un puesto relevante en la Unión Europea. Evidentemente, la sociedad ha debido enfrentarse también a múltiples desafíos, desde los efectos de la globalización a la actual crisis de la vivienda.
Como es comprensible, el complejo escenario político nacional e internacional puede causar desconcierto o incluso frustración en muchos ciudadanos. Pero eso no significa que podamos renunciar a todo lo que nos ofrece un sistema democrático. Más que nunca debemos asegurarnos de mantener el derecho al voto, para poder decidir en cuestiones relevantes como la sanidad, la educación, la vivienda o los múltiples avances y conquistas sociales. Por supuesto, no podemos retroceder hacia un escenario de falta de libertades. Proteger los derechos es, al fin y al cabo, proteger nuestro futuro.
Con el apoyo de:
50 años de democracia: así se conquistó el derecho a voto en España

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